Estreno en España de Mazepa en la Ópera de Oviedo

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Estreno en España de Mazepa en la Ópera de Oviedo. Foto: Foto Alfonso – Ópera de Oviedo
Estreno en España de Mazepa en la Ópera de Oviedo. Foto: Foto Alfonso – Ópera de Oviedo

La Ópera de Oviedo inicia su LXIX Temporada apostando por una novedad en el repertorio con el estreno absoluto en España de Mazepa de Tchaikovsky, un título que por lo inédito podía crear ciertas reticencias entre el público asturiano y que, sin embargo, obtuvo una notable aceptación. Rossen Milanov dirigió a la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias en el foso y a un reparto esencialmente ruso liderado por Dinara Alieva, Vladislav Sulimsky, Vitalij Kowaljovn y Viktor Antipenko.

La función tuvo una clara línea ascendente, comenzado por la propia propuesta musical de Tchaikovsky y el libreto firmado a cuatro manos por el compositor y Viktor Burenin, quienes presentan el conflicto y su contexto social sin prisas y con mimo, ralentizando la aparición de la acción en favor del deleite musical a través de melodías rusas y contextualizaciones necesarias para asentar la historia. Y así como la función tarda en arrancar, los propios cantantes se toman sus intervenciones como una carrera de fondo, reservándose para sus respectivos momentos estelares en una partitura que resulta muy exigente en lo vocal.

La pareja protagonista, formada por Dinara Alieva (Ana) y Vladislav Sulimsky (Mazepa) exhibieron un buen tono vocal, que sin embargo se vio algo lastrado por los niveles de concertación en el foso, que no permitían que su voz corriese y a menudo se hacía difícil de escuchar. No obstante cabe destacar el alto nivel actoral de Sulimsky: encarnando a un personaje que es poderoso y amenazante la mayor parte del tiempo, pero que de pronto se destapa como una figura insegura y débil. Cierto que en lo vocal es necesario algo más de cuerpo para afrontar un papel que, por edad, quizá aún no le corresponde, pero su intervención gana enteros con su manera de afrontar un arco evolutivo del personaje que resulta de lo más interesante de la ópera, y que el barítono ruso conduce de manera sobrecogedora.

Estreno en España de Mazepa en la Ópera de Oviedo. Foto: Foto Alfonso – Ópera de Oviedo
Estreno en España de Mazepa en la Ópera de Oviedo. Foto: Foto Alfonso – Ópera de Oviedo

El Kochubei de Vitalij Kowaljovn fue lo más destacado de la noche. Apoyado en una segura emisión que permitía, en este caso sí, sobreponerse al denso entramado orquestal construido por Tchaikovsky, su actuación, junto al Andrei de Viktor Antipenko –especialmente emotiva su despedida–, se convirtió en lo más aplaudido. En el apartado de secundarios cabe destacar el papel de Elena Bocharova como Liubov, que aprovecha de manera correcta su momento en los aposentos de Mazepa junto a su hija, pero que, sin embargo, exhibe una gran desigualdad en sus cambios de registro que deslucen el conjunto. Cumplen Mikhail Timoshenko como Orlik y Vicent Romero como Iskra, y resulta especialmente atractiva la actuación de Francisco Vas como el cosaco borracho.

No obstante hay que señalar que toda la producción se ve afectada por unas soluciones dramáticas cuanto menos desconcertantes. Puede llegar a ser entendible las alegorías del pueblo, la infancia e incluso los salones y el hogar que propone Tatjana Gürbaca, sin embargo se construye todo a través de una frialdad escénica que no ayuda en determinados momentos, con los dúos de amor siempre situando a los personajes separados, o basando muchas escenas en una acción física algo descafeinada por lo evidente del simulacro. Falta fuerza, y la tensión dramática se fía por completo a la partitura de Tchaikovsky, que por fortuna puede con todo. Sin embargo hay momentos donde el apoyo visual falla y genera finales de escena algo confusos. Tampoco ayudan a mantener esa tensión los cambios de escenario con el tapón bajado, que rompían por completo el ritmo y que hacían que el público se dispersase demasiado.

Rossen Milanov propone una lectura muy lírica de la partitura, donde la OSPA muestra toda su contundencia en los momentos más dramáticos, pero en la que sobre todo destaca su búsqueda de la sutileza en los pianissimi. De este trabajo se beneficia también el coro de la Ópera de Oviedo, que supera el envite con nota (en especial las cuerdas femeninas), demostrando una vez más la fuerza y el empaste acostumbrados, y una gran musicalidad.

Alejandro G. Villalibre