Götterdämmerung en Munich: apoteosis musical

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Götterdämmerung en Munich: apoteosis musical
Escena de Götterdämmerung en Munich

Termina el Anillo del Nibelungo con este Götterdämmerung en Munich, cuyo resultado se puede considerar sobresaliente musicalmente. Escénicamente, las cosas han sido más discutibles y, finalmente, el apartado vocal ha tenido un buen nivel, aunque haya habido en la jornada final alguna cancelación de importancia, que ha afectado al resultado artístico.

En mis comentarios a Sigfrido me refería a la producción de Andreas Kriegenburg como un trabajo que me había dejado una impresión bastante más mitigada que en la primera ocasión que la ví en 2012. Yo achacaba la distinta impresión a la desaparición del factor sorpresa. Algo parecido tendría que escribir nuevamente, ya que su trabajo supone una feroz crítica a la sociedad capitalista, a la que considera responsable de la crisis que hemos padecido y de los accidentes provocados, como el caso de Fukushima en Japón. Lo cierto es que tanto la crisis como el accidente nuclear tenían mucha más actualidad en el año 2012 que tres años más tarde. No es que la visión del regista alemán deje de tener interés, sino que ha perdido actualidad, aunque haya todavía políticos que se niegan a ver que la crisis ha sido en gran parte superada, lo que no quiere decir que las medicinas aplicadas no hayan dejado heridas profundas.

En el final de la ópera es cuando me ha parecido entender de manera más clara la idea de Kriegenburg y el uso de los numerosos figurantes, que no resultan un capricho, sino algo que responde a su concepción dramática. El egoísmo, el ansia de poder, la lucha por el oro, han traído consigo la destrucción – llamémosla crisis -, llegando a la Inmolación de Brünnhilde, devolviendo el oro a sus orígenes. Curiosamente, en los acordes finales del motivo de la Redención, aparece en escena todo el grupo de figurante vestidos de blanco, que acogen a la superviviente de la catástrofe (Gutrune) y hacen una piña todos ellos, mientras suena esa música maravillosa y prometedora.

La escenografía para el Götterdämmerung en Munich de Harald B. Thor nos ofrece una gran sala en varios niveles, que viene a representar el cuartel general de un gran banco o quizá de un gran medio de comunicación. Es el cuartel general de los guibichungos. Escenario moderno, impersonal y deshumanizado, en el que los empleados van curiosamente uniformados al estilo chino (muy interesante el detalle, a poco que uno piense en el origen de la crisis). El mayor problema de esta escena es que rompe totalmente con el apego a la naturaleza de las tres entregas anteriores. En el último acto el edificio ha entrado en auténtica decadencia, terminando con una pira funeral al fondo. El vestuario de Andrea Schraad es adecuado y hay una destacada iluminación por parte de Stefan Bolliger.

Kriegenburg nos ofrece a Hagen y Gunther como unos depravados dirigentes en busca de poder y dinero, con Gutrune en plan de señora estupenda, cuya relación con su teórico hermano es bastante equivoca, pareciendo más bien ser su entretenida. En todo el segundo acto el símbolo dorado del Euro, en forma de caballito con balancín es sumamente significativo. El coro usa continuamente teléfonos móviles para pasar y recibir mensajes y sacar fotografías, lo que resulta un tanto cargante a lo largo del segundo acto. Me quedo con una buena impresión de la producción, aunque bastante más mitigada que cuando se estrenó hace tres años.

El auténtico triunfador de esta tetralogía ha sido Kirill Petrenko. Es evidente que en Munich están encantados con él, ya que las reacciones de la audiencia nada tienen que ver con lo que conseguía de ellos Kent Nagano antes de ser sustituido por Petrenko. Nuevamente su dirección ha sido muy viva y brillante. Lo menos extraordinario por parte de Petrenko fue su dirección del primer acto, cuya excesiva duración le hace particularmente complicado para mantener la tensión de principio a fin. A mi parecer faltó algo más de emoción en la escena de Waltraute y Brünnhilde, compensada por una dirección magnífica de la escena de la entrada de Sigfrido con el yelmo para llevarse a Brüunhilde para Gunther. Los dos actos últimos fueron magníficos y así lo entendió el público, que recibió a Petrenko y su orquesta de pie, como movidos por un resorte, y entre un vendaval de aclamaciones. La Orquesta de la Bayerische Staatsoper estuvo impresionante, mostrando también poderío y musicalidad el Coro.

Götterdämmerung en Munich: apoteosis musical
Escena de Götterdämmerung en Munich

Como Brünnhilde estaba anunciada Petra Lang, pero algo inesperado debió de ocurrirle cuando no dio tiempo de cambiar su nombre en el programa de mano, donde seguía anunciada. Fue sustituida por la soprano Rebecca Teem, aunque muchos espectadores no se enteraran del cambio. Rebecca Teem ha sido Brünnhilde en teatros de segunda fila en Alemania, habiendo cantado también en el Anillo de Frankfurt. Tiene un hándicap notable, consistente en su poco adecuada figura, mientras que la voz resulta adecuada en el centro y brilla en las notas altas, que, a veces, no están perfectamente controladas. Su talón de Aquiles radica en las notas graves, que resultan prácticamente inaudibles. Como intérprete tampoco tiene excesivo interés. En suma, una sustitución de última hora, que podemos considerar honorable en su conjunto, aunque nunca pudo hacer que nos olvidáramos de Petra Lang.

Stephen Gould volvió a hacer una demostración de poderío, calidad y afinación en el personaje de Siegfried. Ya había cantado en la ocasión anterior a la que me he referido anteriormente, pero ahora las cosas han rodado mucho mejor para él y, por supuesto para los espectadores. Se trata sin ningún género de dudas del mejor Sigfrido de la actualidad, dejando en la sombra a todos sus demás colegas.

Muy bien también el bajo Hans-Peter König como Hagen, impresionante de poderío y con una voz que no puede ser más adecuada a la maldad del personaje. Como en el caso de Stephen Gould, estamos con el ante el mejor Hagen de la actualidad.

Como en la ocasión anterior Anna Gabler dio vida a Gutrune y ofreció una interpretación plenamente convincente en escena, ya que es difícil imaginar una Gutrune tan adecuada. Vocalmente, la he encontrado mejorada respecto de hace 3 años. Dobló también como Primera Norna en la escena inicial.

El barítono Alejandro Marco-Buhrmester fue un correcto Gunther, quizá un poco más lirico que lo que el personaje requiere.

Tomasz Konieczny volvió a ser Alberich, actuando de manera solvente en la escena del segundo acto con su hijo Hagen.

Okka Von Der Demerau tuvo una buena actuación como Waltraute, aunque me resultó menos emotiva que lo que puede esperarse de este agradecido personaje.

Finalmente, las 3 Nornas eran Okka Von Der Demerau, que doblaba como Waltraute, Nadine Weissmann, que lo hacía como Flosshilde, y Anna Gabler, que doblaba como Gutrune.

En cuanto a las Hijas del Rhin, además de Nadine Weismmann (Flosshilde), estaban Hanna Elisabeth Müller (Woglinde) y Jennifer Johnston (Wellgunde).

El teatro estaba una vez más lleno completamente, con numerosos letreros de Suche Karte en el exterior. El público mostró su indudable entusiasmo con los artistas, siendo las mayores ovaciones para Kirill Petrenko, Stephen Gould y Hans Peter König.

La representación comenzó con 5 minutos de retraso y tuvo una duración total de 5 horas y 29 minutos, incluyendo dos entreactos. Duración puramente musical de 4 horas y 7 minutos, o sea 32 minutos más rápida que la de Nagano hace 3 años. Público en pie y 15 minutos de ovaciones, de los cuales los dos últimos fueron empeño de unos cuantos espectadores.

El precio de la localidad más cara era de 163 euros, habiendo butacas de platea por 92 euros. La entrada más barata sentado era de 40 euros.

José M. Irurzun