Feuersnot. Strauss. Dresde

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Palacio Ducal de Dresde. 7 Junio 2014.

La relación de la ciudad de Dresde con la figura del compositor Richard Strauss ha sido muy especial, como lo demuestra el hecho de que 9 de sus 15 óperas fueron estrenadas en la llamada Florencia del Elba. Todavía recuerdo con nostalgia el festival que organizó la Semperoper en el año 2007, cuando se representaron 10 óperas de Richard Strauss en otros tantos días consecutivos, festival que no ha vuelto a repetirse. La celebración del 150 aniversario del nacimiento del compositor no podía pasar desapercibida en Dresde y nos han ofrecido esta ópera, rara vez representada, que es la segunda cronológicamente del catálogo de Strauss y que fue precisamente estrenada aquí en Noviembre de 1901.

Feuersnot – algo así como Pasión por el Fuego – no fue un éxito, como ya ocurriera con Guntram. Pasaron 4 años para que el triunfo llegara a Richard Strauss con Salomé, también estrenada en Dresde. Ni Guntram ni Feuersnot son obras que merecen haber caído en el olvido. No son obras maestras, pero sí óperas muy sólidas y bien construidas, contando con una orquestación espectacular. En el caso de Feuersnot se trata de una ópera en un acto, en la que destaca poderosamente la segunda parte, siendo además muy exigente vocalmente para los dos principales protagonistas. Hay monólogos, dúos y concertantes de gran calidad. Una pena que no se represente más a menudo, aunque hay que decir que este mismo año se ha representado en Palermo.

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La ópera se desarrolla en el Munich medieval en la noche de San Juan, en la que los niños van recogiendo todo lo que está a su alcance para las hogueras, incluyendo aquí sillas e instrumentos de la orquesta. Kunrad es un habitante con poderes mágicos que llama la atención Diemut, la hija del alcalde, enamorándose ambos de inmediato. Kunrad, ante el escándalo de los vecinos, da un beso a Diemut. Cuando va a rondarla más tarde, ella le lanza una cesta para que ser izado a su balcón, pero le deja colgado a medio camino, convirtiéndose Kunrad en objeto de la burla de la ciudad, que consideran que ha recibido un merecido castigo a su insolencia. Kunrad usará sus poderes para hacer apagar todos los fuegos, quedando la ciudad a oscuras, y no volverá a encenderlos hasta que Diemut consienta en recibirle. Ahora son los vecinos los que piden reiteradamente a Diemut que reciba a Kunrad, a lo que ella accede gustosamente, tras hacerse de rogar. Tras su noche de amor, el fuego y la luz vuelven a Munich.

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La representación estaba anunciada en versión de concierto, teniendo lugar en el precioso patio del Palacio Ducal de Dresde, una auténtica joya arquitectónica. Posteriormente, se empezó a hablar de versión semi escenificada, pero, finalmente, hemos asistido a una representación plena o casi. El trabajo que ha hecho la responsable escénica, Angela Brandt, es digno de todo elogio y posiblemente se haya abierto un nuevo camino para hacer posible óperas con presupuestos limitados, que no necesitan derroches económicos para hacerlas posibles. Es cierto que no había escenografía propiamente dicha, pero cualquiera que se hubiera puesto habría desmerecido ante la belleza del edifico en el que se sitúa el patio. Todos los artistas y el coro de niños actuaron sin partitura y vestidos con trajes típicos bávaros (excepción hecha del mago Kunrad, ataviado de negro), moviéndose con gran soltura, no solamente por el escenario elevado, en el que se situaban orquesta y coro, sino incluso por todo el patio. En este sentido hay que destacar la imaginación de Angela Brandt, al colocar hogueras en el patio y hacer uso de dobles de los protagonistas para la escena del balcón y la cesta, que se desarrollaba en el propio edificio. Incluso la iluminación funcionó perfectamente, con efectos muy bien conseguidos. La relación de producciones escénicas plenas menos interesantes que la que ahora nos ocupa sería interminable y hay que insistir en que la imaginación de Angela Brandt ha conseguido hacer de necesidad virtud, ofreciendo un espectáculo magnífico.

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La dirección estuvo encomendada a Stefan Klingele, que nos ofreció una lectura brillante y vibrante de la partitura. Tenía muchas dificultades concertar todas las fuerzas musicales, sobre todo lo referente al Kinderchor y a los numerosos solistas y lo consiguió sin desajustes de ningún tipo. Incluso participó en la fiesta de San Juan con algún paso de baile con las amigas de Diemut. Buena la prestación de la Dresdner Festspielorchester, que es la que se encarga de protagonizar los numeroso conciertos que ofrece el Festival de Música de Dresde, que se desarrolla en la ciudad en estas fechas. El Kinderchor der Singakademie de Dresde tuvo una estupenda actuación, tanto cantando como actuando. Finalmente, el Staatsopernchor Dreden, es decir el coro de la Semperoper, completó la amplia nomina de fuerzas musicales de manera brillante.

En el amplio reparto que necesita esta ópera destacan de manera muy singular los personajes de Kunrad y Diemut, que estuvieron muy bien servidos.

La soprano americana Rachel Willis-Sorensen fue una estupenda intérprete de Diemut. Se trata de la soprano más destacada de la compañía de la Semperoper, ofreciendo una voz muy atractiva y homogénea y demostrando que es una estupenda cantante. Se trata de una soprano lírica plena con grandes posibilidades en el circuito internacional. El enigmático personaje de Kunrad estuvo muy bien servido por el barítono islandés Tomas Tomasson. La voz es apropiada para personajes como el Holandés wagneriano, está bien emitida y resulta muy apropiado para este personaje.

El resto de personajes tienen menor importancia. Estuvieron bien cubiertos en todos los casos. Las tres amigas de Diemut fueron muy bien interpretadas por Angela Liebold (Elsbeth), Simone Schröder (Wigelis) y, especialmente, por una desenvuelta Carolina Ullrich (Margret). Adecuado Michael Eder como Burgomaestre. Menos interesante el Burgvogt de Jügen Müller. Entre los vecinos de Munich estaba un sonoro y adecuado Tilmann Rönnebeck (Pöschel), un correcto Matthias Henneberg (Hämmerlein), un interesante Gunyong Na (Kofel), un modesto Tomislav Lucic (Kunz) y, finalmente, el tenor de carácter Rainer Maria Röhr (Ortlieb). Adecuadas también las dos féminas, interpretadas por Tichina Vaughn (Ursula) y Catalina Bertucci (Walpurg).

El patio del Palacio estaba habilitado con sillas para el evento y ofrecía una estupenda entrada, próxima al lleno total en sus algo más de 800 localidades. Recepción muy cálida a todos los artistas, recibidos con bravos por la audiencia.

La representación comenzó con unas palabras de la organización sobre cómo se había planeado la puesta en escena. La duración de la representación fue de 1 hora y 37 minutos, sin interrupción. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 75 euros, siendo la más barata – filas de atrás – de 30 euros.

José M. Irurzun