Gestores, artistas y entusiastas discuten sobre la crisis en los teatros andaluces de ópera

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Este año, el Teatro de la Maestranza de Sevilla ha tenido que disminuir el número de producciones líricas para intentar mantener la calidad de las mismas, reduciendo también el caché y la generación de recursos propios. En Málaga, el Cervantes afronta del mismo modo una temporada lírica bajo mínimos, que ha perdido incluso a su público más fiel; ni siquiera el regreso de Carlos Álvarez a su tierra conseguía llenar el auditorio malagueño, lo que refleja la insatisfacción por producciones como Falstaff, que se ofrecen en concierto y, por tanto, no alcanzan la plenitud de un espectáculo operístico tal y como los aficionados lo conciben.

En los dos casos anteriores, el denominador común es el mismo: un recorte de 56% en las subvenciones del Teatro de la Maestranza; o un presupuesto de 40.000 € en el Cervantes que resulta irrisorio si se compara con los 200.000 € que recibía años atrás.

En el XXV aniversario del Coro de Ópera, el Museo Interactivo de la Música daba cabida el pasado 23 de noviembre a una mesa redonda en la que se discutieron los efectos de la crisis sobre la programación lírica de los principales teatros andaluces. En ella participaron las directoras gerentes del Maestranza y el Cervantes, Remedios Navarro y Charo Ema, respectivamente; Manuel del Campo y Carlos Álvarez en representación de los artistas, y Francisco López (presidente de la Asociación Amiga de la Ópera de Málaga), poniendo voz a los aficionados.

Respecto de los principales problemas de raíz presupuestaria a los que gestores culturales, artistas y aficionados aludían, todos coincidieron en un problema de mayor calado: la falta de voluntad política a la hora de ofrecer soluciones para preservar un recurso tan valioso a largo plazo («motor» del «atractivo cultural» de ciudades como Málaga, según señalaba Carlos Álvarez), al que se une la ausencia de profesionales de la cultura en las principales administraciones. Charo Ema llegaba más lejos al situar el origen de este desinterés en una falta de educación musical desde la niñez.