Gala de Compañías Residentes de la Comunidad de Madrid: unión creativa

75
Gala de Compañías Residentes de la Comunidad de Madrid
Madrid en danza 2016. Juan de torres en el centro. Gala de las Compañías Residentes de la Comunidad de Madri. Foto: David Mudarra

Desde finales de los años 90 se instauró en la Comunidad de Madrid el concepto de “compañía residente” que, de alguna forma, se inspiraba en los centros coreográficos de Francia, importantes núcleos de danza que supusieron un importante despegue para las compañías emergentes en los años ochenta.

Esa cualidad de “residencia” quiere decir que, tras las pertinentes firmas y gestiones burocráticas con la Comunidad de Madrid y el ayuntamiento de la localidad donde va a asentarse, cada compañía cuenta en ese municipio con salas de ensayo que le proporcionan el respaldo necesario para la creación coreógrafica de nuevas piezas y la estabilidad organizativa. A cambio tiene que “devolverle a la comunidad” (concepto que tanto escuchamos en la cotidianeidad de paises como EEUU) algo de su arte, a través de espectáculos y talleres para pequeños.

In Pulso ha reunido en esta XXXI edición de Madrid en Danza a todas ellas, a excepción de la que dirige Aída Gómez quien, al ser directora artística de este festival, ha optado por no incluir la suya, con sede en Pozuelo de Alarcón.

Esta gala, que en realidad ha sido un espectáculo de creación basándose en fragmentos de obras ya estrenadas por cada una de las formaciones, es el resultado de la simbiosis de estilos y técnicas de estas seis compañías residentes que actualmente trabajan en la autonomía madrileña. Son Ibérica de Danza, en Las Rozas, Larumbe Danza, en Coslada, Rojas & Rodríguez, en Móstoles, Compañía Antonio Gades, en Getafe, Losdedae, en Alcalá de Henares, y Malucos Danza, en Galapagar.

El resultado ha sido un trabajo de colaboración total, con intérpretes que habitualmente trabajan con cada una de ellas bailando obras de otros de los coreógrafos y sumergiéndose de esta forma en estilos que no son los que habitualmente muestran.

La dirección escénica de David Picazo se escogió para dar cohesión y una mirada externa a la obra final que es In Pulso. Como responsable de la iluminación, tal y como leemos, creemos que debería haberse puesto en el lado de la danza, donde el diseño de luces debe dejar ver los cuerpos, ya que el único “pero” de esta creación de creaciones ha sido la excesiva oscuridad con que se nos mostraba todo. Y decimos “todo” porque es lógico que si el vestuario y telones son negros, la iluminación no puede sumir la escena en una casi continua penumbra que, además, no ofrecía matices entre las transiciones y lo que venía después. Pero esto lo pueden corregir si las compañías de la Comunidad de Madrid quieren que In Pulso gire, lo que sería lógico.

Por eso, fue un regalo para los ojos la escena Entretierras I y II, creación del coreógrafo Manuel Segovia, responsable de Ibérica de Danza junto a Violeta Ruiz. Su estilización de las formas y pasos procedentes de bailes y danzas de nuestro folklore –vocabulario que, extraído de la cadena de movimiento tradicional, le sirve como lenguje con el que explorar nuevas mudanzas y por eso se denomina “neofolk”- trajeron luz, no sólo literal, sino también coreográfica, con sutil reinterpretación de los trajes tradicionales y modernas transparencias.

También se disfrutó con la recreación de la escena de la nana de Bodas de sangre, coreografía de Antonio Gades donde Stella Arauzo demostró todo el poso del estilo del maestro y la hondura que mantenía estilizando formas flamencas. Con ella, en el papel de Leonardo, Chevi Muraday ofrecía su personal mundo de movimiento, en un dúo que dejó solemnidad en el ambiente.

Madrid en danza 2016. Foto: David Mudarra
Madrid en Danza 2016. Foto: David Mudarra

Si bien Carlos Rodríguez, de Rojas & Rodríguez, bailó con asimilación de estilos en la coreografía de Segovia y en los momentos de grupo, su solo deTitanium dejó ese halo de vanguardia tomada de la tradición que en el fondo es bailar sobre una chapa metálica (siempre pensamos en Vicente Escudero cuando lo vemos). A su compañero Angel Rojas sólo le vimos en las piezas que proceden de su compañía, inaugurada en los noventa como Nuevo Ballet Español, sin implicarse en el resto de las escenas de In Pulso. Ambos, junto a Sara Cano y Carmen Angulo, ofrecieron también uno de los momentos sólidos de la obra con el dúo y cuarteto de su ballet Dualia.

El mundo de Carlos Chamorro, de Malucos Danza, llevando más lejos en su acercamiento a movimientos contemporáneos nuestra danza española fue una experiencia refrescante con su Trío Psique Tubos y el paso a dos final, que siguió al duelo de navajas de Bodas de Sangre interpretado con la cadencia obligada por Rodríguez y Alvaro Madrid. También fue bello ver escenas de Teresa (Ora el alma) y de Pulso, de Chevi Muraday, liderados por su exquisita bailarina y colaboradora, Paloma Sainz-Aja.

De Larumbe Danza vimos momentos de Passion y El hombre globo, con su particular estilo de movimiento que juega con las extensiones y la velocidad. Tenían, además, un motivo adicional para celebrar esta comunión que ha sido In Pulso ya que su director, Juan de Torres, quiso hacer de esta gala también su despedida del escenario para centrarse ya en exclusiva en las labores de creación y gestión de la compañía con sede en Coslada. Sin embargo, pensamos que quizá In Pulso no sea el final de algo, sino un inicio muy prometedor a que todos estos creadores puedan seguir ofreciendo este título por otros teatros (sólo se ofreció una función en Madrid en Danza) y, de paso, continuar proyectando nuevas coreografías en colaboración.

Cristina Marinero