Faust. Gounod. Amsterdam

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El Teatro Real de Madrid coproduce con la Nationale Opera de Ámsterdam la versión del Faust (1859) de Charles Gounod, a cargo de Alex Ollé de La Fura dels Baus, que se representa estos días en la ciudad de los canales.

El título, como todos aquellos que cargan con la herencia de un personaje prototípico, es peligroso para los directores de escena, pues estos tienen siempre la tentación de arriesgar en sus propuestas, en un “todovale” con tal de huir del tópico. Con la temática diabólica, el conflicto irresoluble entre el amor, la virtud y el pecado, el campo queda abonado para juegos escénicos inimaginables. No ocurre así, sin embargo, en esta ocasión: la propuesta del director español supone todo un acontecimiento en Ámsterdam, que llena cada tarde la ópera, pese al buen tiempo de unas semanas del mayo holandés inusualmente benignas.

 

La obra destaca por su coherencia temática, por la elegancia en las formas (el tratamiento de las transiciones entre escenas, radicales a veces en el libreto, y de los ensembles es finísimo). También por su honestidad: en la obra se llama a cada cosa por su nombre, acaso con cierta obsesión por el grafismo y la reiteración. Parece pensada para perdurar, para conformar una obra artística capaz de sobrevivir a las modas. Tal vez por ello se detecta cierta modestia y economía de recursos, que se manifiestan en la reducción de los maquinismos típicos de La Fura, así como en la ausencia de las sempiternas escaleras. Por tanto, pese a que el trasfondo temático en esta versión es un moderno laboratorio donde se experimenta con seres humanos, poco tiene la propuesta de experimental. Más bien a la inversa, todo parece medido al milímetro, en una rueda dramática que termina asimilando a Faust (científico en su laboratorio), con el propio Mefistófeles (su trasunto demoníaco, que experimenta con las pasiones y las almas de la humanidad).

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Pero el público holandés no sólo llena el teatro por lo que se ve en escena, sino sobre todo por lo que allí se escucha. La música servida por Marc Minkowski y la Filarmónica de Rotterdam regala los detalles y las sensaciones únicas que sólo afloran cuando se interpreta bien. Cuando el sustrato orquestal es óptimo, el resto de intérpretes son llevados en volandas, y todo cobra mayor sentido. La pareja formada por Michael Fabiano (Faust) y Mikhail Petrenko (Mefistófeles) parecía cantar con una sola voz. Si Fabiano sorprendía por la calidad de su media voz y sus agudos sostenidos es todo lo alto (celebradísima fue su cavatina del acto tercero Salut, demeure chaste et pure), Petrenko se mostró intratable en lo actoral, con una musicalidad inteligente que le permite soportar el peso vocal de un personaje siempre enigmático y equívoco, con mucho que mostrar y que cantar. La escena en que aparece transmutado en un Cristo crucificado acompañado por un canto que aprovechó las oscuridades de su registro si caer en lo estentóreo, fue unos de los momentos cumbre de la velada.

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La soprano rusa Irina Lungu interpretó una Margueritte creíble, regalando una voz poco francesa, pero rica y solar en la zona aguda; y trinando deliciosamente en su aria Ah! je ris de me voir si belle en ce miroir. Una actuación a la altura de sus compañeros. Su compenetración se demostró en el terceto del último acto, donde los tres protagonistas invocaron lo mejor de su arte para conseguir un darle a la página un alto voltaje emotivo.

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Los secundarios Marianne Crebassa (Siebel), Florian Sempey (Valentin), Tomislav Lavoie (Wagner) y Doris Lamprecht (Marthe), todos de timbre amable y cantar aseado, completaron un reparto vocal del que la ópera de Ámsterdam puede sentirse muy orgullosa.

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Todo funcionó como debía, si bien la calidad conseguida por la orquesta liderada por el inspirado Minkowski fue la clave para poder disfrutar de los matices que esconde la partitura. Aún queda para que los aficionados de Madrid puedan disfrutar de esta inteligente versión de Àlex Ollé en el Teatro Real. Mucho tendrán que trabajar los artistas que la defiendan entonces, para conseguir un resultado tan redondo como el que se ve estos días en Ámsterdam.

 

Carlos Javier López Sánchez

@CarlosJavierLS

 

Rotterdams Philharmonisch Orkest, Marc Minkowski (Musical Director), Àlex Ollé (La Fura dels Baus) (Stage Director), Alfons Flores (Décor), Lluc Castells (Costumes), Urs Schönebaum (Lighting design), Chorus of Dutch National Opera (Chorus), Ms Ching-Lien Wu (Chorus Master)

Michael Fabiano (Faust), Mikhail Petrenko (Méphistophélès) Irina Lungu (Marguerite), Florian Sempey (Valentin), Tomislav Lavoie (Wagner),  Marianne Crebassa (Siebel), Doris Lamprecht (Marthe)