Fuenteovejuna de Jorge Muñiz en Oviedo: un estreno que entusiasma

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Fuenteovejuna de Jorge Muñiz en Oviedo
Fuenteovejuna de Jorge Muñiz en Oviedo. Foto: Iván Martínez – Ópera de Oviedo

Fuenteovejuna, primer estreno absoluto en la historia de la Ópera de Oviedo, entusiasma al público del Campoamor. Con música de Jorge Muñiz¸ libreto de Javier Almuzara y puesta en escena de Miguel del Arco, contó con las voces de Mariola Cantarero, Jose Luis Sola, Damián del Castillo y Francisco Crespo y la dirección musical de Santiago Serrate.

Enfrentarse a un estreno absoluto implica tomar una decisión de inicio: la actitud del espectador. De manera más o menos receptiva, uno debe decidir si se sienta en la butaca a (sobre)analizar lo que sucede en foso y escenario, o se deja llevar por un nuevo espectáculo concebido para epatar al público. Y cuando se apagan las luces y aún no se tiene claro qué camino tomar en la butaca, Fuenteovejuna lo pone fácil. Desde el primer momento te agarra de la solapa y no te suelta hasta que han transcurrido las dos horas y cuarenta y cinco minutos de espectáculo.

Fuenteovejuna necesita que el espectador se deje llevar, porque hace muy fácil algo extremadamente difícil: la implicación emocional del público. Y este mérito es compartido por un excepcional trío de creadores: el compositor, Jorge Muñiz, el libretista, Javier Almuzara, y la dirección escénica de Miguel del Arco.

El germen, el texto de Lope, es reelaborado por Almuzara respetando la esencia, ciñéndose al verso clásico, y liberando al espectáculo de tramas secundarias para centrarse únicamente en la tragedia de Laurencia, Frondoso y el Comendador Fernán Gómez. Es el primer gran pilar sobre el que se asienta el espectáculo. Estamos ante un texto sólido, directo y sin concesiones, que hace avanzar la trama sin por ello dejar de detenerse en momentos de honda reflexión, que recogen ecos del pasado y los vuelcan en el presente poniendo, como a menudo sucede con los grandes textos teatrales, al espectador ante un espejo, confrontando realidades para llegar a la conclusión de que nada cambia si no tenemos voluntad de cambio. Resuenan casos de violencia de género y abuso de poder, de corruptelas y desastres ambientales, pero también de lucha popular y de recuperación de la dignidad perdida.

Fuenteovejuna de Jorge Muñiz en Oviedo. Foto: Iván Martínez – Ópera de Oviedo

Y con estos mimbres Jorge Muñiz construye una partitura plena de sentimiento, con un lenguaje melódico y a ratos extremadamente popular (hay funk, hay hip-hop, también salsa y merengue), pero de una indiscutible complejidad que, para su análisis en profundidad, requiere más de una escucha. No obstante Muñiz realiza una amalgama de estilos donde predomina un lenguaje contrapuntístico entre el foso y los cantantes y que funciona de un modo especialmente brillante en los momentos más dramáticos. Si el texto de Almuzara es directo, la música no lo es menos, y apela a emociones primarias, consigue la conexión directa con el espectador y fluye de manera natural al drama, demostrando un gran respeto por el texto. 

Muñiz demuestra un enorme dominio en la escritura vocal, siempre al límite de tesitura, tremendamente exigente para unos personajes desbordados por los acontecimientos. Estas dificultades, dadas por el propio carácter de la obra, dan pie a una lección de orquestación para favorecer que las voces forzadas puedan pasar al patio de butacas sin problemas, sin perder por ello el nervio en la orquesta.

Y el tercer pilar de Fuenteovejuna es la puesta en escena de Miguel del Arco, apoyada en elementos alegóricos siempre presentes: un juego de equilibrios de poder en el escenario con una plataforma móvil, la sequía apremiante del suelo y las torretas de alta tensión dominando el espacio yermo. Del Arco apuesta por recursos cinematográficos, con planos grabados previamente y proyectados en varios momentos: primerísimos planos de miradas o fotos de recuerdos al fondo, que complementan los diálogos; sobreimpresión sobre una gasa de primeros planos de los novios durante el baile de bodas; incluso secuencias enteras para cubrir las elipsis durante los interludios orquestales. A menudo estas proyecciones establecen un diálogo directo con el espectador de una manera subjetiva, colocándole en el lugar del oprimido, haciéndole sentir el terror de Laurencia o el dolor de la tortura. Los juegos de luces y los movimientos escénicos refuerzan una idea efectiva y efectista, que enriquece el mensaje de la ópera y abre nuevas vías de reflexión ante el espectáculo.

El elenco se revela como esencial, con un altísimo nivel de compromiso con la obra, tanto musical como dramático. Mariola Cantarero es una Laurencia inconmensurable, asumiendo un reto dificilísimo por el alto nivel de exigencia durante toda la representación. A su lado José Luis Sola como Frondoso se muestra algo más forzado en los agudos, pero igualmente convincente. Damián del Castillo encarna a un intimidante comendador y Francisco Crespo como Esteban, se revela como decisivo en su monólogo para el levantamiento del pueblo. Completando el elenco Marina Pardo (Jacinta), Luis Cansino (Flores), Juan Antonio Sanabria (Mengo), Isabella Gaudí (Pascuala) y Pablo García López (Juez) se entregan a unos complicadísimos roles que completan la idea coral de la ópera.

Y si hablamos de idea coral, el Coro de la Ópera de Oviedo, bajo la dirección de Elena Mitrevska, asume el papel protagonista durante el tercio final del espectáculo, rayando a un altísimo nivel tanto en los pasajes más contundentes como en los más delicados.

La difícil labor de orquestación ejercida por el Maestro Santiago Serrate al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias consiguió llevar a buen puerto esta noche histórica para la Ópera de Oviedo. Fuenteovejuna es la poesía de Javier Almuzara, la emoción de la música de Jorge Muñiz y el desgarro del teatro de Miguel del Arco. Es Lope. Es vida. Es Ópera.

Alejandro G. Villalibre