Giulio Cesare in Egitto con Cecilia Bartoli, Andreas Scholl y Philippe Jaroussky

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Giulio Cesare in Egitto con Cecilia Bartoli, Andreas Scholl y Philippe Jaroussky
Giulio Cesare in Egitto con Cecilia Bartoli, Andreas Scholl y Philippe Jaroussky

Como era previsible, el tándem de directores de escena franco-belgas formado por Moshe Leiser y Patrice Caurier (que se ha puesto muy de moda gracias a Cecilia Bartoli en Salzburgo y Alexander Pereira en La Scala) no iban a perder la ocasión de situar la historia de Giulio Cesare in Egitto -que, no olvidemos, gira en torno a la invasión del general romano de una de sus principales colonias- en la conflictiva zona de los territorios ocupados en la actualidad. Esta controvertida producción marcaba el inicio del reinado de la cantante romana como directora artística del Festival de Pentecostés de la ciudad de Mozart, sucediendo a otro ilustre compatriota, Riccardo Muti, que había recuperado varios títulos olvidados con su habitual cuidado en la selección de los cantantes y los montajes (aunque hubo cosas mucho más interesantes que “I due Figaro” de Saverio Mercadante que vimos en el Teatro Real). Pero, volviendo a la ópera de Haendel, hay que decir que recibe una visión enormemente tensa, con personajes y acciones muy extremas. Pero que, justamente por eso, tanta violencia termina por cansar y se hace hasta incluso obvia. No hay que olvidar que estamos acostumbrados a ver a diario imágenes y escenas muy parecidas, por desgracia, de la realidad.

La cuestión musical es, por el contrario, difícilmente superable, empezando por la dirección musical de Giovanni Antonini a frente de su grupo, Il Giardino Armonico, todo un lujo en el aspecto instrumental, de una riqueza sonora absoluta y una adecuación estilística fuera de toda objeción. Y siguiendo por un reparto prácticamente inmejorable hoy en día. Cecilia Bartoli tiene suficientes ocasiones de lucimiento en el papel posiblemente más agradecido de la obra, con arias tan variadas como la doliente “Piangerò la sorte mia” o la triunfante “Da tesmpesta”. Por lo demás, ofrece toda su galería de recursos técnicos (y manierismos), en una Cleopatra más ambiciosa y calculadora que realmente seductora. A su lado tenemos a Andreas Scholl en el papel titular. Su voz tal vez no sea tan bella y diferenciada como la de otros colegas, pero el artista alemán es de una extraordinaria musicalidad y preparación (esto lo vemos en momentos tan destacados como “Va tacito e nascosto”, con el solo de trompa), y además otorga una atractiva virilidad al personaje.

Del resto de contratenores, el timbre un tanto atiplado y un punto infantil va muy bien a Philippe Jaroussky como impulsivo Sesto, y Christophe Dumaux hace toda una creación (también en lo físico) como el odioso y arribista Tolomeo. Y hace ilusión ver en un pequeño “cameo” como Nirena, la sabia nodriza de la reina, al veterano Jochen Kowalski.

Aunque quizá los instantes más conmovedores nos los proporcione Anne Sofie von Otter en Cornelia, que sabe dar toda su dignidad a la viuda de Pompeyo y tiene a su cargo un “Priva so d’ogni conforto” de antología, al igual que el dúo con su hijo que cierra el I acto, “Son nata(o) a lagrimar”. 

Rafael Banús Irusta