I Masnadieri de ABAO se ve afectada por una plaga de cancelaciones

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I Masnadieri de ABAO
I Masnadieri de ABAO

Ha inaugurado ABAO su temporada de opera con I Masnadieri, que no se representaba aquí desde Enero de 2004 en unas funciones que fueron un auténtico festival belcantista por parte de dos entonces excepcionales cantantes, como eran Francisco Casanova y Fiorenza Cedolins. No se puede decir lo mismo del resultado de la representación de ayer, que ha tenido un resultado bastante tibio y anodino, con una producción escénica sin interés, una dirección musical no más que eficaz y un reparto vocal condicionado por las cancelaciones y las correspondientes sustituciones.

Mis lectores habituales saben que en mis críticas siempre hago referencia al precio de las localidades y no es un capricho que así lo haga. Siempre he creído que el nivel de exigencia en una representación de ópera viene marcado por el precio de las localidades. El caso es que en la temporada de ABAO el precio de las localidades solo admite comparación en España con las del Teatro Real o el Liceu y, por tanto, considero que el nivel de exigencia también ha de estar a este nivel. Así lo he venido haciendo y así continuaré.

I Masnadieri es una de las óperas menos representadas de Giuseppe Verdi. Estrenada en 1847 en Londres, fue la primera ópera que Verdi compuso para un teatro no italiano. Evidentemente, estamos en los llamados años de galeras y esta ópera sigue el estilo tradicional entonces de aria y cabaletta. Para quien esto escribe el mayor problema de esta ópera es el libreto de Andrea Maffei, buen amigo del compositor, y basado en la obra de Schiller, Die Räuber. Uno no puede sino acordarse de Cammarano o Piave, ya que el libreto es demasiado truculento y de escaso interés.

La producción ofrecida por ABAO es la que se estrenara en  el Festival Verdi de Parma en Octubre de 2013. Tuve ocasión de verla entonces y nada ha cambiado, por lo que repetiré lo escrito entonces.

Se ha ofrecido una nueva producción del cineasta italiano Leo Muscato, cuyo resultado se me antoja un tanto decepcionante. Estamos ante una producción minimalista, cuya escenografía (Federica Parolini) consiste en una plataforma inclinada, con unos paneles de cierre en la parte de atrás. Para las distintas escenas se ofrecen algunos elementos de atrezzo (un sillón, una cama, unos árboles y unas supuestas tumbas), que cumplen con el objetivo de hacer una producción escénica barata. La acción se trae a la época de composición de la ópera y el vestuario (Silvia Aymonino) resulta eficaz más que brillante. Buena la iluminación de Alessandro Verazzi.

 

Lo más endeble del espectáculo es la dirección de actores, que resulta prácticamente inexistente. Es la primera vez que asisto a un espectáculo escénico de Leo Muscato, pero su trabajo me resulta de muy poco interés. Los cantantes quedan casi abandonados a su suerte, cortos de expresividad en los principales personajes, y hay añadidos de mal gusto en varios momentos de la representación, que ni siquiera llegan a provocar al respetable, por la poca credibilidad que ofrecen.

 La dirección musical ha estado encomendada a Miguel Gómez Martínez, que no había dirigido ópera en Bilbao desde su Rigoletto de hace ahora 4 años. Ha habido seguridad y eficacia en su labor, pero ha faltado más vida e inspiración a lo largo de la ópera. Comprendo que no se puede pedir mucho más, habida cuenta de la plaga de cancelaciones de última hora, pero esperaba más de su dirección. En general, sus tiempos han sido un tanto premiosos en ocasiones y el volumen del foso algo excesivo, teniendo en cuenta las voces que  había encima del escenario. Correctas las prestaciones de la Orquesta Sinfónica de Bilbao y también del Coro de Ópera de Bilbao.

Las cancelaciones en la ópera son siempre un problema y más si se trata de una ópera poco frecuente. Ocurre en este caso que las cancelaciones no están muy claras, salvo la de la Amalia inicialmente anunciada, que canceló oficialmente por enfermedad. En el resto de los casos no se ha dado una explicación y las interpretaciones respecto de posibles recusaciones son inevitables.

Carlo Moor tenía que haber sido interpretado por el tenor italiano Vincenzo Costanzo, quien se cayó del cartel sin que haya habido una clara explicación sobre su defección. Finalmente, fue Aquiles Machado quien se hizo cargo del personaje y su actuación  ha sido muy poco convincente. Acababa de  verle en Il Trovatore en Oviedo, donde no había brillado, pero aquí ha quedado por debajo de lo que ofreció en la capital asturiana. Hoy ese buen cantante que es el venezolano ofrece una llamativa y molesta fatiga vocal en la zona alta, una inestabilidad que es impropia de su edad, que lleva ya algunos años presente y que lamentablemente va a más.

Como Amalia estuvo anunciada la soprano italiana Carmen Giannatasio, que, como digo más arriba, canceló por enfermedad. Su sustituta inicial fue la desconocida soprano italiana Federica Vitali, quien desapareció de la programación a los pocos días, siendo sustituida por otra prácticamente desconocida soprano, Marta Torbidoni. Su actuación me ha  parecido correcta habida cuenta de las circunstancias. La voz resulta atractiva en el centro, canta con gusto y se mueve razonablemente bien. Hay una cierta escasez de colores en su instrumento, lo que le da cierta monotonía a su canto, quedando a veces apretada por arriba y siempre muy corta en graves.

Francesco Moor, el malvado de la ópera, fue interpretado por el barítono búlgaro Vlamidir Stoyanov, que ha cantado anteriormente muchas veces en Bilbao. Este barítono siempre ha tenido elegancia en su fraseo, con el inconveniente de que su voz tenía clara tendencia a no salir bien proyectada del escenario. Hoy las cosas no han mejorado, sino que le he encontrado con la voz más reducida y los mismos problemas de falta de proyección que antes. Podemos hablar de una actuación digna.

El bajo finlandés Mika Kares, que ya había sido Massimiliano en las representaciones de Parma,  repitió aquí y su actuación tuvo solidez, con una voz atractiva y adecuada, cantando con gusto y musicalidad.

En los personajes secundarios lo mejor fue ofrecido por Alberto Núñez en la parte Rolla, que mostró una voz atractiva, pastosa y adecuada, cantando con gusto y buena línea. Le he encontrado mejorado respecto de ocasiones anteriores.

El tenor Juan Antonio Sanabria fue un Arminio de voz muy reducida y algo parecido se puede decir de Petros Magoulas en la parte de Moser.

El Euskalduna ofrecía una ocupación de alrededor del 80 % de su aforo, estando los huecos más claros en los pisos superiores. El público no parecía muy entusiasmado con la representación. En los saludos finales Mika Kares y Marta Torbidoni fueron los únicos que escucharon algún bravo.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 48 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 9 minutos. Cinco minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 220 euros, costando 76 euros la más barata.

José M. Irurzun