Excelente Lohengrin en Munich, a pesar de la producción y la cancelación de la Harteros

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Lohengrin en Munich. Foto:  W. Hösl
Lohengrin en Munich. Foto: W. Hösl

Uno de los grandes atractivos de la actual temporada de ópera se ofrecía en Munich con la nueva producción de La Ciudad Muerta, de Korngold, que cuenta con la dirección de Kirill Petrenko y la presencia de Jonas Kaufmann al frente del reparto. Lo cierto es que muchos han debido de pensar como yo, puesto que la afluencia de crítica internacional a Munich en estos días ha sido impresionante. Como complemento a este foco de atracción se ofrecía Lohengrin, que contaba con la presencia de Anja Harteros y Klaus Florian Vogt, que casi se puede decir que más que un complemento es un auténtico foco de atracción en sí misma. 

Así pues, comienzo mi breve estancia en Munich con esta representación de Lohengrin, cuyo resultado ha sido excelente, a pesar de contar con una producción escénica más que deficiente y ya conocida, y haberse producido en los últimos días la cancelación de Anja Harteros como Elsa. Pese a todo ello, hemos disfrutado de modo inequívoco con este Lohengrin. 

La mencionada producción escénica se debe a Richard Jones y se estrenó en el Festival de Julio de 2009, entonces bajo la dirección de Kent Nagano y con la presencia en el reparto de nada menos que Jonas Kaufmann y Anja Harteros. La citada producción fue recibida en su estreno con una auténtica tormenta de abucheos, que no se han producido en las reposiciones de los años siguientes, simplemente por el hecho de que los directores de escena no salen a saludar en las reposiciones de sus producciones. 

La obra se trae a tiempos modernos, seguramente años 30 del pasado siglo, y Elsa quiere construir una casa, labor a la que se entregará posteriormente Lohengrin. El simbolismo de la construcción de algo no está mal traído, si pensamos más en una nueva sociedad que en una casa. Lo cierto es que la casa va levantándose acto a acto, ocupando toda la escena finalmente, y la verdad es que uno acaba bastante harto de ladrillos y cemento. La originalidad de Mr. Jones consiste en que Lohengrin se cabrea en el tercer acto y prende fuego a la casa que han construido, rociándola con gasolina. La escena final consiste en un suicidio colectivo de todo el coro, al abandonarles Lohengrin. Cualquiera se dará cuenta que estas ideas no pueden hacer sino chirriar con lo que se canta y la música que le sirve de base a todo. 

El coro canta como si estuviera en una versión de concierto, aunque con trajes, mientras que la dirección de actores brilla por su ausencia. Richard Jones, como tantos otros, se pone la obra y la partitura por montera y no ofrece sino algo que nada tiene que ver con el original. La escenografía y el ramplón vestuario son de Ultz y la iluminación es de Mimi Jordan Sherin. 

Nuevamente, estaba Lothar Koenigs al frente de la dirección musical y el resultado ha sido digno de ser alabado y destacado. Había tenido ocasión de verle dirigir aquí esta ópera hace 3 años y su dirección ahora me ha resultado mejor que entonces, especialmente en lo que se refiere a los dos últimos actos de la ópera, en los que el nivel musical ha sido simplemente excelente. No es que no haya sido bueno el nivel del primer acto, sino que la continuación ha sido todavía mejor. Da gusto asistir a un Lohengrin con este nivel musical, al que, por cierto, tan acostumbrados nos tiene Munich. Simplemente, excelente a sus órdenes tanto la Bayerische Staatsoper como Coro de la Bayerische Staatsoper, ambas formaciones en una actuación brillantísima. 

Muchos aficionados estarán de acuerdo conmigo en que el tenor Klaus Florian Vogt es una auténtica referencia en el personaje de Lohengrin y lo ha vuelto a demostrar una vez más. Sin duda, que su voz es muy peculiar y sorprendente, cuando se le escucha por primera vez, ya que su tono puede parecer un tanto aniñado, lo que en personajes como Lohengrin o Walther en Maestros Cantores no es un problema, que sí lo podría ser en otros personajes más dramáticos, como serían Siegfried, Siegmund o Tannhäuser. Lo cierto es que su actuación ha sido digna de ser destacada y alabada debidamente, especialmente en un tercer acto verdaderamente magnífico por su parte. Tanto en la escena con Elsa como en el siempre esperado In fernem Land y su despedida su actuación hay que calificarla de magnífica, cantando con un gusto exquisito de principio a fin, aparte del hecho de que es un destacado intérprete escénico. 

Las actuaciones de Anja Harteros son siempre esperadas con el máximo interés por quien esto escribe. Se trata de la mejor Elsa posible de los últimos años. Para los seguidores de la soprano alemana Munich es una especie de seguro, ya que rara es la vez que la Harteros cancela actuaciones en este teatro, pero así ha ocurrido en esta ocasión, ya que solamente ha cantado la primera de las representaciones de la serie, cancelando a continuación, siendo sustituida por la soprano sudafricana Johanni Vann Oostrum. 

Se ha escrito algunas veces que la categoría de los teatros de ópera se demuestra en las sustituciones y no falta razón en la referida afirmación. Tendríamos que decir que la Ópera de Munich ha estado a la altura de su gran reputación con esta sustitución, ya que la actuación de Johanni Vam Oostrum ha sido digna de ser destacada. La voz es atractiva, bien manejada y muy adecuada para el personaje de Elsa, siendo además una buena intérprete escénica. Solamente, me deja la impresión de estar un tanto apretada en las notas más alta. Por lo demás, hay que decir que la sudafricana ha cubierto la difícil sustitución con nota alta. 

El personaje de Ortrud fue interpretado por la soprano finlandesa Karita Mattila, que ofreció una convincente interpretación escénica, como suelen ser siempre las suyas, aunque vocalmente las cosas no estuvieron al mismo nivel. Su voz ha perdido calidad en los últimos años y su adecuación vocal a Ortrud es muy discutible, ya que sus notas graves carecen de armónicos, ya que ella no es la mezzo-soprano que requiere el personaje. 

Repetía como Telramund el barítono Wolfgang Koch, que volvió a ser un convincente intérprete de este malvado personaje, aunque una vez más he vuelto a comprobar que vocalmente ha perdido calidad en los últimos años y no es el gran barítono que era. 

Buena la actuación del bajo Christof Fischesser como Rey Heinrich, muy adecuado tanto vocal como escénicamente. 

Buena también la prestación del barítono Martin Gantner como Heraldo del Rey, a quien la regía sienta en una silla alta, como si fuera árbitro de un partido de tenis. 

Los Caballeros de Brabante eran Caspar Singh, George Virban, Ogulcan Yilmaz y Markus Suihkonen. 

El Teatro había agotado sus localidades y el público dedicó una gran recepción a los artistas y al director en los saludos finales, siendo las mayores ovaciones, en este orden, para Klaus Florian Vogt, Johanni Van Oostrum y Lothar Koenigs. 

La representación comenzó con los 5 minutos de retraso habituales en Munich y tuvo una duración total de 4 horas y 41 minutos, incluyendo dos intermedios. Duración musical de 3 horas y 27 minutos. Trece minutos de aplausos. 

El precio de la localidad más cara era de 193 euros, habiendo butacas de platea desde 117 euros. El precio de la localidad más barata con visibilidad era de 64 euros. 

José M. Irurzun