Exitosa Luisa Miller en el Teatro Real

Exitosa Luisa Miller en el Teatro Real
Exitosa Luisa Miller en el Teatro Real

Esta ópera en “versión concierto” ha venido a poner en evidencia algunas carísimas producciones escénicas que pasaron con más pena que gloria sobre el escenario del Teatro Real. Los solistas se movieron con bastante libertad en el espacio entre orquesta y coro, en la embocadura, alrededor del podio del director musical y sobre todo actuaron las palabras que cantaban y las emociones transmitidas por la música de esta partitura de Giuseppe Verdi, que parece ser la continuidad lógica a las composiciones de Donizetti. El argumento se entendió de principio a fin, el drama estuvo a flor de piel y los cantantes parecían muy cómodos en sus ropas de gala. La dirección musical de James Conlon fue el gran motor de la noche, pero no el único, que propulsó la representación a un gran nivel artístico. Conlon exhibió con delectación la extensa paleta sonora de la orquestación verdiana. Una lectura ágil, profunda y muy cuidada. La orquesta y el coro (aplausos para Andrés Máspero, su director) en excelente nivel respondieron con sobrada eficacia y brillantez. Lana Kos, la protagonista de la obra, fue otro de los motores. Su Luisa fue una dulce Es una soprano lírica, de atractivo timbre y caudal sonoro considerable. Dúctil e inteligente, maneja su instrumento con facilidad, trasladándose de las coloraturas del inicio de la obra al dramatismo del final con naturalidad. Me recordó a la soprano Gilda Cruz-Romo, una de las más excelsas intérpretes de este personaje en la década de los setentas del siglo pasado (la grabación en vivo con Luciano Pavarotti, Matteo Manuguerra y dirección de Peter Maag es de referencia). Kos empieza a despuntar en el panorama internacional y, si avanza con inteligencia en el repertorio elegido, no dudo que llegue a ser una cotizada cantante en un futuro cercano.

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Maravilla escuchar al veterano barítono Leo Nucci. Si cabe, aún más en un personaje como el de Miller, un padre bondadoso dispuesto a defender la felicidad de su hija hasta el final. Y dije que maravilla escucharle porque su voz, esa noche, parecía tan fresca y en tan buena forma como la de un joven de la mitad de la edad que él tiene (74 años). Hace un año lo tuvimos en este teatro en La traviata y no todas las noches estaba al alto nivel de expectativas que su nombre genera en el público. El joven tenor Vincenzo Constanzo (Rodolfo) fue ganando personalidad conforme avanzaba la representación. Su voz es atractiva, lumínica y frasea con muy buen gusto. Por el momento no tiene la densidad deseada para el personaje (hasta hace pocas semanas estaba previsto el tenor Francesco Meli) pero sí el prometedor material para llegar a serlo con todas las de la ley. Los dos bajos, Dmitry Belosselskiy (Walter) y John Relyea (Wurm) espléndidos en el dúo “Egli delira … l’alto retaggio non ho bramato”. El primero un bajo cantante de rotunda vocalidad, agudos punzantes y potente centro; y el segundo un tanto romo y pálido en la zona aguda y con asperezas que en el caso de este personaje fueron positivos. La mezzosoprano María José Montiel destacó, con su voz carnosa y expresivas maneras, como Federica. La cantante madrileña está en un momento vocal óptimo. Marina Rodríguez-Cusì compuso con gracia y excelentes maneras el pequeño personaje de Laura. El tenor César de Frutos fue un apropiado y completamente audible aldeano. La salva de aplausos al final de la representación fue larga. Nucci, Kos y Conlon fueron, con justa razón, los más vitoreados.

Federico Figueroa

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