Explosión Barroca de Durón en La Zarzuela

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Explosión Barroca de Durón en La Zarzuela
Explosión Barroca de Durón en La Zarzuela

El Teatro de la Zarzuela se vistió de gala para llevar a cabo una apuesta valiente y que resultó de una brillantez inusitada. Volver los ojos de la programación hacia dos títulos de nuestro barroco musical, algo tan poco usual, que resulta extraño y por ende, especialmente interesante. Nuestra peor tradición es la de ignorar nuestras propias glorias. Pensemos en otros países: Alemania, Francia, Italia, y tantos otros países que han sabido salvaguardar su historia, darle la importancia que tiene, proteger lo que es característico de cada uno de ellos. Se han mantenido las tradiciones y siguiendolas, se ha podido conseguir una brillante evolución que ha desembocado en la rica producción que hoy presentan. Pero nunca han desdeñado de su pasado. Al contrario, han sabido mimarlo y, todo hay que decirlo, han sabido venderlo.

Nosotros hemos hecho todo lo contrario. En primer lugar ignorarlo, en segundo lugar despreciarlo y es que no podemos olvidar que se suele desdeñar aquello que no se conoce. Tras el desconocimiento y el desprecio tenía que venir el siguiente y fatídico paso: sumir todo un pasado, toda una historia, en el más tenebroso pozo del olvido. Pero claro somos como somos y se me viene a la memoria una frase de un personaje de la obra de Marquina, En Flandes se ha puesto el sol, cuando el citado personaje dice eso de España y yo somos así, señora. Triste manera de ser, triste práctica de desprecio y olvido de lo nuestro. ¿Qué ocurre? ¿Que queremos caer en un triste y ridículo chauvinismo? Nada más lejos de nuestro deseo. Lo español que no es buen no tiene por qué revitaliazarse, pero lo mucho bueno que existe y que obviamos tan alegre e irresponsablemente, tiene que ser colocado en el lugar que por sus propios méritos le corresponde.

Creo que es el caso de Sebastián Durón, del que se cumplen los trescientos años de su fallecimiento. Tenemos que agradecer a la sensibilidad del Teatro de la Zarzuela, y al empeño de un gran conocedor de este autor, como es el Dr. Don Antonio Martín Moreno la apuesta valiente y decidida que han tenido para volver a colocar a Durón en el plano de la plena actualidad, dando además la oportunidad de saborear dos de sus obras. De un lado La Guerra de los Gigantes estrenada en Madrid entre los años 1701 y 1702, y El imposible mayor en amor, le vence amor. La primera con libreto anónimo y la segunda con texto de Bances Candamo y José de Cañizares. Esta última se estrea en Madrid, en el año 1710. La edición de ambas corresponde al catedrático Martín Moreno, brillante especialista de nuestro barroco y de nuestro siglo XVIII.

Explosión Barroca de Durón en La Zarzuela
Explosión Barroca de Durón en La Zarzuela

Poner en escena dos obras de estas características requiere un enorme esfuerzo, dar rienda suelta a la imaginación, porque si no pueden quedar desvaídas. Se precisa una apuesta valiente que es la que ha sabido dar el teatro de la calle Jovellanos con una brillante puesta en escena, debida a Gustavo Tambascio y una imaginativa y espectacular escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda. Junto a ellos una adecuada cantidad de excelentes profesionales, desde los músicos del foso, los madrigalistas, los miembros del ballet, el maestro de armas y el buen quehacer de la responsable del movimiento escénico- que me pareció excelente- y que se debió a Yolanda Granado. Un elenco de artistas amplio, imprescindible para que las dos obras pudieran saborearse en toda su magnificencia, con un buen coro conducido con maestría por Antonio Fauró, y la orquesta bien conducida por Leonardo García Alarcón.

El resultado global fue espléndido y no nos duelen prendas en reconocerlo. Una actualización inteligentísima de La guerra de los gigantes realizada con tanto talento que no pierde ni un ápice de su espíritu. El montaje francamente sensacional. Verdaderamente espectacular consiguiendo mantener vivo el interés del espectador que se encontraba con el teatro que tan brillantemente se representaba en la corte madrileña en los finales del XVII y principios del XVIII. No se han escatimado medios, no ha faltado imaginación e inventiva, y todo ello ha conducido a unos logros que no vacilamos en calificar de brillantísmos, ofreciéndosenos nuestro teatro musical barroco, en toda su esplendidez. La guerra de los gigantes goza de una hermosa partitura que nos acerca al más completo y brillante Durón. En noche afortunada de estreno la parte musical estuvo a la altura de la escenográfica. Un elenco de jóvenes y espléndidos cantantes entre los que quiero destacar por la belleza de su voz y por su gran actitud escénica, a la joven Mariana Flores, un convincente y rotundo Hércules. Y junto a ella un grupo de – ya lo hemos escrito antes- buenos cantantes, como Cristina Alumno, Mercedes Arcuri, y Giuseppina Bridelli amén de los Madrigalistas.

Todo el lujo, todo el boato, toda la brillantez que tuvo esta representación tuvo afortunada continuación en la siguiente obra de Durón, El imposible mayor en amor, le vence Amor. De nuevo excelente escenografía, movimiento escénico, vestuario rico y brillante y otra vez un elenco de espléndidas voces, encabezadas por las de Vivica Genaux, Beatriz Díaz, María José Moreno, Lucía Martín-Cartón, sin que nos olvidemos del excelente barítono Javier Galán, espléndido como cantante y como actor.

En el foso convenció la orquesta llevada con oficio por García Alarcón. Todos contribuyeron a que pudiéramos saborear a un autor tan importante como Durón en representaciones dignas de los mayores elogios.

José Antonio Lacárcel

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