Exquisito recital de Javier Perianes en el Teatro Colón de Buenos Aires

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Javier Perianes en el Teatro Colón. Foto: Liliana Morsia
Javier Perianes en el Teatro Colón. Foto: Liliana Morsia

Es claro, pero de todas maneras conviene recordarlo, que la presentación de un músico en vivo es un fenómeno complejo que involucra tanto a los compositores y obras elegidos, la dinámica y atención del público y la personalidad del intérprete. Y este último elemento es el fundamental vehículo entre músicas ideadas en la mayor parte de las veces hace tiempo, décadas o siglos atrás, pero que se recrean, “vuelven a vivir” a partir de la interpretación de un músico que realiza la unión y la comunión entre aquel compositor y nosotros. Ese “viaje en el tiempo”, que es también un viaje espiritual, tuvo en el caso del concierto que reseñamos en esta oportunidad a un “guía” de lujo. En este recital de la temporada 2017 del Mozarteum Argentino, el pianista español Javier Perianes nos propuso un recorrido muy exigente, muy profundo y al mismo tiempo de gran jerarquía.

La primera parte del programa, Viena, se dedicó exclusivamente al gran compositor Franz Schubert. Las dos obras interpretadas fueron compuestas por el gran maestro vienés en los últimos años de su cortísima vida y en ambas se descubre la despedida de Schubert tanto del amigo querido (en el Allegretto D. 915) como del mundo terrenal (la Sonata Nº21 D. 960, compuesta 2 meses antes de partir definitivamente).

Las versiones de Perianes fueron de un nivel superlativo. Profundidad y variedad de toques, matices y colores emocionaron, conmovieron a quienes estuvieran predispuestos a acompañar, a seguir al pianista en el viaje increíble que nos propuso Schubert en estas obras maestras. Muy impresionante la versión del 2º movimiento.

La segunda parte del recital tuvo como eje central a la ciudad de Granada y allí las figuras de Manuel de Falla y de Claude Debussy se encontraron indisolublemente ligadas para el arte a través de la bella ciudad española… Tanto “La soirée dans Grenade” de las Estampes (Postales) como el preludio La puerta del vino (inspirado en una postal que mostraba una de las puertas de entrada a la Alhambra, y que le había mandado Falla a Debussy justamente) pasando por La sérenade interrompue (La serenata interrumpida) nos muestran el maravilloso mundo sonoro del gran creador francés que, sin haber conocido nunca a España en persona, logra pintarla increíblemente. Una nostalgia cautivante, propia de la belle époque que pronto llegaría dramáticamente a su fin, unida a colores, perfumes, exotismos que Debussy nos muestra y revela con una maestría inimitable.

Javier Perianes en el Teatro Colón. Foto: Liliana Morsia
Javier Perianes en el Teatro Colón. Foto: Liliana Morsia

Las tres obras fueron servidas por Perianes con el detallismo y el magnífico pianismo que ya habíamos podido apreciar en la primera parte del programa. Había comenzado este viaje de la segunda parte del recital por Granada con el homenaje musical que Manuel de Falla le realizara a Debussy en 1920 y continuaría después de las obras de Debussy y sin solución de continuidad con El albaicín de Isaac Albéniz, también en estupendas versiones.

Este concierto iba a finalizar con la suite de El amor brujo de Manuel de Falla. La famosísima obra tendría en Javier Perianes nuevamente a un intérprete de lujo, alejado totalmente de los artificios y del divismo tan frecuentes en las carreras actuales. Así nos quedó claramente expuesta la personalidad rica y profunda del joven artista español que en ningún momento se sirvió de las obras para satisfacer un ego importante sino para servir a los genios del pasado, para traernos al presente esas maravillosas creaciones y para que el Arte sirva como elemento de evolución y crecimiento. Así, paradójicamente, también creció enormemente la figura del artista que se agranda sin achicar las obras.

El bis de esa noche fue la melancólica y enigmática Mazurca Op. 17 Nº4 de Chopin, en una versión de excepción que fue el corolario perfecto para un recital exquisito.

María Laura Del Pozzo