Gran ejecución musical y escénica para El Ángel de Fuego en Munich

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Gran ejecución musical y escénica para El Ángel de Fuego en Munich
Gran ejecución musical y escénica para El Ángel de Fuego en Munich. Foto: W.Hösl

Esta ópera de Prokofiev no es de las frecuentes en los repertorios de los teatros de ópera y, sin embargo, el éxito viene acompañando a sus representaciones, como ha ocurrido ahora en Munich, donde nunca se había representado hasta que se estrenó esta nueva producción hace unos meses. Se trata de una ópera de contenido un tanto fantástico, en la que se mezcla realidad y delirios a lo largo de la misma. Como ocurriera hace un par de años en la Komisch Oper de Berlín, la representación ha sido un éxito, basado en una estupenda producción escénica y una magnífica dirección musical, mientras que el reparto vocal – difícil donde los haya – no ha sido particularmente brillante.

La producción escénica lleva la firma del australino Barrie Kosky, cuyos trabajos son siempre garantía de calidad e imaginación. Me llamaba poderosamente la atención que fuera él el responsable de esta nueva producción, ya que se trata del director de la Komisch Oper de Berlín, donde él estrenó la actual producción de esta ópera del también australiano Benedict Andrews, que ha sido un gran éxito desde entonces. No deja de ser curioso.

Gran ejecución musical y escénica para El Ángel de Fuego en Munich. Foto: W.Hösl
Gran ejecución musical y escénica para El Ángel de Fuego en Munich. Foto: W.Hösl

Si la producción de Benedict Andrews en Berlin me pareció un auténtico hallazgo, algo parecido se puede decir ahora de la de Barrie Kosky. No es fácil montar una producción de esta opera, en la que tanto se mezcla realidad y fantasía, pero la imaginación de Barrie Kosky supera todas las dificultades. La escenografía de Rebecca Ringst es casi única para los 5 actos de la ópera, desarrollándose en una suite de un hotel, en la que todo se mueve para figurar distintas escena. Techo, muebles y paredes están en movimiento, sirviendo perfectamente a la trama. El vestuario de Klaus Bruns es moderno para los protagonistas y extraño e imaginativo para el resto de personajes (muchos de ellos fantásticos), llamando poderosamente la atención el ofrecer en el último acto a las monjas vestidas con túnicas blancas, barbas y coronas de espinas, como si de Jesucristo se tratara. La iluminación de Joachim Klein es un buen complemento a la producción.

Destaca sobre manera la dirección de escena de Barrie Kosky. Hace una labor espectacular con la protagonista, que no abandona la escena en toda la representación, resultando imaginativa y divertida la escena de la aparición de Mefistófeles. En estos tiempos de relecturas y abusos, se agradece que un director de escena ofrezca imaginación a raudales, poniéndose al servicio de la música y el texto. No es de extrañar que, rompiendo las modas actuales, la producción hubiera sido recibida con sonoros bravos en su estreno.

El otro elemento excepcional de esta representación ha sido la dirección musical de Vladimir Jurowski..Como digo más arriba, no se tienen muchas oportunidades de ver esta ópera y he tenido la suerte de poder verla en dos ocasiones y con dos directores magníficos. Me refiero a Henrik Nanasi en Berlín y ahora a Vladimir Jurowski. Se nota que el ruso ama la música de Profofiev y nos brindó una ejecución musical espectacular, obteniendo un resultado magnífico de la Bayerische Staatsorchester, brillante como pocas veces. También hay que destacar la labor del Coro de la Bayerische Staatsoper, que lo bordó en la parte femenina en el último acto.

Como en Berlín en la ocasión anterior, el personaje de Renata fue interpretado por la soprano rusa Svetlana Sozdateleva, cuya encarnación escénica es impresionante, con una extraña identificación con el personaje. Prácticamente, no sale del escenario en toda la ópera, tiene muchísimo que cantar y su parte no es nada fácil. La rusa lo hizo admirablemente, como lo hiciera en Berlín, aunque vocalmente resulta apretada en muchas ocasiones y su instrumento no tiene una gran belleza.

El otro gran protagonista de la ópera es Ruprecht, aquí encarnado por el barítono ruso Evgeny Nikitin, que lo hizo de manera convincente en escena, aunque me reafirmo en la impresión que me produjo en Telramund de que no está en su mejor momento.

El resto de personajes tienen menos importancia y fueron muy bien cubiertos en todos los casos. Goran Juric fue un sonoro y adecuado Inquisidor, Kevin Conners fue un divertido Mephistóheles, notable actor y cantante. Vladimir Galouzine encarnó a Agrippa y su voz no corre con la facilidad de hace un tiempo, con tendencia a quedarse atrás. Adecuada, Heike Grötzinger como la Directora del Hotel. Bien también, Elena Manistina como Echadora de cartas. Adecuada también Okka Von Der Damerau como Abadesa.

El teatro estaba lleno una vez más y el público dedicó una recepción triunfal a los artistas, especialmente a Vladimir Jurowski y a Svetlana Sozdateleva.

La representación comenzó con los consabidos 6 minutos de retraso y tuvo una duración total de 2 horas y 7 minutos, sin interrupción, salvo unas pequeñas paradas entre actos. Duración musical de 2 horas justas. Once minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 132 euros, habiendo butacas de platea desde 74 euros. La entrada más barata con visibilidad costaba 30 euros.

José M. Irurzun