Extraña producción de Un ballo en Munich, estupenda dirección y…manca la diva!

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Extraña producción de Un ballo en Munich, estupenda dirección y...manca la diva!
Extraña producción de Un ballo en Munich, estupenda dirección y…manca la diva!

Decía ayer que esta ópera era el motivo fundamental de mi viaje a Munich, al ofrecer la presencia en el podio de Zubin Mehta y en escena a Piotr Beczala y a Anja Harteros. Si el día anterior tuvimos una cancelación en Lohengrin, lo mismo ha ocurrido ahora y no una cancelación cualquiera, sino nada menos que Anja Harteros, bien conocida de los aficionados por sus defecciones. Parece ser que en esta ocasión el motivo ha sido bien justificado, puesto que en la última representación que cantó no pudo hacerlo sino en el primer acto, teniendo que mimar en escena a continuación. Si el resultado de la representación ha sido brillante, me pregunto qué habría podido ser de estar Anja Harteros en plena forma.

Había tenido ocasión de ver esta nueva producción de Johannes Erath en una retransmisión de internet hace unos días y el espectáculo me pareció desconcertante. Dudo mucho de que un espectador que no entienda italiano y que no conozca la ópera se pueda haber enterado de lo que ocurría en escena.

La escenografía de Heike Scheele es única para toda la ópera, con un gran lecho en el centro y una enorme escalera que lleva a una salida en el piso superior. Todo se desarrolla en esta habitación. En la primera escena el Conde está en la cama, donde recibe a sus lacayos. La escena de Ulrica es más de lo mismo, donde nadie va disfrazado, salvo un muñeco vestido de supuesto pescador. El Orrido campo es la habitación, donde se encuentran acostados Amelia y Renato, apareciendo Riccardo para ncantar el dúo con Amelia, mientras Renato duerme. La casa de Renato es la misma habitación y siguen en la cama, mientras que el baile de máscaras (splendidissimo) no es tal y nadie va disfrazado. Riccardo no se sabe si muere, porque termina subiendo la escalera, como si quizá fuera al cielo. La acción se traslada a los años 20 con un vestuario sin mayor interés de Gesine Völlm. El escenario está siempre oscuro, con la acción en blanco y negro y tampoco la iluminación de Joachim Klein saca el debido partido de esta atmósfera oscura.

Si uno considera que la producción para Un ballo en Munich de Johannes Erath es realista, no cabe sino admitir que el absurdo y el desatino no pueden ser mayores. Esto me ha llevado a pensar durante la representación que el director de escena nos ha ofrecido una producción onírica, en la que la acción no es sino un pesadilla de Riccardo, obsesionado por su amor por Amelia. Si esta interpretación es correcta, la producción tiene sentido y no hace falta sino un único escenario para su desarrollo, y la acción en blanco y negro es un buen complemento. Prefiero agarrarme a esta interpretación, que es la que me mantuvo interesado con lo que ocurría en escena. De otro modo, todo sería totalmente absurdo.

Zubin Mehta nos ofreció una dirección magnífica de la ópera. Todo estuvo en su sitio y pudimos disfrutar de una gran partitura, tanto en los momentos intimista como en los más dramáticos, que el maestro Mehta supo dosificar perfectamente. Cuando uno tiene la fortuna de ver dirigir a Zubin Mehta en directo, es fácil darse cuenta de la gran importancia de la figura del director en la ópera. Tiene una gran compenetración y complicidad con su antigua orquesta y la prestación de la Bayerische Staatsorchester demostró que es una de las mejores orquestas de foso – si no la mejor en términos absolutos – de la actualidad. Muy bien también el Coro de la Bayerische Staatsoper.

Piotr Beczala fue Riccardo y demostró encontrarse en un momento particularmente dulce. La belleza de su voz es indudable, como lo es su elegancia cantando. En este sentido me atrevo a decir que es el tenor de canto más elegante que he escuchado desde la desaparición de Alfredo Kraus. Hoy en día Piotr Beczala resulta más adecuado para la segunda parte de la ópera que para la primera, más lírica. Todo eso parece indicar que en un par de meses vamos a poder disfrutar con su próximo Lohengrin en Dresde.

Un nouveau Ballo in maschera à l´opéra de Munich dans la mise en scène fascinante de Johannes Erath
Un nouveau Ballo in maschera à l´opéra de Munich dans la mise en scène fascinante de Johannes Erath

Anja Harteros fue sustituida por la napolitana Anna Pirozzi, demostrando una vez más el teatro su cintura, cuando de sustituciones se trata. La italiana no me hizo olvidar a la Harteros, pero ofreció una buena actuación en el personaje de Amelia, con una voz amplia y adecuada al rol, aunque sus notas altas fueron siempre en forte. Era su debut en Munich y ha superado la prueba con suficiencia.

Otra sustitución, aunque ésta sabida hace tiempo, fue la de Simon Keenlyside como Renato. En su lugar estuvo el barítono rumano George Petean, que me pareció más modesto que lo esperado. El centro está bien, pero está apretado por arriba y casi vacío por abajo. El personaje de Renato necesita más que lo que el rumano nos ofreció.

La mezzo soprano Okka Von Der Damerau lo hizo bien como Ulrica, aunque no sea la contralto que el personaje requiere. La voz es amplia, se mueve bien y su personaje gana en importancia en esta producción, donde está presente en muchos momentos de la ópera, recordando mucho a Anita Ekberg en La Dolce Vita.

La soprano rusa Sofia Fomina fue un Oscar de manual. Es muy fácil gustar en este agradecido personaje, pero es mucho más difícil llamar la atención como lo hizo la rusa. Hoy en día no encuentro una soprano ligera tan interesante como ella para este tipo de personajes. La voz es atractiva, se desenvuelve en escena como pez en el agua, no tiene problemas en agilidades y canta muy bien. Es una soprano a seguir muy de cerca.

En los personajes secundarios Andrea Borghini lo hizo bien en la parte de Silvano. Adecuados, Anatoli Sivko (Sam) y Scott Conner (Tom).

El teatro había agotado sus localidades desde hacía algún tiempo, habiendo Suche Karte en los alrededores, que seguramente no se habían enterado de la cancelación de Anja Harteros. El público dedicó una entusiasta acogida a los artistas, particularmente a Zubin Mehta, Piotr Beczala y Sofia Fomina.

La representación comenzó con 7 minutos de retraso y tuvo una duración de 2 horas y 46 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 13 minutos. Doce minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 163 euros, habiendo butacas de platea desde 91 euros. La entrada más barata con visibilidad total costaba 39 euros.

José M. Irurzun