Gran triunfo de Albelo y Stoyanov con Rigoletto en el Comunale di Bolonia

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Rigoletto en el Comunale di Bolonia. Foto: Rocco Casaluci
Rigoletto en el Comunale di Bolonia. Foto: Rocco Casaluci

Con un doble reparto de desiguales prestaciones se ha presentado esta nueva producción a cargo de Alessio Pizzech en lo escénico y un siempre valor seguro en lo musical como Renato Palumbo. Vocalente han destacado las voces del trio protagonista Irina Lunga-Celso Albelo-Vladimir Stoyanov.

Acudir a una representación de Rigoletto siempre es un placer y una invitación a la reflexión de las motivaciones más íntimas de sus personajes en su vertiente relacional y que nunca acabas de entender sobretodo con ciertas puestas en escena como la presente que en una primera apreciación puede parecer muy superficial y gratuita pero que tras una segunda visión no deja de aportar ideas sugerentes como la decrepitud y bajos fondos en los que se asemejan el Palacio del Duca y la casa de Sparafuccile concretados en el imaginario del regista en una gran cama común y un barco de drogadictos respectivamente.

La trasformación del serrallo femenino del Palacio Ducal es admirable y con la figura de la hija de Monterone nos da la pista del uso y abuso de estas criaturas que pasan de un placer permitido y consentido a unas victimas del sadismo y abuso de la corte. Bravo por el trabajo de la figuración femenina de la producción.

Hacer de Gilda una niña que juega con muñecas y ser casi una de ellas no deja de ser ridículo cuando la caracterización de la soprano por mucho que se esfuercen no consigue ser creíble, sin embargo la fuerza del discurso vocal de Irina Lungu nos permitió disfrutar de una Gilda sin fisuras en ninguno de los registros, superando las prestaciones siempre dignas de Scila Cristiano más entregada en lo escénico pero con algunas deficiencias en el registro más grave que exige el compositor para el tercer acto.

Raffaele Abete fue un verdadero galán de cine en su presentación como Conde pero vocalmente ha de pulir mucho la línea y fraseo de un instrumento generoso que sobrepasa el volumen a la calidad. Todo lo contrario a uno de los papeles fetiche del tenor canario Celso Albelo cuya línea de canto es impoluta, su fraseo de una belleza embriagadora aunque su personaje sea tan cínico y sádico como escribió ya en el original Victor Hugo. Tanto las páginas de conjuntos como solistas fueron impecables pero la difícil “Ella mi fu rapita” fue de antología” por la esquizofrenia que conlleva la misma junto con la parte más lírica que vocalmente exige. Y por otra parte su capacidad actoral hacen de su prestación como Duca uno de sus papeles más brillantes en la actualidad.

Rigoletto en el Comunale di Bolonia. Foto: Rocco Casaluci
Rigoletto en el Comunale di Bolonia. Foto: Rocco Casaluci

Vladimir Stoyanov es un barítono reconocido a nivel internacional que sin caer en protagonismos baratos se ha forjado una carrera respetable y que le ha permitido afrontar roles y retos difíciles con éxito en cada uno de ellos.

Su Rigoletto del Comunale tuvo un doble aliciente, en primer lugar por las exigencias de la regia que no ayudaban con una presentación y vestuario un tanto drag queen y que superó con creces haciendo de la necesidad virtud, y por otra parte al repetir función en días seguidos ante la indisposición del Rigoletto del otro cast. Esta proeza que muy pocos habrían aceptado convirtió la segunda función en un éxito clamoroso y una vez más en que la energía del público puede hacer milagros en un cantante.

Stoyanov que comenzó esta segunda representación con la reserva prudente y natural, se fue trasformando ante los aplausos del público y la calidad de sus partenaires creciendo hasta el delirio haciendo que el público pidiera bisar el dúo de la vendetta del segundo acto y que accedió generosamente.

El Sparafuccile de Antonio di Matteo fue otra sorpresa de esta producción, voz carnosa de oscuro timbre pero de clara dicción y muy buena proyección junto con una gran presencia escénica.

En una corrección se movieron el resto de los partiquinos si bien algunos decepcionaron como el Monterone forzado y destimbrado de Andrea Patucelli o la escasa proyección de la Maddalena de Rossana Rinaldi.

El coro sonó compacto y la orquesta siguió los matices del maestro Palumbo que una vez más demostró su buen criterio en la interpretación de Verdi, con el cuidado de acompañar y el arte de subrayar desde el foso los climas del drama de Piave-Hugo.

Una velada en definitiva en que nuevamente la música salió victoriosa por encima de las circunstancias mostrando ese drama humano que reúne en Rigoletto el deseo, la maldad, el sadismo y la terrible “maledizione”.

Robert Benito