Entrevista con la directora de orquesta Irene Gómez-Calado

La sevillana Irene Gómez-Calado figura en la actualidad entre las directoras de orquesta con mayor proyección internacional. Paulo Silva, colaborador de OW, ha conversado con ella con motivo de su inminente debut al frente de la Orquesta Nacional de Burdeos. Entrevista directora orquesta Irene Gómez-Calado

“La música no solo debe emocionarnos; también debe ayudarnos a reflexionar sobre la condición humana”

 

Irene Gómez-Calado es diplomada del Conservatorio Superior de Música de Sevilla, el Conservatorio de Boulogne-Billancourt y la Universidad de la Sorbona, estudió con Paavo Järvi y asistió a clases magistrales impartidas por Neeme Järvi y Jorma Panula. Su dominio de un repertorio variado —ópera, sinfonía y ballet— le ha permitido desarrollar una destacada carrera tanto en España como en el extranjero. A los 29 años debutó en el Carnegie Hall de Nueva York y ha colaborado con entidades de prestigio como La Scala de Milán, el Teatro de la Maestranza de Sevilla y el Palacio Euskalduna de Bilbao. Irene ha dirigido importantes orquestas, entre ellas la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, la Orquesta Sinfónica de Tenerife y la Orchestra Sinfonica di Milano Giuseppe Verdi. En la actualidad, lidera proyectos dinámicos que favorecen la aparición de jóvenes talentos y demuestra un compromiso constante con la excelencia musical y la innovación. Entrevista directora orquesta Irene Gómez-Calado

La directora de orquesta Irene Gómez-Calabo / Foto: Fiorella Licandro

Este fin de semana debuta al frente de la Orquesta Nacional de Burdeos en una propuesta muy poco convencional, Concerto pour public et Orchestra, de Nicola Campogrande. ¿Qué tiene esta obra para que una directora de orquesta disfrute tanto rompiendo la barrera entre escenario y público?

Lo que más me atrae de esta obra es que nos obliga a replantearnos qué significa realmente asistir a un concierto. Durante siglos hemos entendido el público como un receptor de la música, pero Campogrande propone convertirlo en protagonista. No se trata de un simple recurso participativo o pedagógico; hay una reflexión muy profunda sobre la escucha y sobre la responsabilidad compartida en la creación de la experiencia musical.

Además, esta obra tiene para mí una dimensión muy personal. Tuve la fortuna de participar en ella hace más de una década, cuando asumí el papel de directora del público. Ahora regreso para dirigir la orquesta. Haber vivido ambos lados me permite comprender que la energía circula en dos direcciones. La música no nace únicamente en el escenario; también nace de la atención, la curiosidad y la implicación de quienes están en la sala. Cuando esa frontera desaparece, el concierto se convierte en algo extraordinariamente humano.

Buena parte de su carrera se ha desarrollado en el ámbito sinfónico, pero también ha trabajado frecuentemente con voces. ¿Dirigir una función lírica exige una mentalidad distinta a la de un concierto sinfónico? ¿Dónde encuentra usted los mayores desafíos?

Sí, creo que exige una mentalidad diferente. En un concierto sinfónico el director trabaja fundamentalmente con una estructura musical. En la ópera, además, debe servir a una dramaturgia. La música, el texto, la escena, el movimiento y la respiración de los cantantes forman parte de un mismo organismo.

Quizá el mayor desafío sea encontrar el equilibrio entre fidelidad a la partitura y flexibilidad. Un cantante no es un instrumento; necesita espacio para respirar, para decir el texto, para construir un personaje. El director debe sostener la arquitectura musical sin perder nunca de vista que la emoción pasa a través de la voz humana. Por eso me fascina la ópera. Es probablemente la disciplina más compleja de nuestro oficio, porque exige escuchar simultáneamente muchas realidades distintas y hacer que todas confluyan en una misma narrativa.

Uno de los capítulos más llamativos de su trayectoria fue su colaboración con Paavo Järvi en La Scala de Milán. Viéndolo con perspectiva, ¿qué lecciones de aquellos ensayos y producciones sigue aplicando hoy en su trabajo diario?

Aprendí muchas cosas al lado de Paavo Järvi, pero quizá la más importante fue comprender que la autoridad musical no se impone: se construye a través de la claridad y la coherencia.

Me impresionó especialmente su capacidad para distinguir lo esencial de lo accesorio. En cada ensayo sabía exactamente qué debía resolverse y qué podía dejarse evolucionar de manera natural. Esa economía de gestos y de palabras es algo que sigo intentando aplicar. También aprendí la importancia de la preparación. Detrás de la aparente naturalidad de los grandes directores hay un trabajo inmenso. Cuando uno conoce profundamente la partitura, puede permitirse escuchar de verdad lo que ocurre en la sala y reaccionar musicalmente a ello.

Si mañana pudiera elegir libremente una ópera para debutar en un gran teatro internacional, ¿cuál sería y por qué ?

Si mañana pudiera elegir libremente una ópera para debutar en un gran teatro internacional, probablemente diría Roméo et Juliette de Gounod. He tenido la oportunidad de convivir recientemente con esta partitura y cuanto más la conozco, más me fascina. Me parece una obra de una elegancia extraordinaria, donde la belleza melódica, el refinamiento orquestal y la dramaturgia están perfectamente equilibrados. La orquesta respira constantemente con los cantantes y todo está al servicio de la emoción y del texto.

Pero si pienso en una obra que ocupa un lugar muy especial en mi imaginario artístico, tendría que mencionar también Dialogues des Carmélites de Poulenc. Es una ópera que me conmueve profundamente por su humanidad, su dimensión espiritual y su capacidad para abordar grandes cuestiones existenciales desde una enorme sencillez aparente. Creo que es una de las obras más profundas del siglo XX y me encantaría tener la oportunidad de dirigirla algún día.

En realidad, ambas representan aspectos que me interesan especialmente como directora: la capacidad de la música para emocionar, pero también para hacernos reflexionar sobre la condición humana.

Irene Gómez-Carabo trabajando con músicos en Vigo / Foto: Orquesta Vigo430

En los últimos tiempos ha estado vinculada tanto a la Ópera de Tenerife como a la temporada de Burdeos. ¿Qué proyectos profesionales le esperan en los próximos meses y cuáles le generan una ilusión especial?

Acabo de vivir una experiencia muy enriquecedora en la Ópera de Tenerife como directora asistente en Roméo et Juliette de Gounod y ahora tengo la enorme satisfacción de debutar al frente de la Orchestra Nacional de Bordeaux- Aquitaine. Entrevista directora orquesta Irene Gómez-Calado

En los próximos meses continuaré desarrollando diversos proyectos sinfónicos y pedagógicos, además de nuevas colaboraciones internacionales que están comenzando a tomar forma. También participaré como miembro del jurado en el Concurso Nacional de Bandas de Austria, una experiencia que me permitirá observar el trabajo de otros músicos desde una perspectiva diferente.

Si tuviera que destacar una ilusión especial, diría que es seguir consolidando una carrera cada vez más internacional sin perder el vínculo con mi tierra y con las instituciones españolas. Creo que ambos mundos pueden enriquecerse mutuamente.

Ha dirigido repertorio sinfónico, ballet y ópera. Sin embargo, desde España siempre nos gusta preguntar por nuestro patrimonio lírico: ¿qué lugar ocupa la zarzuela en sus intereses artísticos y hay algún título que le gustaría dirigir próximamente?

La zarzuela ocupa un lugar muy importante para mí porque forma parte de nuestra identidad cultural. Durante mucho tiempo se la ha considerado un género menor frente a la ópera, cuando en realidad posee una riqueza musical y teatral extraordinaria.

Me interesa especialmente la capacidad que tiene para retratar una sociedad, una lengua y una forma de entender la vida. En ese sentido, es un patrimonio que merece ser reivindicado y difundido internacionalmente.

Hay muchos títulos que me gustaría dirigir, pero siento una especial atracción por Doña Francisquita. Creo que combina brillantez orquestal, elegancia teatral y una enorme vitalidad escénica.

Debutó muy joven en el Carnegie Hall y ha trabajado con orquestas importantes en varios países. Cuando echa la vista atrás, ¿hay algún concierto o producción que considere un punto de inflexión en su carrera?

Más que un único momento, identifico varios puntos de inflexión. Evidentemente, el debut en Carnegie Hall fue una experiencia inolvidable porque abrió muchas puertas y me hizo comprender que podía aspirar a una carrera internacional.

Sin embargo, con los años he descubierto que los verdaderos cambios suelen producirse lejos de los focos. Pienso, por ejemplo, en determinadas producciones de ópera, en encuentros con maestros o en proyectos que me obligaron a salir de mi zona de confort. Si algo he aprendido es que una carrera no se transforma por un único concierto, sino por una acumulación de experiencias que van moldeando la identidad artística de una persona.

La dirección de orquesta sigue siendo un ámbito donde las mujeres están menos representadas de lo que sería deseable. Desde su experiencia, ¿cree que las nuevas generaciones de directoras lo tienen hoy más fácil que cuando usted comenzó?

Creo que existen más referentes y más oportunidades visibles que hace veinte años, y eso es una excelente noticia. Cuando una niña ve a una mujer dirigiendo una gran orquesta, deja de percibirlo como una excepción y empieza a considerarlo una posibilidad real. Dicho esto, todavía queda camino por recorrer. La cuestión ya no es únicamente acceder a la profesión, sino consolidar trayectorias estables y alcanzar una representación verdaderamente equilibrada en las temporadas de las grandes instituciones.

Personalmente, me gusta pensar que el objetivo final es que dejemos de hablar de directores y directoras para hablar simplemente de músicos. El talento, la preparación y la capacidad artística no tienen género. Lo importante es que cada nueva generación encuentre menos obstáculos y más libertad para desarrollar su propia voz.

En nombre de Opera World agradezco que nos haya proporcionado este rato de su tiempo libre y reiteramos nuestro deseo de una temporada muy exitosa. Entrevista directora orquesta Irene Gómez-Calado