Generoso recital de Renée Fleming en el Teatro Real

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Generoso recital de Renée Fleming en el Teatro Real
Generoso recital de Renée Fleming en el Teatro Real

Dentro del ciclo de grandes voces, el Teatro Real presentó a la diva americana Renée Fleming con un extraño programa; un popurrí de «grandes» éxitos y otros de no tanto.

La voz de Renée Fleming, siempre escasa de volumen y un timbre especialmente bello, no es lo que era. Acusa problemas de legato, deficiencia en los graves y una dicción defectuosa a excepción de su idioma y del francés.

Comenzó con el “Porgi, amor” de Las bodas de Fígaro de Mozart, ópera con la que obtuvo su primer gran éxito en sus comienzos. Si el pianista estuvo deslavazado y descuadrado con emborronamiento y notas falsas evidentes, la soprano tampoco estuvo en su salsa. El tiempo lentísimo tampoco ayudó. Vinieron después dos arias de Haendel de las ópera Agrippina y Giulio Cesare in Egitto que mostraron que no es su mejor repertorio mostrando unos agudos abiertos.

Cerró la primera parte el ciclo de Schumann Frauenlibe und leben, lo mejor sin duda de esta parte. Allí expresó con una musicalidad magnífica toda una gama de sentimientos y emociones.

La segunda parte más interesante incluyó dos canciones de Donaudy y Tosti bien cantadas pero incomprensibles además de «La Matinata» de Leoncavallo y de dos arias: L´altra notte in fondo il mare de Mefistofele de Boito en donde se pudo disfrutar de la cantante en plenitud, sin problema alguno en los agudos y agilidades; y “Adieu notre petite table” de la Manon de Massenet. En esta última la voz sonó delicada y rotunda en un perfecto francés. Del mismo compositor interpretó el aria de Thais “C´est Thais, L idole fragile”, extraordinariamente cantada.

Terminaba el recital con “Soirée en mer” desconocida pieza de Saint-Saëns Je t aime quand méme de la opereta de Oscar Strauss Trois valses.

Y llegaron las propinas, nada menos que seis. Lo mejor sin duda fue Summertimede Porgy and Bess de Gershwin magníficamente cantada con un expresividad extraordinaria y un sentido melódico impecable.

La inevitable “O mio babbino caro” de Gianni Schicchi de Puccini y dos canciones en un español ininteligible. Estrellita de Ponce y La morena de mi copla interpretada con soltura y desconocimiento del uso del abanico. Terminó con «Morgen» de R. Strauss cantada con gran refinamiento y gusto.

Se dirigió al público con gran soltura y simpatía introduciendo alguna de las piezas. Indudablemente es una artista comunicativa y generosa. El público disfrutó y aplaudió también con generosidad.

Previamente, el día anterior dio cuatro clases magistrales a cuatro cantantes en la Escuela superior de Canto. Ante un teatro abarrotado demostró que es una gran pedagoga con un dominio de la técnica sobresaliente. Después mantuvo un coloquio con el público, la mayor parte estudiantes, con consejos muy eficaces y aclaratorios. Terminó con una rueda de prensa en la que contó, entre otras cosas, su próxima retirada de los escenarios operísticos con la mariscala de El caballero de la rosa de R. Strauss en el Covent Garden de Londres y Nueva York para dedicarse después a conciertos y recitales.

Renée Fleming, en su tercera aparición en Madrid hizo gala de una generosidad nada habitual en los cantantes.

Francisco García-Rosado

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