Estupenda la producción de Götz Friedrich para Eugene Oneguin en Berlín

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Estupenda la producción de Götz Friedrich para Eugene Oneguin en Berlín
Estupenda la producción de Götz Friedrich para Eugene Oneguin en Berlín

De esta representación de Eugene Oneguin hay que destacar especialmente la estupenda producción escénica, acompañada de una buena dirección musical, mientras que el reparto vocal se ha movido en terrenos más modestos. 

La producción escénica ofrecida se debe al alemán Götz Friedrich, quien durante tantos años fuera el director artístico de este teatro. La producción se estrenó en 1996 y sigue siendo un trabajo de gran belleza, dentro de una concepción muy clásica, como eran siempre los trabajos del regista alemán. La escenografía de Andreas Reinhardt es única para toda la ópera, consistente en unas paredes laterales, añadiéndose elementos en el centro para figurar las distintas escenas, que resultan brillantes y en amplios espacios. 

Se abre la ópera en el jardín de la casa de Larina, que se convierte en la habitación de Tatyana para la famosa escena de la carta, que quizá es lo menos convincente de la producción, ya que el espacio resulta excesivamente grande. Brillante resulta la fiesta en la casa de Larina con profusión de luces, así como la escena del duelo en un escenario desnudo, en el que imperan el blanco y el negro. Nuevamente, resulta brillante la fiesta en la mansión del Príncipe Gremin, funcionando perfectamente la escena final, añadiéndose una gran puerta en la parte delantera del escenario, trascurriendo el dúo de Tatyana y Oneguin en el frente del escenario. 

El vestuario de época se debe también a Andreas Reinhardt, que juega perfectamente con los colores del escenario, consiguiendo bellas escenas en cuanto a colorido se refiere. En suma, se trata de una brillante producción, puesta al servicio de la ópera y no al revés, como tantas veces ocurre últimamente. 

 La dirección musical corrió a cargo del ruso Alexander Vedernikov, actualmente director musical de la Ópera de Copenhague y que tantas veces ha dirigido en el pasado en el Teatro Bolshoi de Moscú. Era la primera vez que le veía dirigir y su actuación me ha resultado convincente y hasta brillante. No cabe duda de que conoce perfectamente la ópera y el resultado no deja nada que desear. Obtuvo una buena prestación de la Orquesta de la Deutsche Oper y lo mismo se puede decir del Coro de la Deutsche Oper de Berlín. 

Eugene Oneguin en Berlín. Fotos: B. Stöss 

La parte protagonista de Eugene Oneguin fue interpretada por el barítono canadiense Etienne Dupuis, que ofreció la voz más interesante de todo el reparto, aunque no sea un cantante excepcional. La voz tiene cierto atractivo y resulta un buen intérprete. 

La soprano australiana Nicole Car dio vida a Tatyana y lo hizo bien, con voz adecuada a la joven enamorada de la primera parte de la ópera, aunque eché en falta una voz de mayor importancia en el último acto y, especialmente, en el enfrentamiento final con Oneguin. 

El tenor americano Matthew Newlin fue Lensky y faltó mayor brillantez y redondez en su interpretación vocal. Es un tenor más bien ligero y tampoco está muy sobrado de volumen. 

En la parte del Príncipe Gremin estuvo anunciado inicialmente Ante Jerkunica, pero canceló, en lo que supongo habrá tenido que ver el hecho de que la víspera cantó la parte de Pimen en Boris Godunov. Su sustituto fue el bajo moldavo Oleg Tsibulko, cuya actuación hizo que echáramos en falta a Jerkunica. Le falta autoridad vocal, quedando corto por arriba. Su gran aria pasó sin pena ni gloria. 

La mezzo soprano rusa Vasilisa Berzhanskaya lo hizo bien en la parte de Olga, con voz adecuada y moviéndose bien. 

En los personajes secundarios lo hicieron bien Kirsi Tiihonen como Madame Larina y Maiju Vaahtoluto como Filipievna. El veterano (70) tenor Peter Maus fue Monsieur Triquet, que se refugia en el parlando en sus conocidos cuplés. Sonoro el Capitán de Paul–Anthony Keightley y adecuado el Saretzki de Samuel Dale Johnson. 

La Deutsche Oper ofrecía una entrada de alrededor del 85 % de su aforo, con los mayores huecos en los pisos superiores. El público se mostró cálido con los artistas tanto a escena abierta como en los saludos finales, siendo las mayores ovaciones para Etienne Dupuis y Nicole Car. 

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 3 horas y 7 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 19 minutos. Ocho minutos de aplausos. 

El precio de la localidad más cara era de 100 euros, habiendo butacas de platea desde 58 euros. La localidad más barata costaba 24 euros. 

José M. Irurzun