Gianni Schicchi en México: Puccini en una tarde deleitable. Suave brisa llena de sol.

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Gianni Schicchi en México: Puccini en una tarde deleitable. Suave brisa llena de sol.
Gianni Schicchi en México: Puccini en una tarde deleitable. Suave brisa llena de sol.

Contra todos los malos augurios que algunas aves rapaces y agoreras, de esas que las ha dado por presagiar todos los males y a veces, así lo parece, hasta desearlos, se equivocaron rotundamente. La presentación de la ópera cómica del Tríptico de Puccini, esa historia llena de maldad entre una familia supuestamente aristocrática florentina, que anhela la muerte de su viejo y rico tío Buoso Donati, para quedarse con la cuantiosa herencia que creen merecer, es una ópera que en una escasa hora nos lleva a conocer a toda una galería de personajes entrañables, humanos, demasiado humanos, que se retratan en sus ambiciones y apetencias.

En una gran carpa frente al Palacio de Bellas Artes, con la Alameda atrás, se montó una escenografía sencilla pero funcional, consistente en la casa donde los Donati esperan el fin de su pariente. Una bella imagen de la ciudad de Florencia en la bella Italia, puede verse a lo lejos con su portentosa arquitectura. Elevado el escenario permite a la orquesta colocarse al frente imitando al foso de un teatro de ópera. Una sillería nos permitió, a los que llegamos temprano, con mucha anticipación como este villamelón lo hizo, contemplar con cierta comodidad el espectáculo. Otros que llegaron tarde se acomodaron donde pudieron o presenciaron la función en la pantalla que ya se ha vuelto habitual para transmitirla. El clima de esa tarde calurosa ya había apaciguado y era muy agradable, un cielo despejado vespertino, y una suave brisa fresca hicieron el ambiente dominical encantador y disfrutable.

Gianni Schicchi en México: Puccini en una tarde deleitable. Suave brisa llena de sol.
Gianni Schicchi en México: Puccini en una tarde deleitable. Suave brisa llena de sol.

Los organizadores del evento trabajaron con gran eficiencia y cortesía con el público que mezclo entre sus concurrentes a las amistades y parientes de los participantes, y al público, compuesto de adultos mayores, familias, parejas de novios o esposos, y quien usted quiera agregar. Una fiesta popular variopinta y disímbola que estuvo feliz riendo y entendiendo todo lo que sucedía. La obra fue cantada en español, con giros idiomáticos muy mexicanos, pues los “florines” que heredó el falso testador disfrazado y fraudulento, se convirtieron en “pesos” y el usurpador Giovanni Schicchi era un “ranchero”. La sonorización muy bien hecha permitió escuchar perfectamente las voces y la dicción de los intérpretes fue muy clara y cuidada. La dirección musical de Allen Vladimir Gómez con la Orquesta Sinfónica de Zapopan y la de escena de Federico Figueroa fueron precisas, ágiles, llenas de movimiento y acción.  El elenco numeroso era de cantantes la mayoría pertenecientes al EOBA (Estudio de Ópera de Bellas Artes) encabezados por ese extraordinario actor y cantante profesional y experimentado el barítono Armando Gama quien hace una creación excelente del protagonista. Todo el elenco cantó y actuó con gusto, pasión, entrega y entusiasmo. La gente participaba con sus risas y aplausos y todos salimos felices y encantados de la vida.

Es una labor que merece de nuestro apoyo y entusiasta aplauso esta de presentar ante un público diferente estas obras dignas de conocerse y disfrutarse. El trabajo de preparación de esta ópera, que anteriormente se presento también en Zacatecas y Zapopan es digna de elogio. La EOBA, dirigida por el incansable maestro Rogelio Riojas-Nolasco y coordinada por José Octavio Sosa Manterola empieza ya rendir buenos frutos, y se anuncian más, poniendo en escena producciones operáticas que nos hacen tener, todavía, esperanzas de que la Ópera pueda recuperar el lugar de estima que alguna vez tuvo. ¡Enhorabuena!

Manuel Urízar Rojas