Fidelio en Munich: un Bieito pretencioso y aburrido

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Fidelio en Munich: un Bieito pretencioso y aburrido
Fidelio en Munich: un Bieito pretencioso y aburrido. Foto: Wilfried Hösl

El resultado de esta representación de Fidelio ha quedado por debajo de lo esperado, lastrado por una producción escénica pretenciosa y aburrida, una dirección musical por debajo de las expectativas previas, habiendo contado con un reparto vocal adecuado, aunque no especialmente brillante.

La producción escénica que nos ocupa se debe a Calixto Bieito y se estrenó en este teatro en Diciembre de 2010, habiendo sido mal recibida, como lo fue también dos años más tarde en la English National Opera de Londres, que coproducía con Munich. Como digo más arriba, el trabajo de Calixto Bieito es pretencioso, ya que se pone por montera el libreto original de la ópera de Beethoven, eliminando los diálogos, que son sustituidos por nuevos textos de Jorge Luis Borges y de Cormac McCarthy. A eso se añade el hecho de que Bieito decide comenzar con la obertura Leonora 3, ofreciendo al final de la escena de la mazmorra el adagio del Cuarteto de Cuerda opus 132.

A mi me parece que Calixto Bieito está en su perfecto derecho de que no le guste el libreto de de Joseph Sonnleithner y lo lógico sería que no acepte el encargo de hacer una nueva producción. Lo que no se puede aceptar es que un regista meta la mano en el libreto y hasta en la música. Por menos que esto los herederos de Francis Poulenc han demandado Dmitri Tcherniakov a cuenta de las libertades que se ha tomado en su producción de Diálogos de Carmelitas en Munich. Claro que adivina quiénes son los herederos de Beethoven, aparte de que la propiedad intelectual no ampara un plazo de tiempo tan largo. Lo que sí me parece exigible a Bieito y al teatro es que la ópera se anuncie no como Fidelio, sino como basada en Fidelio. No es lo mismo.

Además de pretenciosa la producción es aburrida y eso es otro problema más grave. La escenografía de Rebecca Ringst ofrece una especie de laberinto en plástico y neón, donde los personajes y los figurantes se mueven continuamente sin encontrar la salida y uno acaba harto de tanto movimiento de actuantes, todos ellos con arnés. La supuesta originalidad de Calixto Bieito hace que sea necesario conocer muy bien la ópera para entender lo que pasa en escena, ya que el vestuario (Ingo Krügler) está traído a tiempos modernos y los supuestos prisioneros visten con traje y corbata, como si fueran empleados. Seguramente, para Bieito cárcel y oficina son la misma cosa. Las excentricidades de Bieito llegan al colmo en la escena final, en la que Don Fernando es una especie de payaso con la cara pintada, que no tiene mejor ocurrencia durante su monólogo que pegarle un tiro a Florestán, que cae al suelo. Pero claro, como el coro final exige su presencia, asistimos a su resurrección para poder dar fin a la ópera. ¡Señor, señor…!

La dirección musical estuvo en las manos de Zubin Mehta, en una de las pocas apariciones del maestro hindú en Munich desde que dejara la dirección musical del teatro en el año 2006. Es evidente que los muniqueses guardan un magnífico recuerdo de su paso por el teatro, ya que las muestras de cariño que recibió al hacer su aparición en el podio no dejaban lugar a dudas. La dirección de Zubin Mehta me resultó menos convincente de lo que yo esperaba. He tenido oportunidad a lo largo de los últimos años de asistir a sus interpretaciones de Fidelio en numerosas ocasiones, tanto en Munich como en Valencia, y no ha sido ésta una de las mejores que le recuerdo. Comprendo que dirigir teniendo delante de los ojos la aberración ofrecida por Bieito no puedo ser fácil, pero ya desde la obertura Leonora 3 su dirección se me quedó claramente por debajo de de lo escuchado en esta misma pieza en otras ocasiones. De Zubin Mehta uno siempre espera lo mejor y esta vez no ha estado a la altura esperada. Nada que objetar a las prestaciones de la Orquesta y el Coro de la Bayerische Staatsoper. Siempre me ha dado la sensación de que llevan esta música en los genes y lo mismo me ha ocurrido ahora.

Fidelio en Munich: un Bieito pretencioso y aburrido. Foto: Wilfried Hösl
Fidelio en Munich: un Bieito pretencioso y aburrido. Foto: Wilfried Hösl

La protagonista era Anja Kampe, que ofreció una interpretación convincente de Fidelio, con voz atractiva y canto de gran intensidad y matices, con el inconveniente de estar llevada a su límite en la zona alta, que bordea el grito en más de una ocasión.

El veterano Peter Seiffert fue Florestán y su actuación en términos vocales me ha resultado más convincente que en otras ocasiones. El aria de entrada la resolvió con brillantez y con menos vibrato del esperado.

Franz-Josef Selig fue un Rocco, al que la producción nos lo presenta como una especie de alcohólico y sin escrúpulos. Su actuación fue correcta, aunque no particularmente brillante.

Tomasz Konieczny lo hizo francamente bien en la parte de Pizarro, tanto cantando como actuando. No es culpa suya que el enfrentamiento con Leonora en la escena de la mazmorra acabe provocando la risa en el público, al recibir un botellazo por parte de la protagonista.

Magnífica la actuación de la soprano Hanna-Elisabeth Müller en la parte de Marzelline. La voz es muy atractiva, muy bien emitida y canta con mucho gusto. Además mostró grandes aptitudes para la escalada, con y sin arnés.

Buena impresión también la dejada por el tenor Dean Power como Jaquino. Steven Humes fue un adecuado Don Fernando.

El teatro estaba prácticamente lleno con oferta de entradas en las proximidades. El público dedicó una cálida recepción a los cantantes, siendo las mayores ovaciones para Zubin Mehta, Anja Kampe y Hanna-Elisabeth Müller.

La representación comenzó con 6 minutos de retraso y tuvo una duración de 2 horas y 46 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 7 minutos. Nueve minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 163 euros, habiendo butacas de platea al precio de 91 euros. La entrada más barata costaba 39 euros.

Jose M. Irurzun