Harteros y Volle Wunderbar en la Arabella de Munich

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Arabella de Munich
Arabella de Munich. Foto: W. Hösl

Esta representación de Arabella, con la que finaliza mi corto viaje a Munich, es una de esas funciones de las que uno sale plenamente satisfecho, especialmente por el magnífico nivel vocal ofrecido por los 3 principales protagonistas de la ópera, a lo que hay que añadir una atractiva producción escénica y una convincente dirección musical. Así da gusto.

Esta producción de Arabella la he visto anteriormente en un par de ocasiones y siempre he salido satisfecho del teatro. Es verdad que en todas las ocasiones la protagonista ha sido Anja Harteros y eso es tanto como hablar de la gran heroína straussiana de los últimos años.

Se ha vuelto a ofrecer la producción de Andreas Dresen que se estrenara aquí en el Festival de Julio de 2015 y que tuve ocasión de ver y escribir sobre ella entonces. La producción resulta interesante y atractiva, aparte de algunas provocaciones de poco sentido en el segundo acto. La acción se trae a tiempos más modernos que los señalados por el libreto. Estamos seguramente en los años 30. La escenografía de Mathias Fischer- Dieskau ofrece un escenario giratorio dominado por una inmensa escalera blanca, que está presente a lo largo de toda la ópera. Esta gran escalera permite sacar un gran partido al escenario, ya que la acción se desarrolla en el acto I debajo de la misma (habitación de hotel de los Waldner) y en el resto de la ópera, tanto en la gran escalera, con todo el gran espacio que permite, como debajo de la misma. La verdad es que me ha parecido una escenografía atractiva y que ofrece muchísimas posibilidades escénicas, aparte de que una gran escalera es consustancial con esta ópera. El vestuario de Sabine Greunig es muy atractivo en el caso de Arabella y juega con colores negros en los invitados al baile del segundo acto y con el rojo en el caso de las invitadas, en un contraste muy bien conseguido con el blanco de la escalera. Buena también la iluminación de Michael Bauer.

En cuanto a la dirección escénica, no va más allá de narrar la historia, ni creo que se le haya ocurrido hacer que la protagonista cambie su magnífica interpretación. Hay algunos toques interesantes, como el hecho de que Arabella lanza el famoso vaso de agua fresca al rostro de Mandryka para regocijo de ambos. El aspecto más rechazable de la producción es el de convertir el baile de Fiakermilli en una especie de orgía, en la que los figurantes se lanzan a desmanes sexuales, incitados por la propia Fiakermilli e incluyendo también a la Condesa Adelaide, mientras su marido juega a las cartas.

La dirección musical ha estado encomendada nuevamente al alemán Constantin Trinks, cuya presencia suele ser bastante habitual en Munich. Se trata de un director sólido y de garantía, cuya lectura me ha parecido francamente buena. No diré que ha alcanzado el excepcional nivel que consiguió Christian Thielemann en Dresde en Noviembre de 2014 y quizá tampoco el que ofreció Philippe Jordan en el estreno de la producción en Munich en Junio de 2015. En cualquier caso, ha sido una dirección muy cuidada y convincente por parte de Constantin Trinks, que ha obtenido un estupendo resultado de la Bayerisches Staatsorchester.

Arabella de Munich. Foto: W. Hösl

Volvía a ser Arabella Anja Harteros y eso es tanto como hablar de la mejor intérprete del personaje en los últimos años. Simplemente, no se puede cantar mejor ni con mayor naturalidad que lo que ella hace. Es Arabella desde que entra en escena hasta que se retira escaleras arriba con Mandryka al final de la ópera. Ha sido una impresionante interpretación vocal. Mucho me va a costar en el futuro volver a ver esta ópera con una protagonista que no sea ella. Recomiendo a todos mis amigos que no se pierdan la oportunidad de ver a Anja Harteros en Arabella (de hecho, en cualquier personaje que interprete), ya que les aseguro que se acordarán de ella mucho tiempo. Su escena con Zdenka en el primer acto y las que culminan la ópera con Mandryka son simplemente insuperables por su parte.

Mandryka volvió a ser interpretado por el barítono alemán Michael Volle, que me atrevo a decir es el mejor posible en el personaje, una vez que Thomas Hampson está casi en retirada de los escenarios de ópera. Su actuación fue magnífica o Wunderbar, ya que estamos en Alemania. Su concepción del personaje es distinta de la que ofrecía Thomas Hampson. Éste hacía un Mandryka distinguido y elegante, mientras que Michael Volle ofrece un personaje más rudo, pero igualmente atractivo e interesante.

El trío protagonista lo completaba la soprano alemana Hanna-Elisabeth Múller, que ofreció una destacada interpretación del personaje de Zdenka o Zdenko. Su voz es muy atractiva y el rol no tiene secretos para ella, ya que lo ha interpretado en numerosas ocasiones. Un estupendo complemento a una pareja de excepción.

La parte de Matteo fue cubierta por el tenor Daniel Behle, que tuvo una buena actuación, aunque su nivel no es comparable al del trío de protagonistas mencionado. La voz tiene cierto atractivo y es un buen intérprete, quedando un tanto apretado en la parte alta de la tesitura.

Repetían actuación los veteranos Kurt Rydl (Conde Waldner) y Doris Soffel (Adelaide). Los dos lo hacen perfectamente, aunque su estado vocal no es comparable al de hace unas décadas.

La soprano rusa Sofía Fomina lo hizo bien como Fiakermilli, con voz adecuada y fácil por arriba.

El trío de pretendientes de Arabella corrió a cargo de Dean Power (Elemer), Sean Michael Plumb (Dominik) y Callum Thorpe (Lamoral). Lo hicieron de manera adecuada. Finalmente, la Echadora de Cartas fue una vez más Heike Grötzinger.

El Nationaltheater había agotado sus localidades, excepto las de a pie. La recepción de la audiencia fue triunfal con los artistas, especialmente con Anja Harteros, pero también con Michael Volle, Hanna-Elisabeth Müller y Constantin Trinks.

La representación comenzó con los habituales 5 minutos de retraso y tuvo una duración de 3 horas y 12 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 35 minutos. Once minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 163 euros, habiendo butacas de platea desde 91 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 39 euros.

José M. Irurzun