Entrevista con la soprano Mónica Ferracani

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Mónica Ferracani es una de las sopranos argentinas más distinguidas.

Dueña de medios poco frecuentes y de un temperamento dramático singular ha sabido administrar sus recursos con inteligencia lo que redundó en una carrera que crece temporada a temporada incluyendo una pléyade de personajes en los que sabe dejar su impronta.

Ganadora de diversos certámenes internacionales, reconocida por las batutas más importantes que visitaron el país y aplaudida en las salas más prestigiosas de la Argentina y Latinoamérica, la encontramos tras la función de I Pagliacci en la que encarnó una estupenda Nedda… ¿Qué mejor ocasión para conversar sobre ópera?

 

Operaworld: -Este año festejamos dos bicentenarios, el de Verdi y el de Wagner, y Ud. ha cantado obras de ambos autores ¿Cuál es su parecer sobre estos compositores? ¿Con cuál se siente más cómoda?

 

Mónica Ferracani: Con Verdi sin lugar a dudas! Es Bel canto! Verdi lo a uno acompaña de la mano y, si una se deja llevar por él, siempre arriba al canto sano generoso y dosificador ,sin correr peligros de esfuerzo vocal; en cambio Wagner puede resultar mucho más arrollador y por lo tanto hacer perder  su rumbo técnico en pos de una tesitura , tempos y fiatos sumamente extensos, que no siempre es lo más indicado. A más de un cantante he presenciado  en el Colón forzar su voz y el resultado fue un sonido destemplado, justamente por dejarse llevar.

En mi caso en particular sólo quise cantar El Holandés Errante, porque considero que es lo más lírico que escribió Wagner para soprano ; a pesar que en varias oportunidades el Teatro Argentino de La Plata me convocó para diferentes rolles wagnerianos,  justamente para no exceder ese delgado y tentador límite que en el día de mañana se podría pagar muy caro.

 

OW: -En su carrera se ha producido una evolución desde roles más líricos a otros más dramáticos ¿Cómo encara la elección de su repertorio? ¿Cuáles son sus límites a la hora de elegir?

 

MF: -Justamente, paso a paso. Hay que saber respetar los tiempos de crecimiento , tanto en lo vocal , como en lo humano.

Por ejemplo, cuando canté Beatrix Cenci en el Colón me ofrecieron inmediatamente cantar Francesca da Rimini en La Plata y Tosca , y dije que no, y no me arrepiento , en lo absoluto. Por el contrario festejo día a día esa decisión, porque si bien en su momento fue duro decir que no al Teatro Argentino, eso me permitió darme el tiempo de crecer, y después debutar Tosca con felicidad y gozo.

Lo mismo me ocurrió con el Colón; me ofrecieron Madama Butterfly para la temporada de verano y también fue durísimo decirle que no a un Veltri, lo que me significó permanecer todo ése año realizando roles pero sólo de cover y sin poder salir al público.

 

OW: -Su carrera se desarrolla últimamente en Buenos Aires pero también en el interior del país y en otros países de Latinoamérica ¿Cómo ve el panorama de la ópera en estas plazas?

 

MF: -Siento que a pesar de que económicamente cada vez es más duro producir ópera (sobre todo en el interior del país), es lo más hermoso que me sucede en mi carrera.

Ir al interior del país; ése público siempre ávido de ópera, es tan generoso, su calidez y sus expresiones de afecto siempre me conmueven, y en algunos casos, hasta las lágrimas!

En cuanto al exterior, es una experiencia de crecimiento inigualable. Tomar contacto con cantantes de magnitud internacional como me sucedió en Chile, o el nivel de las orquestas de Finlandia fue atrapante. A pesar de que gracias al Colón también compartí trabajos con grandes de la ópera como Sherill Milnes,  Mirella Freni, Alfredo Kraus,  Piero Cappuccilli, Leonie Rysanek, Hildegar Behrens, Rene Fleming (en sus comienzos) y tantos otros directores de la talla de Molinari Pradelli, Lopold Hager, Fernando Previtalli y tantos otros.

 

OW: -Este año la hemos visto en I Pagliacci y luego la esperan la Abigail de Nabucco y la Leonora de Il Trovatore ¿Qué puede decirnos de estos roles? ¿Cuáles son sus dificultades o desafíos para dominarlos? ¿Qué expectativas tiene frente a ellos?

 

MF: -Son muy diferentes los tres. Nedda (I Pagliacci) es seductora, pasional y con un final que raya en lo dramático.

En cuanto a Abigail (Nabucco) es heroica, egocéntrica, y casi tan mala como Lady Macbeth (como cuesta hacer de mala), ¡pero es Verdi! ¡Siempre marca el rumbo!

Finalmente Leonora, sublime desde el comienzo hasta el final, es goce total. El aria del último acto (D’amor sul alli rose) es una de mis preferidas

 

OW: -De los roles en que la vimos los últimos años nos impactó su personificación de Lady Macbeth ¿Fue difícil llegar a dominarlo… a expresar su psicología?

 

MF: -Fue lo más difícil que tuve que actuar en mi carrera. ¡Paralelamente un desafío tentador! ( porque con ellos se crece)

Generalmente las sopranos nos acostumbramos a sufrir las torturas y engaños de los barítonos, tenores y mezzosopranos; pero ser las hacedoras del mal, ¡eso sí que es diferente!

Recuerdo que en los tiempos de ensayo de escena se me paró la vida, tenía que hacer de MALA! Qué difícil! El lenguaje corporal de mala, extorsionadora, posesiva, alucinada fue lo más; y me encanto hacerlo, lo disfruté hasta el minuto final.

 

OW:- ¿Cómo ve al público de la ópera? ¿Hay renovación? ¿Hay más o menos homogeneidad en él que en otras épocas?

 

MF: -El público de la ópera entiendo que es la consecuencia de diversos factores y quizás el más preponderante sea  el educacional, porque no hay un empeño en hacerle gustar éste género a los más jóvenes desde los planes de estudio en los distintos niveles de la educación como para que se lo conozca, entienda y guste.

He tenido la suerte de ser convocada para protagonizar obras adecuadas a  edades de niños y jóvenes y la respuesta fue excelente y era un modo de ampliar la educación y también de formar público más heterogéneo.

No todo joven tiene la suerte que he tenido. Crecí al lado de un padre y tío cantantes del Teatro Colón, por lo que en mi casa siempre estaba presente tanto la música clásica como la ópera, y por las tardes mi padre me hacía escuchar Rachmaninof , Debussy , Puccini… Turandot, Madama Butterfly, ( eran sus predilectos) hablándome tanto de los autores como de los distintos personajes operísticos y así fui accediendo al éste género que iba a terminar siendo mi vocación y mi carrera. Pero éste hecho fue muy particular.

No pretendo que esto ocurra en todos los casos pero debería dársele más importancia en las escuelas.

 

OW: -¿Cómo ve la formación de las nuevas generaciones de cantantes? ¿Cuánto influye el “mercado” y cuánto el talento en el éxito de una carrera?

 

MF: -El “mercado” en éste momento es mucho más amplio que en mis comienzos de carrera. Antes  tenías que  debutar en el Colón y eso conllevaba una carga extra. Hoy en día existen  agrupaciones que sin dudas realizan ése escalonamiento necesario para  arribar al Colón con esa cuota  de experiencia, tanto escénica  como musical, me refiero al poder cantar en  teatros, ambientes de otra magnitud, donde la voz fluye de manera diferente al de una habitación común donde se toman clases.

 

Entre las condiciones indispensables para un cantante el talento, creo que es la principal. No existe un “cantante” que carezca de él, pero deben reunirse otras, como una buena formación técnica y que se sea receptivo de la transmisión  de conocimientos que se brindan en el desarrollo de la formación  artística, mucho cuidado a la hora de elegir el repertorio,  aprender a transitar la carrera, a vincularse con el medio artístico y… suerte.

 

OW: – ¿Cuáles son los planes y proyectos de Mónica Ferracani para el futuro?

 

 

MF:-En mi futuro inmediato haré dos producciones distintas de Nabucco  la primera en el Teatro Avenida, y la otra será mi reencuentro con mi querido público tucumano; regreso a Chile con Leonora de Il Trovatore y probablemente otro reencuentro hermoso donde Verdi vuelve a ser mi conductor: su Requiem. En 2014 una gira que comienza por Paraguay con mi querida Doña Elvira, y lo que me depare el futuro en el tránsito de esta atrapante carrera.

 

Por el Profesor Christian Lauria