Hamlet de Ambroise Thomas en Buenos Aires

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Hamlet de Ambroise Thomas en Buenos Aires

Juventus Lyrica ofreció una excepcional versión que se inscribe entre lo mejor de la temporada porteña.

Es frecuente que las óperas se inspiren en obras literarias o dramáticas preexistentes y a este recurso recurrieron los compositores y libretistas desde el origen mismo del género, adaptando o reescribiendo textos que ya estaban dentro del saber y el disfrute del público  -recordemos que la composición de una ópera combina el servicio al Arte con la necesidad comercial del éxito para que la obra “viva”- y Hamlet, desde luego, no fue la excepción.

En los años 60 del siglo XIX, Ambroise Thomas puso en música la tragedia del Príncipe de Dinamarca que ya era –y sigue siendo- una de las cumbres del teatro occidental y de la obra de Shakespeare en particular, pero recurrió para ello a una adaptación del texto original vertida al francés por Alexandre Dumas. Será esa la fuente que los libretistas Carré y Barber utilizarían para el libreto de la obra que finalmente se estrenaría en Paris en 1868.

Shakespeare es siempre un desafío. Su profundidad, su múltiple interpretación, y la relectura que los hombres han hecho de sus versos según el clima intelectual y estético en que se viva, han puesto el nivel muy alto para los creadores tanto de la música como del libreto de tantas óperas… y los resultados pueden ser aceptables, como en el Macbeth verdiano, el Otello de Rossini, Romeo y Julieta de Gounod o las Alegres Comadres de Windsor de Nicolai; extraordinarios como en el Falstaff y el Otello del mismo Verdi; o pobretones como en el caso del Hamlet de Thomas, cuyo libreto pierde en profundidad y substancia a la par que reforma partes tan presentes en la memoria del espectador como el mismo final de la tragedia, aligerándolo con una feliz vuelta al orden al dejar vivo al protagonista y coronándolo rey.

Es más que trascendente, entonces, el trabajo de María Jaunarena quien no sólo se ocupó de la puesta en escena, sino que trabajó sobre la dramaturgia haciendo uso de versos del propio Shakespeare que se sumaron, hablados por los mismos intérpretes -en traducción francesa cuidando entonces la coherencia idiomática con el libreto original de la ópera- o proyectados en el escenario mientras se desarrollaba la acción. Estas intervenciones, sabias y cuidadosas, nutrieron el texto a la par que resultaron fundamentales a la hora de volver más verosímiles y profundas ciertas situaciones de la pieza. Por otra parte, quién no disfrutará del ingenio y la belleza de un verso de Shakespeare, ¿verdad?

En la escena final, la intervención fue más contundente aún, pues Jaunarena reescribió el diálogo sobre la música original de Thomas, adaptándolo al original de Shakespeare y devolviéndole al drama su carga trágica y trascendente. Una tarea que sólo en manos tan talentosas puede llegar a un puerto seguro.

Por otra parte, la marcación actoral resultó tan precisa y efectiva que el público asistió a una estupenda experiencia teatral a la par que musical. La ópera es Teatro cantado y este axioma estuvo presente a lo largo de toda la representación.

Jaunarena fue la artífice de este revivir del texto, de esta revivificación de un libreto que ahora, sabe honrar a su inspirador inglés.

La escenografía e iluminación de Gonzalo Córdova y el bello vestuario firmado por la propia puestista, también resultaron herramientas imprescindibles para lograr la mayor eficiencia del espacio escénico sin descuidar la bella expresión plástica. La cuidada utilización de proyecciones de imágenes y texto, la bella gama cromática y la síntesis simbólica de los diseños sumaron para concentrar la atención del espectador e impactarlo.

Pero para que la empresa resultara exitosa, teniendo en cuenta la concepción de la puestista, es imprescindible contar con un elenco que a su ductilidad musical – Hamlet es una partitura llena de sutilezas y dificultades- le sumara su capacidad dramática y, de esto también pudimos gozar en la velada.

Armando Noguera construyó un riquísimo Hamlet, pleno de matices que no olvidaron su perfil atormentado y doloroso a la par que fue bordado con cinismo e ingenio. Más alejado de la visión romántica de Dumas y más cerca del espíritu trágico de Shakespeare, el personaje latió, padeció y conmovió a un auditorio que tributó merecido reconocimiento al intérprete que, por otra parte supo cantar con buen caudal, una cuidada línea, matizada y expresiva, y un fraseo que resaltó la dramaticidad del texto. Este Príncipe que, salvo el brindis, no posee grandes cantábiles, cuenta con escenas y monólogos que sólo sobreviven cuando se los “interpreta” sabiendo escuchar cada nota, cada acorde de la partitura, y Noguera supo servirla a fuerza de talento. Bravo!

La Ofelia de Laura Pisani permanecerá por mucho tiempo en nuestro corazón. Conmovió desde lo escénico y fue mucho más que una “ingenua” y “pura” damisela. Como en todos, la visión del rol superó clichés y apuntó al conflicto profundo. Un amor que torna al desamor, el vacío de la pérdida de padre y amante amado, la encaminan a su trágico final, para el que Thomas compuso una de las escenas más bellas de esta bella partitura.

Hamlet de Ambroise Thomas en Buenos Aires
Hamlet de Ambroise Thomas en Buenos Aires

Pisani enfrentó la escena de la locura de Ofelia con convicción y realismo dramático y puso en su canto una seguridad y capacidad que dejó impactado al auditorio. Su voz parece adaptarse sin el más mínimo problema a los múltiples desafíos de la parte y pintó la tragedia con notas precisas, bellísimo timbre, limpias coloraturas, expresivas sonoridades. No hubo una exhibición deportiva… hubo Arte, y el teatro rugió una ovación más que merecida.

Mario de Salvo puso sapiencia y señorío en su creación del Rey Claudius. Difícil rol que tiene facetas que deben saberse resaltar en la justa proporción. Del disfrute del triunfo inicial a la conmoción por saberse sospechado… del remordimiento al intento de venganza… Interpretó con talento y cantó con una voz que contó con el color justo para cada situación. ¡Impactante su escena del remordimiento! 

Sabrina Cirera nos entregó una Gertrude de muy alto valor. El personaje crece hasta tener su momento en la gran escena del enfrentamiento con Hamlet. Gran teatro y gran música que fueron servidos con solvencia por esta Artista que sabe darnos gratos momentos cada vez que la vemos en escena.

Laërte tuvo en Santiago Burgi un cumplido intérprete, Lo impetuoso de carácter y la furia vengativa que lo transforma en un instrumento del poder estuvieron claros. Tal vez se desearía cierto mayor cuidado en la línea para no desbordar la elegancia de la escuela francesa en pos de una mayor expresividad pero, aún con este reparo, un muy buen trabajo.

El Espectro encontró en Felipe Cudina Begovic un eficaz artista que vistió sus apariciones con el frío impacto de lo sobrenatural. Oscuro color vocal y clara dicción subrayaron sus intervenciones.

Gabriel Carasso hizo gala de ductilidad al encarnar a Polonius, un rol crecido en esta versión con los diálogos de Shakespeare, retratando su obsecuencia y su acomodaticia personalidad, pero también fue un desfachatado sepulturero cargado de simpleza no reñida con el ingenio. Su efectividad escénica le permitió ser también Bernardo y uno de los integrantes de la troupe de comediantes. Comediante de fuste él mismo,  Carasso se mostró tan convincente como talentoso. Bravo!

Cumplida participación la de Gabriel Vacas como Horatio.

Una muy loable labor mostró el Coro que sonó amalgamado y con buena respuesta al movimiento escénico.

La Orquesta, de efectiva labor particularmente en los dos últimos actos, sirvió con entrega esta bella partitura de Thomas, bajo la inspirada batuta del Mtro. Hernán Schvartzman quien supo respirar con los cantantes, destacar climas – algo tan importante en esta ópera- y matizar con gusto.

Juventus Lyrica cerró así, por todo lo alto, con este Hamlet en coproducción con la compañía Opera 2 Day esta temporada 2018 y nos entusiasma para disfrutar la del 2019, cuyo anuncio esperamos ansiosamente.

Prof. Christian Lauria