Entrevista con Verónica Villarroel

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Por: Augusta Fabres

Es discípula de la legendaria soprano italiana Renata Scotto en la prestigiosa Escuela Juilliard de Nueva York. Muchos la consideran una ciudadana del mundo, algo que ella también reconoce pues fue en 1986 cuando dejó su país natal para seguir una carrera lírica, la misma que desde entonces la tiene la mayor parte del año radicada en el exterior. Es la cosmopolita ciudad de Nueva York, específicamente Manhattan, su centro de operaciones y el lugar desde el cual coordina su recargada agenda, que incluye innumerables presentaciones en Japón, Italia, Alemania, Estados Unidos, México, España, más recientemente Colombia, y muchos otros destinos por venir. Y es que la formidable voz de Verónica Villarroel, considerada una de las más prestigiosas a nivel internacional, la ha hecho pisar los principales teatros líricos del mundo. Pero detrás de esa deslumbrante carrera como soprano y de esa fama que ostenta y que le ha costado trabajo asimilar, se esconde una mujer sencilla, de gran sensibilidad y una espontaneidad que llena cualquier espacio. Es gozadora de las cosas simples, de trato afable e infinitamente más risueña de lo que cualquiera pudiese imaginar. Tal es su calidez que incluso, de momento, hace olvidar que se trata de una connotada artista, que a pesar de su intenso ritmo de vida se da el tiempo para conversar en una tarde lluviosa y gris en la capital santiaguina. Es su segundo aterrizaje en el país este 2013, la última vez que estuvo acá fue en enero.

–¿Qué siente cada vez que vuelve a Chile?

–Nervios. Cuando estoy en el avión me encanta que me ofrezcan algo rico y empezar a sentir los sabores de mi país. Aunque también queda la melancolía del pasado y una suerte de incertidumbre de no saber qué va a pasar mañana.

–¿En qué etapa de su carrera se encuentra hoy Verónica Villarroel?

–Qué difícil pregunta, porque tengo cierta edad y he cantado todo o casi todo lo que he querido o podido… entonces, ¿en qué fase de mi carrera estoy? Diría que en una etapa más completa, en la que me siento emocionalmente mejor, más asentada y con un horizonte claro. Sé lo que quiero y para dónde voy. Me siento más segura de lo que sé y también más protegida, en un ambiente en que yo sé que me quieren.

–¿Antes se sintió desprotegida?

–Hay cosas muy feas en esta carrera. Uno dice o tiende a pensar qué hermoso es el arte, pero hay mucha agresividad, competencia y aspectos que la gente no se imagina. También hay mucha soledad, pero uno logra formarse así mismo, alimentarse como persona y profesional. La fortaleza aquí no es solamente tener una buena voz, porque hay muchas buenas voces, sino que hay otras fortalezas que uno tiene que descubrir y fortificar en el camino.

–¿Uno de esos grandes pilares ha sido su familia?

–Indudablemente el amor de la familia y de la gente de mi país que han estado siempre detrás apoyándome, ha sido fundamental. Llevo 30 años, casi 31, de carrera y he tenido mucha suerte de que diversas personas me favorecieron en un principio con becas, también me ayudaron personajes grandes del arte. Gracias a esa fe y a ese empuje pude realizar una carrera.

–¿Qué desafíos tiene por delante?

–El mayor desafío es encontrar a personas visionarias que me ayuden con la academia, para que sobreviva en el tiempo, se potencie y nos transformemos en un productor de talentos. Eso para mí es lo más importante, así como también seguir cantando de una manera que me dé tranquilidad, que me permita decir que lo hago porque es hermoso, lindo y porque me trae felicidad.

 

Una apuesta exitosa

Ad portas de cumplir tres años de operaciones y ubicada en Avenida Cuarto Centenario, en Las Condes, la Academia Verónica Villarroel es por estos días el proyecto más importante de la soprano nacional. Un espacio único, en el que transmite sus conocimientos y experiencia –muchas veces, y producto de sus múltiples compromisos en el extranjero, de manera virtual– a todos aquellos interesados en el canto lírico, pero también popular. Un lugar que ya les queda chico en términos de espacio y cuya directora es su hermana menor, Maribel, con quien Verónica tiene una especial cercanía por haber sido ella un pilar elemental en su carrera. Una academia familiar que si tuviera un medidor de endorfinas, lo más probable es que arrojaría niveles altísimos, porque ahí dentro impera un energía diferente, positiva, de pasión, de intercambio, de apoyo.

–¿Por qué fue pensada la academia 

en Chile?

–La idea de abrir la academia acá es que sea vehículo para fomentar, sobre todo, nuestra región. En Latinoamérica hay talento por doquier, somos los menos afortunados porque se cree poco en nuestro talento y se trae a otras figuras, pero necesitamos creer en nosotros e invertir. Somos tan talentosos como el mejor cantante de otro lugar.

–Particularmente para usted, ¿qué significa esta academia?

–Es una realidad muy importante en este período de mi vida y espero que sobreviva y que tenga vida por muchísimos años. Detrás de esto hay un gran trabajo y una gran cuota de hacer una propuesta distinta. Sé que esto es algo diferente en el mundo, porque no hay otra academia así. Muchos artistas se quedan en otros lugares, se retiran o escogen una vida más tranquila.

–¿Qué la motivó a abrir un espacio que funciona todos los días del año, a excepción de las vacaciones?

–He sido muy afortunada de toparme y trabajar con personas muy ricas en conocimientos, que mucha gente no ha tenido la oportunidad de encontrarse. Existen personas con gran talento que no tienen las vías económicas para ir a otros países a estudiar y perfeccionarse y que tampoco cuentan con esa parte que más emociona. Siento un deber, un deseo enorme, una vocación y una claridad en mi cabeza de que esto se necesita en mi país. Quiero hacer un gran aporte y compartir lo que he aprendido, de que haya un espacio para aprender cosas nuevas, intercambiar ideas, lenguajes, formas.

–¿Cómo evaluaría estos tres años de operaciones?

–Gracias a Dios, exitosos y maravillosos, aunque siempre muta y hay diferentes cosas que afrontar. Ha sido más satisfactorio de lo que pensaba, porque en un principio tenía miedo de que resultara, de que no viniera gente. Parar algo así, solo con el respaldo y convicción de la familia, asusta, pero la respuesta fue abrumadora.

–¿Cuántos llamados o e-mails ha recibido para replicar la academia en otro lugar?

–Ha habido llamados en Chile de personas que les gustaría que abriésemos algo en Concepción, Punta Arenas y en el norte. También se habla de Academia en los países vecinos como Uruguay, Argentina, Perú, Colombia e incluso en Estados Unidos está tomando fuerza. Son dos años y medio nada más, y ya tenemos cierta reputación, avalada por nuestras carreras. En ese sentido, pueden haber muchas ideas y los intercambios con otros países pueden ser viables, pero por ahora la base está aquí y hay que fomentarla.

–¿Cómo ha sido actuar de empresaria?

–Siempre he sido una artista y hacer una figura de empresaria, o parecido a eso, es algo que he ido aprendiendo, también con la carrera a través de los managers y todo lo que ha sucedido. Pero sí tengo la tranquilidad que estoy haciendo algo que sé, que conozco. Esto es un motor que está creciendo en forma poderosa, pero que necesita ayuda.

–Hoy es un proyecto que usted solventa económicamente sola. ¿Por qué alguien podría interesarse en ser su socio?

–Todo es respetable y tiene su importancia, pero esta es una gran academia y además estoy aquí para facilitar las vías de comunicación, de traer y llevar alumnos y maestros, de ayudarlos a insertarlos en el mundo profesional. Grandes profesores del mundo, todas personas con las que yo he trabajado, quieren venir pero sola yo no puedo solventar ese gasto. Entonces necesito a esa persona que apueste por esta mini empresa.

–Entonces hace un llamado a un posible socio, pero también a mirar a las artes con la importancia que realmente merecen y no como un gasto.

–Toda área es igualmente respetable e igualmente difícil en la medida que te comprometas con ella. Por ello hay que darle la importancia que se merece y nosotros con nuestro pequeño aporte estamos produciendo cambios, logrando abrir las mentes de niños y a través de ellos las de sus familias. Eso ya es un granito de arena porque se empieza armar una cadena.