Final triunfal del Anillo en Berlín

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Termina la Teatrología wagneriana y con ella este viaje a Berlín, cuyo mayor interés – antes y después – ha sido precisamente el Anillo. El resultado de la entrega final ha sido brillante, pero algo por debajo de lo esperado tanto en términos musicales como vocales, ya que ha habido novedades en el reparto respecto del de hace 3 años y no han sido para mejor. 

Ha sido ésta la última entrega de la producción de Guy Cassiers, que se estrenara en Marzo de 2013. Globalmente, ha sido la producción más convincente de todo el Anillo. Ha vuelto a sacar a escena bailarines, pero esta vez no han molestado, ya que se han limitado a acompañar a Siegfried en su llegada al Palacio de los Guibichungos y en la llegada del héroe a la Roca de Brünnhilde, disfrazado supuestamente de Gunther. Por lo demás, la trama ha estado bien narrada, quizá excesivamente estática, con uso notable de proyecciones de imágenes, que han sido atractivas, cuando se trataba del Rhin o del Fuego, mientras que eran perfectamente prescindibles las que presentaban difusas imágenes de humanoides. La escenografía es prácticamente un homenaje de Guy Cassier y Enrico Bagnoli al escultor belga Jef Lambreaux, reproduciendo parcialmente en vitrinas iluminadas, que también sirven de gradas, sus Les Passions Humaines, que se puede ver en Bruselas. Esta misma obra sirve como telón final en un bajorrelieve, que habrá sido también el telón inicial en el Oro del Rhin. El vestuario de Tim Van Steenbergen sigue la línea de las entregas anteriores y hay una iluminación adecuada por parte de Enrico Bagnoli. En conjunto, es una producción que narra de manera adecuada la trama, con el borrón del Oro del Rhin, que ha sido indudablemente lo peor de todo el Anillo.  

Es obvio que las expectativas, cuando uno viene a Berlín para ver el Anillo del Nibelungo, son muy altas y se deben en gran parte a la presencia en el foso de Daniel Barenboim, que es indudablemente uno de los pocos grandes directores wagnerianos de los últimos años. A estas expectativas todavía se podría añadir el hecho de que hace 3 años fue precisamente en el Ocaso de los Dioses donde nos ofreció su lectura más brillante. No ha sido así en esta ocasión, aunque hay que decir que hemos asistido a una destacada interpretación de esta última entrega. Una cosa es el resultado objetivo y otra distinta su comparación con las expectativas, que en el caso de Barenboim son siempre muy altas. Para mi gusto ha sido en el último acto donde nos ha ofrecido lo más brillante de esta última jornada y aquí nada ha quedado por debajo de lo esperado. 

Sin embargo, hemos asistido a un primer acto, en el que sus tiempos han estado excesivamente ralentizados para mi gusto, ya que hemos asistido posiblemente al primer acto más largo del que jamás he sido testigo. Su duración ha sido de nada menos que 2 horas y 4 minutos. Baste decir que en el reciente Ocaso de Oviedo la duración de este acto fue de 12 minutos menos que aquí y que en la representación de mayor duración a la que me había tocado asistir hasta ahora (Deutsche Oper y Donald Runnicles) todavía su duración fue de 3 minutos menos que ahora. 

La verdad es que después de lo que Daniel Barenboim nos ha ofrecido en Die Walküre y en Siegfried, esperaba otra grandiosa exhibición musical por su parte. No ha sido así, aunque la brillantez ha estado presente. Intachables, como siempre, la Staatskapelle Berlín y el Staatsopernchor. 

El reparto vocal ofrecía algunas novedades respecto al que vimos hace 3 años en el Teatro Schiller y las novedades han quedado por debajo de lo ofrecido entonces. El resultado vocal ha sido un tanto irregular. 

Brünnhilde fue nuevamente interpretada por la soprano sueca Irene Theorin, que volvió a ofrecernos sus virtudes y defectos de tantas veces. Estamos hablando de una soprano dramática, que canta y actúa siempre con gran intensidad y que sería una de las grandes de la historia, sin no fuera por su defecto de siempre, consistente en que sus notas altas son gritadas. Cada uno puede dar a este detalle la importancia que quiera. Reconozco que yo le doy mucha y de ahí que mi gesto se tuerce cada vez que sus gritos llegan a mis oídos. Es un borrón en una estupenda cantante. 

Lo mejor del reparto corrió a cargo de tenor austriaco Andreas Schager, que volvió a demostrar que es el gran Siegfried de la actualidad. Su actuación fue redonda de principio a fin. Todo lo resuelve con una insultante facilidad, incluyendo el terrorífico relato que precede a su muerte y en donde he visto naufragar a más de un colega suyo. Fue la suya una actuación para guardar en el recuerdo durante mucho tiempo. 

Hagen volvió a ser interpretado por Falk Struckmann y su actuación sigue sin resultarme convincente. Para mi gusto este personaje necesita transmitir maldad y amenaza y eso se consigue con una voz adecuada de puro bajo y no con la de Struckmann, que siempre ha sido un barítono, aunque haya perdido, como ocurre a tantos, sus notas más altas. En más de un pasaje, lo encontré corto en las notas bajas, aunque es un intérprete adecuado del personaje en escena. 

La novedad del reparto respecto del de hace 3 años venía de la pareja de hermanos guibichungos, Gutrune y Gunther. Ella ha sido interpretada por la soprano Anna Samuil, que se me hace ligera para el personaje, aunque la voz corre de forma adecuada, pero prefiero una voz más importante que la suya. Como Gunther estaba el ya veterano Roman Trekel, que se quedó corto en el personaje en términos vocales, con una voz con algunas dificultades para salir con claridad del escenario. Eché en falta a Boaz Daniel, que fue quien lo cantó hace 3 años y quien ha sido, por cierto, quien lo ha cantado hace unos días en Oviedo.  

En cambio, me gustó mucho la actuación de la mezzo soprano rusa Ekaterina Gubanova en la parte de Waltraute. La escena de las dos hermanas fue de lo mejor que nos ha ofrecido esta representación, y en ella la Gubanova ha cantado con voz muy adecuada y grandes dosis de expresividad y emoción. Una estupenda actuación la suya. 

Buena nuevamente la actuación de Jochen Schmeckenbecher en la parte de Alberich, cantando con expresividad su escena con Hagen del arranque del segundo acto. 

Las 3 Nornas fueron interpretadas por Anna Lapkovskaja, que doblaba también como Flosshilde, Ekaterina Gubanova y Anna Samuil. Lo hicieron muy bien. 

Finalmente, Evelin Novak (Woglinde) y Natalia Skrycka (Wellgunde) acompañaban a Anna Lapkovskaja (Flosshilde) en las Hijas del Rhin. La actuación de las 3 fue intachable. 

La Staatsoper estaba prácticamente llena. El público dedicó una recepción triunfal a los artistas en los saludos finales, en los que las mayores ovaciones fueron para Daniel Barenboim, La Staatskapelle y Andreas Schager. 

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 5 horas y 40 minutos, incluyendo dos intermedios. Duración musical de 4 horas y 31 minutos. Es la más larga a la que he asistido, solo superada por la de Kent Nagano en Munich hace 7 años. Trece minutos de aplausos. 

El precio de la localidad más cara era de 212 euros, habiendo butacas de platea desde 147 euros. La localidad más barata costaba 44 euros. 

Fotos: M. Rittershaus 

José M. Irurzun