«Fuego» de la Compañía Antonio Gades, un clásico que debe permanecer

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«Fuego» de la Compañía Antonio Gades. Por Cristina Marinero

Teatro Real, 22 de junio. Se ha repuesto en Madrid seis años después de su estreno absoluto en España y no debería volver al “cajón”, al finalizar las cuatro funciones programadas en el Teatro Real, porque es un clásico. Fuego debe estar cada poco en los escenarios, como los otros ballets de Gades, como los de Antonio, Mariemma, Rafael Aguilar, José Antonio, José Granero, Alberto Lorca y todos aquellos que son el sustrato coreográfico de nuestra danza.

La bailarina Esmeralda Manzanas en "Fuego" de la Compañía Antonio Gades.
La bailarina Esmeralda Manzanas en «Fuego» de la Compañía Antonio Gades.

La Compañía Antonio Gades, dirigida en el plano artístico por Stella Arauzo, pertenece a la Fundación que planeó el coreógrafo antes de fallecer, con dirección de Eugenia Eiriz, Josep Torrent como secretario y presidida por su hija, la actriz María Esteve. Su misión es resguardar y difundir el patrimonio de danza del artista, pero para ello tiene que ser programada por los teatros.

Porque necesitamos las referencias coreográficas de Danza Española, los ballets que realizaron los maestros, ya que el arte debe avanzar sobre los pasos de los anteriores creadores. Como muchas veces digo, si existe el Museo Reina Sofía es porque existe el Museo del Prado. El primero no tendría sentido sin el segundo. Lo mismo para la danza. Necesitamos el repertorio de clásicos en los escenarios porque solo con ellos se elevará la nueva creación y tendrá razón de ser.

Fuego es El amor brujo de Antonio Gades y Carlos Saura, estrenado en el Teatro del Châtelet de París en 1989, el mismo escenario en el que los Ballets Russes de Diaghilev se presentaron por primera vez en Occidente, en 1909. Como ya habían hecho con Carmen (1983), coreógrafo y director de cine realizaron primero la película, en 1986, y, después, el ballet. Basado libremente en el original de Manuel de Falla y María Lejárraga, fue la última colaboración entre Gades y Saura. El coreógrafo finalizaría su corpus coreográfico con Fuenteovejuna, considerada su obra maestra, estrenado en 1994.

Fuego se trasladó al escenario con el minimalismo escenográfico que ya vimos en Carmen. Si Bodas de sangre es la filmación casi documental del ballet de 1974, y Carmen combina sala de danza y exteriores porque trufan la historia de Merimée que ensayan, con la relación de los bailarines protagonistas en su realidad diegética, Fuego, cerró el círculo. Volvía a interiores y mostraba que el rodaje y la trama transcurrían en un plató, con ciclorama iluminado y en el decorado de un poblado gitano de estética naturalista estilizada. El artificio proporcionó la veracidad. Para el ballet, los únicos elementos escenográficos son el tendedero colgante de una escena y la luz.

Manzanas en "Fuego" de la Compañía Antonio Gades / Foto: Javier del Real
Álvaro Madrid y Esmeralda Manzanas en «Fuego» de la Compañía Antonio Gades  / Foto: Javier del Real

Esmeralda Manzanas y Alvaro Madrid dan vida a Candelas y Carmelo, los enamorados que ven interrumpida su paz por la aparición del Espectro, encarnado por Juan Pedro Delgado, el marido ya fallecido de la joven gitana que no quiere dejar este mundo, ni a ella. Con la ayuda de la Hechicera (Raquel Valencia) y, sobre todo, de sus vecinos, desaparecerá de sus vidas. Los bailarines tienen asimilado el estilo Gades y Álvaro Madrid, en muchos momentos, hasta parece él con sus personales posiciones de brazos, el tronco estirado y la barbilla ligeramente bajada. En las diferentes escenas de este ballet que altera el final con su apuesta por el grupo como catalizador, y con una Danza del fuego que se queda en la retina, vemos la característica cuarta gadesiana desde el desplante, muy a lo Carmen. Y además del desplazamiento “a lo jinete”, también encontramos esencias de su Bodas de sangre, con más protagonismo aquí de los grupos, que ya apuntan a lo que sería Fuenteovejuna.

Con diseño de vestuario de Gerardo Vera, recientemente fallecido por la covid-19, y a quien homenajean con estas representaciones, e iluminación firmada por Gades, Saura y el experto Dominique You, para este reestreno de Fuego en Madrid se ha contado con la Orquesta Titular del Teatro Real, dirigida por Miquel Ortega. La bella partitura de Falla está intercalada por escenas de corte popular, lideradas en lo musical por Antonio Solera, guitarrista con Basilio García, además de la cantaora Sara Salado y los cantaores Alfredo Tejada, Enrique Bermúdez ‘Piculabe’ y Aser Giménez.

El amor brujo es el título esencial del siglo XX para el desarrollo de la coreografía de Danza Española, desde que Antonia Mercé La Argentina lo estrenó, en 1925, también en París. Antonio Ruiz Soler, el gran Antonio, estrenó con su compañía su aclamada coreografía en 1955, en Londres, referente de varias generaciones. Falla había aprendido a estructurar un ballet con su experiencia de 1917-1919 junto a Diaghilev para crear El sombrero de tres picos, cuya coreografía ideada por Leonide Massine e interpretada por los Ballets Russes era una fantasía de lo que es la Danza Española. Falla trabajó casi una década en transformar en ballet El amor brujo de 1915, al que había llamado “gitanería” en su estreno en el Teatro Lara, calificativo ideado para un curioso montaje narrativo con recitativos, cante y baile, pues, como afirmaba, habían hecho una cosa “rara” a la medida de Pastora Imperio.