Gran Otelo en el Festival de Pascua de Baden Baden, a cargo de Robert Wilson y Zubin Mehta

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Otelo en el Festival de Pascua de Baden Baden. Foto: Lucie Jansch

El Festival de Pascua de Baden Baden nos trae este año un magnífico Otelo, a cargo de Robert Wilson y Zubin Mehta, con la Filarmónica de Berlín.

El Festival de Pascua (Osterfestspiele) de Baden Baden, en Alemania, se ha convertido en una de las citas europeas más importantes para los amantes de la ópera. Desde sus inicios en 2013, en él se presenta cada año una gran producción de ópera como plato fuerte. Hasta la última edición, todas las óperas han estado a cargo de Simon Rattle, director principal de la Filarmónica de Berlín. Sin embargo, la batuta la maneja el gran Zubin Mehta en el Otelo de Verdi que encabeza el cartel de este año, aún cuando la interpretación sigue a cargo de la Filarmónica de Berlín. Mehta reemplaza al inicialmente previsto Daniele Gatti, que ha debido renunciar por problemas de salud. Este excepcional tándem, uno de los mejores directores de orquesta guiando a una de las mejores filarmónicas del mundo, se completa con el reputado director de escena Robert Wilson. El resultado es un magnífico Otelo que saca el máximo partido a una sala como la Festspielhaus, el teatro de ópera más grande de Alemania.

La historia, basada en el drama de Shakespeare, gira en torno a los celos de Otelo hacia su mujer, Desdémona, a los que es empujado por su alférez Yago. Otelo, en su papel como nuevo gobernador de Chipre, nombra a uno de sus hombres, Casio, capitán de la armada, puesto que Yago confiaba obtener. Para vengarse, Yago confabula con Roderigo, que está enamorado de Desdémona y también quiere acabar con el gobernador. El personaje de Otelo, que se presenta victorioso y enamorado al inicio de la obra (una gran innovación de Verdi, la apoteosis musical nada más comenzar la pieza), irá cayendo en desgracia, consumido por los celos fruto del complot de Yago, hasta desembocar en el trágico final.

Verdi logró con Otelo la que posiblemente es la mejor adaptación a la ópera de una obra de Shakespeare. Él y el libretista Arrigo Boito supieron centrarse en el que muchos consideran el personaje principal de la pieza, el malvado Yago. Para ello, eliminaron el primer acto de la tragedia, en el que se cuenta la boda de Otelo y el origen del rencor de Yago, y cambiaron numerosos pasajes, añadiendo reflexiones sobre el mal y la inocencia. Yago no es más que un humano que quiere ascender en la escala social y que al mismo tiempo es capaz de sembrar la semilla de los celos en Otelo para evitar mancharse las manos de sangre, aprovechando la confianza que el gobernador tiene en él. La apropiación de este arquetipo en muchos dibujos animados es un ejemplo entre tantos de lo intemporal de los personajes y situaciones propuestos por Shakespeare.

La puesta en escena de Wilson realza lo siniestro de este personaje, interpretado por un Vladimir Stoyanov maquillado como un visir malvado. La tragedia se adivina ya en la elección de los colores. Todos los personajes van de negro excepto la inocente Desdémona, que va de blanco. Un blanco que se replica en el maquillaje de todo el elenco, presumiblemente inspirado en el teatro kabuki. Wilson hace aquí una elección de colores demasiado simple y evidente pero que surte efecto en el último acto, cuando muere Desdémona rodeada de todas esas figuras negras que quizás nunca se dieron cuenta de su verdadera pureza. Un poco más de variedad en el vestuario ayudaría a distinguir mejor a los personajes durante el primer acto, un tanto confuso.

La simpleza en la presentación de los protagonistas se ve compensada por la riqueza de composición del decorado. Si bien repitiendo colores similares, una gran variedad de formas geométricas se suceden en el fondo, unas veces sugiriendo motivos, como los arcos de la mezquita de Córdoba (clara alusión al origen moro de Otelo), y otras formando composiciones que parecen tiradas del constructivismo soviético. Las figuras entran en escena deslizándose desde los laterales o descolgándose del techo en lo que parece un homenaje a los antiguos decorados de ópera, cuando las tramoyas eran sólo mecánicas.

Otelo en el Festival de Pascua de Baden Baden. Foto: Lucie Jansch
Otelo en el Festival de Pascua de Baden Baden. Foto: Lucie Jansch

Pero donde Wilson realmente impresiona es en la iluminación, que ya se ha convertido en su marca de fábrica. Gran parte de la fuerza de esta puesta en escena viene de la luz, de cómo dibuja horizontes, cómo destaca y oculta a los personajes, y cómo cambia súbitamente acompañando los efectos de la música.

Mención aparte merece, por su incongruencia con respecto del minimalismo del resto de elementos, la gran maqueta de elefante tumbado (¿quizás moribundo?) que nos recibe antes de que comience la música. Quizás hace referencia a la decadencia de Otelo, también de origen africano, pero lo abstruso del motivo y, sobre todo, el hecho de que no reaparezca más adelante, lo hace accesorio.

En cuanto a las voces, el dúo de Stuart Skelton (Otelo) y Sonya Yoncheva (Desdémona) es simplemente excepcional. Mezcla de geisha, muñeca y santa, Yoncheva se desplaza hieráticamente por el escenario haciendo gala de un control magnífico del timbre en los momentos de contención y sin ningún vacile en los agudos. La potencia de su voz pone los pelos de punta, ayudada sin duda por la buena acústica de la Festspielhaus. Por su lado, Skelton redondea bien las notas, colocándolas en el momento justo, con un aplomo propio de la personalidad de Otelo. Lástima que el precio a pagar sea su posición de la boca al cantar, como de lado, especialmente en el desvanecimiento de cada frase, lo que afecta inevitablemente a sus cualidades interpretativas.

La otra gran estrella es Vladimir Stoyanov, cuyas capacidades interpretativas y su magnífica voz configuran un Yago muy convincente. La calidad de su canto empaña en parte la de sus otros compañeros masculinos, con los que comparte frecuentes duetos. Francesco Demuro (Cassio) consigue compensar esto con una interpretación muy humana y divertida, especialmente en la escena en la que lo emborrachan. La otra cantante femenina a parte de Yoncheva, Anna Malavasi (Emilia), ofrece una voz con garra, capaz de dejarse oír fácilmente sobre la orquesta.

Está claro que la ciudad de Baden Baden ha apostado fuerte por convertir su Festival de Pascua en una de las citas claves del año. Wilson, Mehta y todo el elenco nos ofrecen un Otelo que creemos tendrá un buen lugar en la historia de las representaciones de este clásico de Verdi.

Julio Navarro