Il Trovatore en el Teatro Real. Propuesta escénica olvidable

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Il Trovatore en el Teatro Real
Il Trovatore en el Teatro Real

Un buen grupo de cantantes siempre soluciona una noche en la ópera, más cuando uno se encuentra una propuesta escénica tan olvidable como la que planteó Francesco Negrín. Hasta con un despropósito tal se puede hacer algo si los del escenario cantan como se merece una obra tan fabulosa como esta.

Era una noche grande, lleno total. De esas noches en las que, a pesar de vacaciones, nadie falta a la propuesta musical. Il trovatore es una de las propuestas más conocidas de un compositor grande, es mayor exponente de la ópera (junto con Wagner), con muchos fragmentos conocidos por el público que está muy atento a la representación y jalea sin ningún tipo de vergüenza las actuaciones de los cantantes. En un contexto como este, la propuesta escénica, como dije anteriormente, desentonaba en todo momento. No sólo no acompañaba en nada a la trama sino que, en varias ocasiones, distraía. Un montaje minimalista, sin prácticamente ningún objeto, con prácticamente ningún movimiento, de hecho la dirección escénica era mínima, cuando aparecían los figurantes hacían lo justo. Lo único interesante, que acababa desentonando era la sempiterna presencia de fuegos por doquier que se encendían pasara lo que pasara, desgraciadamente sólo pegaba en el final. Insustancial. Una pena que no acompañara.

Afortunadamente la música acompañó, y de qué manera. Estupenda la dirección musical de Maurizio Benini muy enérgica y dinámica a la hora de presentar los concertantes y los diversos dúos y tercetos. Muy centrada en los diversos momentos intimistas que servían de transición. Muy cuidada y equilibrada y que contribuyó a un gran empaste a nivel musical de los cantantes. En sus manos la orquesta sonó a la perfección y el coro volvió a demostrar su rotundidad en los maravillosos números vocales y con una dicción italiana adecuada a pesar de la dificultad que llevan ciertos números.

La noche fue redonda gracias a las increíbles prestaciones de los cantantes. Si hay que ser justos habría que empezar por el inconmensurable trabajo de Ludovic Tézier como el difícilismo conde de Luna, uno de los barítonos más complicados que escribió Verdi, tanto por tesitura vocal como por tensión dramática. Tézier demostró unos medios vocales imponentes con agudos brillantes y bien timbrados y sin descuidar la dimensión actoral. El cantante, en estos momentos, está en una plenitud vocal que debe aprovechar para papeles de esta dificultad, no todos los días se oye tan bien cantado. A su lado, increíble la Azucena de Ekaterina Semenchuk, una mezzo de poderosos medios que, además sostiene su voz en la tesitura más grave de su registro. Realizó una gran interpretación de un papel delicioso. Lo mismo puede decirse de la Leonora de María Agresta, con una gran facilidad para desplegar agudos en forte y un gran tratamiento de los pianissimi, su voz se adecúa ahora mismo muy bien a este tipo de papeles verdianos. Lástima el Manrico de Francesco Meli, su voz se adecúa muy bien a la parte más lírica del personaje, su Ah ben mío estuvo cantando con gusto, buen legato y delicadeza (bien lo supo reconocer el efusivo Michael Fabiano desde la primera fila), el problema es que existe la cabaletta y, por si fuera poco, encima la conoce todo el mundo. No tenía ni tesitura ni fuerza para ejecutarla y recibió algún abucheo por omitir varias partes (y un agudo final deleznable)  pero no se puede olvidar uno de su buena actuación durante toda la noche. Quiero destacar por último el Ferrando de Roberto Tagliavini, un cantante al que estoy viendo evolucionar durante bastante tiempo y que cada vez funciona mejor, tanto a nivel vocal como de actuación.

En definitiva una noche magnífica, con Verdi y buenas voces esto siempre se cumple.

Aprovecho este pequeño paréntesis para despedirme de los lectores de Ópera World, han sido unos cuantos años haciendo críticas de ópera y no puedo recordar más que los maravillosos momentos que he vivido, he llorado de felicidad tantas veces que es difícil acordarse de todas ellas. He sido muy feliz compartiendo mi pasión por este arte único. Gracias a Francisco García-Rosado por haberme dado la oportunidad de hacerlo, ha sido un período inolvidable en mi vida.

Mariano Hortal