Herculanum de Felicien David en el Festival de Wexford

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Herculanum de Felicien David en el Festival de Wexford. Foto: C. Barda

El Festival de Wexford se ha convertido en un clásico, siempre seguido de cerca por los aficionados a la ópera, ya que ofrece la posibilidad de conocer auténticas rarezas, representadas siempre con dignidad. Llega este año a su edición numero 65 y sigue fiel a sus principios, ofreciendo tres óperas casi desconocidas en el teatro principal y otras tres en la pequeña sala del White’s Hotel, cuyos propietarios descienden de uno de los fundadores del festival. El éxito del festival se apoya en buena medida en algo que se ha ido perdiendo en otros sitios y que hoy en día resulta fundamental para la supervivencia de organizaciones privadas. Me estoy refiriendo a la gran presencia de voluntariado en Wexford, que dan un ambiente muy especial a las representaciones de ópera. Este año los tres títulos elegidos han sido Herculanum, de Felicien David, Vanessa, de Samuel Barber, y Maria de Rudenz, de Gaetano Donizetti. Se ha anunciado ya el programa del próximo festival, que ofrecerá la Medea de Cherubini, Margherita, de Jacopo Foroni, y Risurrezione, de Franco Alfano. La conclusión es fácil: Volveré.

Así pues, se inicia mi nueva visita a Wexford con esta desconocida ópera del compositor francés Felicien David (1810-1876). Fue un músico (más bien músico- político) exitoso a mediados del siglo XIX, alabado por Berlioz, y cuya obra más importante radicó en el oratorio, siendo Le Desert su obra más conocida y la que le dio más fama. En el campo de la ópera compuso 4 obras, que forman parte del género de la opera-comique, habiendo obtenido su mayor éxito con la ópera Lalla Roukh (1862). Herculanum pertenece al género de la Grand Opera y se estrenó en París en 1859, teniendo cierto éxito, aunque luego cayó pronto en el olvido. En tiempos recientes se ofreció en versión de concierto en La Monnaie de Bruselas en 2014 como anticipo de la grabación discográfica que se hizo de la ópera, pudiendo verse a continuación en Versalles.

Herculanum no es una ópera injustamente olvidada, ya que no tiene mucho que ofrecer al aficionado, quedando, en general, corta de inspiración, aunque tiene algunos momentos más brillantes, como la escena final de los dos protagonistas, Helios y Lilia. El título se refiere a la ciudad del mismo nombre, desparecida por la erupción del Vesubio junto con Pompeya. Alrededor de esta desaparición se monta una historia de amores y odios, alrededor de dos cristianos (Helios y Lilia), condenados a muerte. La pareja se salva en primera instancia por deseo de la reina, que seduce con una pócima a Helios. A partir de ahí aparece la figura de Satanás, que mueve el drama hacia su final trágico, consiguiendo los enamorados cristianos reunirse y Lilia acaba perdonando el desliz amoroso de su amado Helios. Al final, todos mueren en la erupción.

La producción ofrecida por el Festival de Wexford se debe al director de escena inglés Stephen Medcalf, que hace un trabajo adecuado a las limitaciones del escenario del teatro. En el estreno de la ópera en París parece que causó sensación la escena final de la erupción del Vesuvio. No ha sido éste el caso aquí, pasando casi desapercibido. La versión ofrecida ha sido bastante completa, eliminando únicamente el entonces obligado ballet en la Grand Opera francesa. La escenografía es bastante simple, con presencia de una tela con la cumbre del Vesubio, y es obra, como el vestuario, de Jamie Vartan. La acción se traslada a la fines del siglo XVIII, lo que no deja de ser un capricho, ya que Herculanum y cristianos no casan bien con épocas tan avanzadas. La iluminación de Christopher Akerlind es correcta. La dirección de escena se limita prácticamente a narrar la confusa trama.

Simon Bailey y Daniela Pini
Simon Bailey y Daniela Pini

La dirección musical estuvo en manos de Jean-Luc Tingaud, que ya dirigiera aquí también el año pasado ópera francesa. Su lectura ha sido correcta, sin mayor brillo, obteniendo una correcta prestación de la Orquesta del Festival de Wexford. Correcto también el Coro del Festival.

La soprano rumana Olga Busuioc fue la intérprete de Lilia, la esposa cristiana de Helios, objeto de los deseos de Nicanor, el hermano de la reina Olympia, y siempre fiel a su amado y a su religión. La voz tiene amplitud y cierta calidad y cumplió bien con su cometido. En su historial aparece como Manon Lescaut en Valencia, pero no tengo constancia de ello.

Helios era el tenor canadiense Andrew Haji, un tenorino de voz agradable y buen gusto, un tanto escaso de volumen vocal. No es un personaje muy exigente para un tenor y lo hizo bien, aunque me pareció limitado por arriba.

Daniela Pini fue la Reina Olympia y la cosa funciona bien mientras se mueve por el centro, porque por arriba la voz suena bastante destemplada. Simon Bailey fue Nicanor y Satanás, quien asume su personalidad al morir Nicanor por castigo divino al intentar forzar a Lilia. La voz no tiene mucha calidad. Rory Musgrave fue Magnus, el profeta que anuncia los terremotos y erupciones en el primer acto, como castigo a la mala conducta de los ciudadanos de Herculanum. Dejó que desear.

El teatro estaba prácticamente lleno y el público se mostró bastante frío con el resultado de la representación. Hubo aplausos corteses para lo artistas, pero no muestras de entusiasmo.

La representación comenzó puntualmente y, como siempre, con la interpretación del himno nacional, cantado por el público y en gaélico. La duración del espectáculo fue de 3 horas y 19 minutos, incluyendo dos intermedios. Duración musical de 2 horas y 27 minutos.Tres minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 145 euros, costando la butaca de platea 105 euros. La localidad más barata costaba 35 euros.

José M. Irurzun