Federico Ibarra: LEONCIO Y LENA. DELEITE PURO. Teatro de las Artes CDMX 2017

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LEONCIO Y LENA, Foto: Carlos Alvar WEB
LEONCIO Y LENA, Foto: Carlos Alvar WEB

La música del compositor mexicano Federico Ibarra (1946), personal y actual, tiene la facultad de capturar el ánimo del oyente y volver al espectador parte viva del evento al que se hunde, se sumerge, se adentra, volviéndose actor y personaje, hipnotizado y maleable, sumiso pero activo de la magia poética que de ella emana. Es en el campo de la Ópera, género al que llegó a través del teatro, el creador más prolífico del país, con el mayor número de títulos estrenados y representados. El fenómeno no es nada común pues muchos de los autores del género operático no han corrido con la misma suerte, pues si logran alguna vez ver el estreno de alguna de sus óperas lo más probable es que nunca más vuelvan a subir al escenario. Ahora en este mes de junio del 2017 ha vuelto a representarse su primer título “LEONCIO Y LENA” estrenado en 1981, con éxito inmediato de público, y revisada en el 2011, 30 años después, cambiando a los actores originales en cantantes-actores.

Ópera para actores y ensamble instrumental, tras la obra homónima del dramaturgo alemán Georg Büchner, del siglo XIX, el mismo que escribiera “WOYZEK” luego convertida en Ópera por Alban Berg, este autor inclasificable, considerado como un precursor adelantado a su tiempo, transgresor, radical y grotesco, del teatro del absurdo, el surrealismo y hasta el existencialismo. Estrenada en 1836, póstumamente, la historia se resume en el programa de mano “Leoncio y Lena, príncipes de los reinos imaginarios de Popó y Pipí, están comprometidos. Ni siquiera se conocen, pero sus padres pactaron su boda con fines políticos. Ellos se niegan a casarse y huyen. En su camino encuentran la motivación que nunca conocieron, lo que cambia, acerca y une.” La ópera de Ibarra, con libreto de José Ramón Enríquez, logra contar la historia con canto y música, respetando, con humor negro e ironía manifiestas, el sentido perturbador de un mundo “alterado en el que prevalece el absurdo y el caos.”

La puesta en escena fue encomendada a un grupo de mujeres talentosas y creativas que lograron sacar adelante, con imaginación y solvencia, esta propuesta. Mucho me gustó el diseño: manejo espacial sobrio y elegante. Escenografía funcional y bella. Vestuario que remite a los sufís, iluminación colorida llena de contrastes, luces y sombras que logran una dimensión atemporal y exótica, de nuestro tiempo y de los tiempos pasados, con un trazo limpio pero elocuente. Firman este proyecto Valeria Palomino en la puesta en escena. Diseño de escenografía, vestuario, atrezzo y estructuras de autómatas, Juliana Vanscoit. Erika Gómez hizo el diseño de iluminación y con Vanscoit la escenografía. También trabajó con ellas Antonio Solares.

LEONCIO Y LENA, Foto: Carlos Alvar WEB
LEONCIO Y LENA, Foto: Carlos Alvar WEB

La música mágica de Federico Ibarra cobró vida con la dirección musical de Christian Gohmer, en un gran trabajo de dirección y concertación de las fuerzas de TEMPUS FUGIT ENSAMBLE, flauta, oboe, fagot, violín, violonchelo, trombón, percusión y piano, y SOLISTAS ENSAMBLE DEL INBA grupo formado por cantantes de ópera que también cantan como conjunto coral. Destacaron Luis Rodarte en el papel del Rey, soberano del reino de Popó, Leoncio, hijo del rey, Ricardo Galindo, Lena, princesa del reino de Pipí, Violeta Dávalos, Valerio, Mario Alberto Hoyos, Ama, Linda Saldaña y en papeles comprimarios y coro todos los demás elementos. Excelente trabajo profesional destacado.

Queda demostrado que el drama musical (Wagner dixit) es la obra de arte integral. Aquel que reúne armoniosamente todas las otras artes. Teatro y música, poesía y drama, acción, pintura y escultura, todo puesto al servicio de la imaginación del ser humano cercano a la catarsis.

Manuel Yrízar