Excelente Norma en la mejor tradición belcantista del San Carlo

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Norma en el Teatro San Carlo
Norma en el Teatro San Carlo

Fernando Peregrín Gutiérrez

Caben pocas dudas de que Norma es una cumbre del melodrama romántico italiano que durante dos siglos dominó el teatro lírico europeo y que constituye un repertorio inigualable, que es hoy día patrimonio de la cultura universal. Bien sabido es, asimismo, la gran admiración que sentía Richard Wagner—al cual, por otro lado, no le gustaba la ópera italiana—por esa obre maestra de Bellini, que trasciende el género del bel canto en el que se la encuadró desde su estreno.

Wagner, muy entusiasta de Norma, escribió en su ensayo titulado Bellini (1837) que «incluso los oponentes más decididos de la nueva escuela de música italiana hacen justicia a esta composición admitiendo que, hablando al corazón, muestra un sincero propósito interno». Incluso llamó a este melodrama «una cura para la abstracción intelectual de los compositores alemanes».

Es indudable el influjo que tuvo en el músico alemán el declamato-cantato belliniano que en Norma alcanza un notable desarrollo y perfección. Así en Norma tienen tanta importancia o más que las arias los diálogos, las disputas entre dos o tres personajes. Más que el tradicional enlace entre arias en las que los cantantes pudieran dar muestra cumplida de su virtuosismo que era el llamado estilo de la lírica italiana, estos declamados cantados son la nervadura de la tragedia, que resulta así una acabada y redonda teatralità.

Norma en el San Carlo

Norma se estrenó en el san Carlo el 6 de julio de 1833. En el siglo XIX se pusieron en escena 24 producciones, con 231 representaciones en total. “Norma” destacadas fueron Maria Nalibran, Giuseppina Ronzi De Begnis, — la soprano que más encarnó a la sacerdotisa de Bellini—,Adelina Cortesi, Teresa Titjens, y Teresina Singer.

Durante el pasado siglo, se pudieron ver en el San Carlo 19 montajes, con un total de100 funciones. Renombradas “Norma” que subieron al escenario del coliseo napolitano fueron Maria Caniglia Anita Cerquetti, Leyla Gencer, Elena Suliotis y Montserrat Caballé. De las “Adalgisa”, la que más veces cantó en Nápoles fue Ebbe Stigniani. Otras mezzosopranos que destacaron en este rol fueron Fedora Barbieri, Fiorenza Cossotto y Viorica Cortez. Entre los tenores de fama que interpretaron “Pollione figuran Tancredi  Pasero Gianfranco Cecchele, y Mario Del Monaco. Como directores de orquesta se encuentran Vittorio Gui, Francesco Molinari Pradelli, Gino Martinuzzi (compositor y director muy asociado con Wagner, otro ejemplo de la relación del autor de Parsifal con Norma) y Nicola Rescigno.

La actual producción data de febrero de 2016, con dirección musical de Nello Santi, recientemente fallecido y a cuya memoria dedicaron los responsables del San Carlo esta reposición, merecido homenaje a un maestro muy ligado a este teatro en el que dirigió 8 títulos con un total de 61 funciones.

La puesta en escena fue recibida con entusiasmo por la crítica y el público habitual del “Massimo” napolitano. Se trata de un magnífico montaje según la gran tradición clásica del mejor teatro lírico italiano. La dirección de escena de Lorenzo Amato respeta puntillosamente las indicaciones de la partitura, mas desde un enfoque moderno. La interacción entre los personajes, respetando las convenciones y técnicas de posicionamiento que exige el teatro lírico, muy diferentes de las del teatro hablado, se ajusta en todo momento al desarrollo de la acción teatral y de la música. Los diálogos y disputas, sostenidos por una orquesta y un director que llevan en las venas cómo debe sonar el foso de un melodrama belliniano, entre los cantantes , sobre todo a dúo, resultaron de inmejorable calidad y convicción. Las posturas y gestos de los intérpretes son de gran realismo y propias de la idiosincrasia de cada personaje. Pareciera como se el regista hubiese propuesto a los espectadores que, aunque no creyeran en druidas ni en sacerdotisas de divinidades paganas de la mitología de la antigua Galia, al menos, mientras durara la representación, dejaran libre a su imaginación para dar el mayor crédito posible a la historia que se les presenta, de forma clara y detallada, en el escenario.

Tal vez quepa la pega a esta mise-en-scène del apelotonamiento del coro y las comparsas de guerreros y soldados galos en el frente del escenario, cuando hubiese sido mejor dar una cierta profundidad escénica al movimiento de masas.

La escenografía y el vestuario se deben a la acreditada y siempre competente “fábrica” de escenarios líricos que compone el matrimonio Ezio Frigerio y Franca Squarciapino. El espacio en el que se desarrolla la tragedia de “Norma” es cerrado, aunque nunca agobiante, y con connotaciones nórdicas de aliento gótico. Dicho espacio evoluciona desde un gran bosque, una foresta y unas cavernas para crear el ambiente inicial de la narración de Felice Romani, al escueto y cerrado interior de la casa de “Norma”, para concluir en el agreste y rocoso paisaje que rodea el Templo de Irminsul (el dios Irmin, así como el fuego de la hoguera en la que arderán finalmente “Norma” y “Pollione” están representados por proyecciones de su rostro), todo ello realizado con realismo esquemático de gran belleza.

La compañía de canto tuvo un excelente nivel medio. Empezando por la soprano uruguaya María José Siri. Tiene una bella voz, de lírica plena, con ribetes de spinto, mórbida, con cuerpo que la soprano maneja con habilidad y técnica. Su entonación, proyección y dinámica son virtudes a destacar. Su voz, que empezó sonando un tanto ligera, se espesó a medida que se desarrollaba la representación, sobre todo en los dúos en los que mostró gran dramatismo en su declamato cantato

Como “Norma”, se sitúa entre la eminentemente trágica de Maria Callas, del linaje de Antígona, Medea y Electra, y la básicamente belcantista de Monstserrat Caballé, más etérea, con su portentoso arsenal de trinos, coloraturas, sobreagudos y sobre todo, filados, vengan o no vengan a cuento. Se podría resumir que la Callas ponía el bel canto al servicio de la tragedia y que la Caballé utilizaba la dramaturgia como excusa para sus florituras y acrobacias vocales. La Siri se acerca a la estirpe de las dramáticas en todos sus dúos y conjuntos, mas en las arias y en el monólogo “Dormono entrambi” de la escena del intento de filicidio se muestra más en la línea humana, cercana, maternal y mística de la soprano española. Vocalmente, estuvo impecable en los maravillosos recitativi-airoso y en los cantabili, con magníficos crescendos y decrescendos. Su “Casta Diva” sonó densa de sonido, llena de colores que describían claramente sus emociones, llena de intensidad y bella y emocionante en el registro medio, donde realizó dos messa di voce de gran belleza y expresividad. En las agilidades, estuvo correcta, limitando los filados a los necesarios y oportunos. Pero no llegó a reflejar todas las facetas vocales y dramáticas de este prodigio del bel canto belliniano que es “Norma”.

Fabio Sartori es un tenor spinto de bella y potente voz. Su repertorio habitual es el pucciniano, y tiene limitaciones, aunque no muy importantes, en el bel canto. Canta con buen gusto y su italianità es de pura ley. Es parco en las agilidades en las que se le nota tirantez sobre todo cuando aborda los embellecimientos situados en el passaggio de la voz. Su paleta de colores vocales es suficiente para interpretar un “Pollione” heroico y que acepta con poético estoicismo su trágico destino. Muy convincente y estupendamente cantado su dúo con “Adalgisa” en la quinta escena del primer acto y el terzetto del final de dicho acto (que inicia “Norma” con su restallante imprecación “Vanne, sì, mi lascia indegno”).

Norma en el Teatro San Carlo

La mezzo soprano Annalisa Stroppa que estaba encargada del rol de “Adalgisa” en el primer reparto, canceló a última hora por una imprevista indisposición de sus vías respiratorias. Pese a que no se pudo ver a una de las mejores intérpretes de hoy día de ese complejo y poliédrico personaje, su sustituta, la valenciana Silvia Tro Santafé, que mostró una gran facilidad para las agilidades y un buen dominio de las técnicas que requiere el bel canto, no desmereció de la alta calidad media del primer reparto. Su voz se distingue claramente de la de María José Siri, por lo que su gran dúo fue un momento climático de alto voltaje dramático, como requiere Bellini (estupendo, aunque no tan logrado, su segundo dueto entre ambas). Su timbre y su tesitura encajan de forma muy natural entre los de “Norma” y “Pollione”, por lo que contribuyó destacadamente al trío ya citado.

Las pegas que se le pueden poner tienen que ver con su registro agudo, en el que la voz se aligera más de lo debido y en el que aparece un vibrato excesivo. Tiene, cierto es, el Do sobreagudo tan climático, pero lo alcanza sin la preparación dinámica lógica, por lo que todo el pasaje suena algo mecánico y descarnado. Sobresaliente, empero, como sus dos compañeros protagonistas en los recitativos cantados y en los airosos plenos tanto de drama como de lirismo.

Gran “Oroveso” del bajo Fabrizio Beggi, que cantó con bella voz y variedad de colores con los que dotó a su personaje de autoridad, solemnidad y convincente dramatismo. Bien el “Flavio” de Antonello Ceron y menos acertada en sus pocas y breves intervenciones Fulvia Mastrobuono como “Clotilde”.

El gran triunfador de esta “Norma” fue el maestro concertatore e diretrore d’orchestra Francesco Ivan Ciampa, un joven director de la mejor escuela italiana de dirección musical del melodrama romántico italiano. Ciampa, alumno de Carlo Maria Giulini, ha entendido perfectamente qué es y cual es la función del foso en el teatro lírico del ottocento. Dio una lección magistral de cómo se debe sostener y resaltar el declamato-cantato de Bellini, con una acertada gama dinámica, donde la orquesta sonaba con igual intensidad y virtuosismo en los pianissini que en los fortísimos. Mostro que sabe perfectamente cuando acumular la tensión y cuando relajarla, y dónde se encuentran los clímax y dónde los bellísimos pasajes melódicos y cantabile que teje Bellini para sostener y dar lógica musical al canto de los personajes y a sus diálogos y recitativos airosos. Los tempi son siempre los adecuados, bien mantenidos y consigue que las ricas, claras  y ágiles cuerdas de la orquesta del San Carlo, posiblemente las de mejor sonido italiano de todos los teatros de ópera de la península itálica, ejecuten a la perfección el stacatto-legato tan de Bellini. El equilibrio que consigue entre las diversas secciones orquestales y entre los instrumentos y las voces es notabilísimo.

En “Norma” el coro tiene un cometido muy importante, sobre todo en las cuerdas masculinas. En otras ocasiones, ya había tenido muestras de que este coro tiene muy buenos tenores, barítonos y bajos cantantes, por lo que el canto de los “Druidas” fue de una consistencia y redondez admirables. Empero en el coro generale las cuerdas femeninas, sobre todo, las sopranos, aunque de bello color en su conjunto, mostraron ciertas dificultades en los tirantes pasajes del registro medio al agudo. Algo de escasa importancia comparado con el fuerte perfume de puro bel canto que inundó, una noche más, la bellísima sala del San Carlo.