Homenaje a Montserrat Caballé: “gracias por tanta belleza”

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Homenaje a Montserrat Caballé
Homenaje a Montserrat Caballé

Fue en 1964 cuando Montserrat Caballé hizo su debut en el madrileño Teatro de la Zarzuela dando vida a la Salud de la ópera La vida breve de Manuel de Falla, en un espectáculo en torno a la tonadilla que dirigía el maestro Odón Alonso bajo la dirección escénica de José Oluna. Tras ese año vinieron muchísimos más en los que las tablas de este coliseo vibraron con el inigualable arte vocal de la soprano catalana a través de los múltiples y diferentes personajes operísticos que encarnó durante su dilatadísima carrera artística. Noches inolvidables de ensoñación belcantista que enamoraron a generaciones enteras de aficionados a la ópera, un arte musical que Caballé ayudó a engrandecer y convertir en un crisol de sensaciones que rozaban lo celestial por medio de una voz única e irrepetible convertida ya en mito y leyenda.

Todo esto nos ayudaron a rememorarlo tanto las intervenciones de Daniel Bianco, director artístico del Teatro de la Zarzuela, al comienzo de esta Gala en homenaje a la diva catalana, como las vivencias personales narradas por esa otra grandísima dama de la escena teatral, Nuria Espert, que puso el broche de oro final en términos de emotividad y entrañable sinceridad a una noche que rindió un hermoso tributo de homenaje a la Caballé, tras casi un año transcurrido desde su desaparición. La velada convocó en total a 19 cantantes (con la ausencia de uno de ellos que figuraba en programa, el barítono Gabriel Bermúdez), que iban desde artistas ya plenamente consagrados hasta voces más jóvenes que empiezan a despuntar con holgura, consiguiéndose un elevado nivel de canto en su conjunto. No podían estar todos, pero quizá se echó en falta por ejemplo la presencia de la soprano Saioa Hernández, una de las mejores discípulas surgidas del inigualable magisterio de Caballé. Como se ha dicho, hubo mucha emoción en el ambiente, que se materializaba por parte de los cantantes en su gesto de depositar una flor blanca en una butaca vacía colocada en el lateral derecho del escenario simulando la presencia de la homenajeada, cuyos familiares, entre ellos su hija, la también soprano Montserrat Martí, presenciaban el concierto desde el Palco 8 del Teatro, y que, según anunció Bianco, llevaría a partir de ese momento el nombre de su madre.

La lírica española fue la entera protagonista con romanzas individuales para cada uno de los cantantes. La zarzuela primaba, con páginas en el caso de las sopranos que la propia Caballé llegó a inmortalizar discográficamente (qué pena no haberse escuchado nada de Maruxa o La villana, dos de sus grandes creaciones). Aunque también hubo un poco de ópera, y más concretamente, vasca, como esas dos romanzas tan disímiles de Mirentxu de Jesús Guridi que defendieron con volumen y garra el tenor Andeka Gorrotxategi y con entera finura la soprano Sabina Puértolas. Sin embargo, abría la gala la Orquesta de la Comunidad de Madrid con un apoteósico, muy medido en dinámicas, preludio de La torre del oro de Gerónimo Giménez, comandado por Óliver Díaz, director musical del Teatro, que fue un atento acompañante de todas las voces, con las que demostró una absoluta complicidad y entendimiento, contribuyendo a que se sintieran cómodas sobre el escenario.

La joven soprano Marina Monzó fue la primera en salir, exhibiendo sólidos agudos y un asombroso manejo de coloratura, agilidades y cuidado fraseo en la polonesa de El barbero de Sevilla de Gerónimo Giménez y Manuel Nieto. Mariola Cantarero imprimió expresividad sacando a relucir su registro agudo en la sentida romanza de El cabo primero que agradó bastante al público, y una extrovertida María Bayo dio el toque caribeño en la salida de la zarzuela cubana Cecilia Valdés. Celso Albelo hizo primar en El huésped del sevillano el falsette y la delicada media voz, y José Bros sedujo al público con su bello timbre, poderoso metal y volumen canoro en una soberbia romanza de Luisa Fernanda, de las más aplaudidas de la noche. También emocionaron grandemente al respetable las interpretaciones de los muy entregados José Luis Sola en Doña Francisquita e Ismael Jordi en sus Granadinas de Emigrantes. David Menéndez defendió con aplomo y musicalidad la romanza de Vidal de Luisa Fernanda, que permitió disfrutar de su grave y timbrada voz baritonal. En el apartado de voces masculinas graves, Carlos Chausson brindó su intachable oficio canoro y teatral en un formidable Caballero de Gracia de La Gran Vía, así como ese otro estupendo artista que es Rubén Amoretti, que se decantó por una dramática romanza de bajo de María del Pilar, la zarzuela con vocación operística de Gerónimo Giménez recuperada no hace mucho por el Teatro de la Zarzuela.

Aparte de Albelo, otras dos voces canarias como son la mezzosoprano Nancy Fabiola Herrera y la soprano Yolanda Auyanet brillaron la primera en una expresiva y bien defendida romanza de La Tempranica y la segunda en la bellísima romanza veneciana de El carro del sol, cantada con exquisita línea de canto, una página que Caballé bordaba como ninguna otra, con permiso de otra excelsa, Pilar Lorengar. El cuarto canario invitado fue Airam Hernández, que brindó la romanza de tenor de La tabernera del puerto. La señora presidenta de la SGAE, la soprano Pilar Jurado, pese a no verla cantar demasiado últimamente por sus actuales responsabilidades, no quiso faltar a esta Gala homenaje, circunstancia que la honra, y regaló un particular vals de la borrachera de Châteaux Margaux. Más discretas aunque correctas fueron las aportaciones de Virginia Tola y Maite Beaumont en Paloma de El barberillo de Lavapiés y la tarántula de La Tempranica, respectivamente. Por fin, la siempre grande Ainhoa Arteta desplegó su clase y gracia en el escenario, mantón de Manila en mano, con la canción española de El niño judío. La melancólica habanera de Don Gil de Alcalá cantada a coro sirvió de colofón a una noche que pudo haberse diseñado de otra manera, quizá con interacciones entre los cantantes, pero que cumplió sobresalientemente como verdadero y sincero homenaje a una de las mayores cantantes españolas que han entrado a formar parte por derecho propio del Olimpo de la Lírica. Como afirmó Nuria Espert citando las palabras de su gran amigo, el fallecido Terenci Moix, el que fuera enlace entre ambas, al término de su panegírico a Montserrat Caballé: “Gracias por tanta belleza”.

Germán García Tomás