Il Trovatore. Verdi. Milán. Opera World

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Teatro alla Scala de Milán. 18 Febrero 2014.

Me van a perdonar que comience esta crítica con una reflexión, que me parece importante para centrar la valoración del espectáculo. Seguramente, todos mis lectores estarán de acuerdo que hay unos poco teatros de ópera en el mundo de los que se espera lo mejor en todos los aspectos. Yo me atrevería a decir que el gran póker de esos teatros está formado por el Metroplitan de Nueva York, el Covent Garden de Londres, la Ópera de Munich y la Scala de Milán. De todos ellos es este último el de mayor tradición y el ue podría ser considerado como el gran templo de de la ópera, tanto más si hablamos de ópera italiana. De ahí que uno siempre viene a La Scala con las mayores expectativas y, por tanto, con un muy alto nivel de exigencia, ya que lo que para otros teatros puede resultar bueno, aquí apenas puede ser aceptable. Cuando las cosas responden a lo esperado (Falstaff hace un año) uno se acuerda de lo visto y oído durante mucho tiempo. Cuando no ocurre así, la decepción es inevitable.

Esta representación de Il Trovatore ha sido en gran medida decepcionante, aunque podría haber sido un triunfo aparente en otro teatro. Una producción no apta sino para nostálgicos, una dirección musical impropia de La Scala, y un reparto vocal mejor sobre el papel que en la realidad. La producción escénica es obra del argentino Hugo de Ana y es la que inauguró la temporada de la Scala en Diciembre de 2000, sustituyendo a la anterior de Luchino Visconti que se estrenara en 1964. Curiosamente, es ésta la primera reposición de la producción de Hugo de Ana desde su estreno. Se trata de un trabajo típico de este director de escena, a base de decorados grandes y pesados, formados por grandes pilares y muros, no faltando maquetas de barcos en la Alfajería y una escena final con profusión de cadáveres y horrores de la guerra. Como siempre, tanto la escenografía como el vestuario llevan la firma de Hugo de Ana. La producción me parece más adecuada para la Arena de Verona que para un teatro de ópera tradicional. La iluminación de Marco Filibeck resulta adecuada a un ambiente sombrío como el que nos ocupa. A mi me parece que no pasa de ser una producción ramplona, solo adecuada para nostálgicos.

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Por donde suelen hacer agua las producciones de Hugo de Ana es por la pura dirección escénica. No es ésta una excepción. El argentino se limita a narrar la trama, situándola en el tiempo que establece el libreto, dejando un coro muy estático y ofreciendo una escasa dirección de actores. Curiosamente, hace desaparecer la fragua del campamento gitano.

Lo más decepcionante del espectáculo ha sido la dirección musical del joven (30) Daniele Rustioni, a quien veía por primera vez en un podio. Su lectura me ha resultado correcta, ordenada y corta de vida, un tanto rutinaria. La verdad es que esperaba mucho más de él y no me parece en absoluto preparado para dirigir en La Scala. Lo más sorprendente ha sido el sonido de la Orquesta de La Scala, con claros desbalances entre secciones, sonando excesivamente el metal, hasta el punto de llegar un sonido casi de banda a la sala. Intachable, como siempre, la actuación del Coro de la Scala. Marcelo Álvarez está en un momento muy adecuado para cantar el personaje de Manrico, rol que me parece más lírico que lo que mucha gente cree. Evidentemente, la archifamosa Pira es lo más esperado en la actuación de cualquier Manrico, pero en esta ópera Verdi sigue siendo en gran medida belcantista. Antes de la Pira está el aria Ah, si ben mio, que es una auténtica pieza de belcanto, incluyendo agilidades. Marcelo Álvarez ha mostrado una vez más su bellísima voz y su adecuación al personaje, dejando aparte la Pira, cantando francamente bien, mejor que el mes pasado en Berlín en La Gioconda. No obstante, no provocó entusiasmo en el público, en lo que influyó una Pira un tanto forzada y sin repetición. Por cierto, me parece inadmisible que en La Scala se hagan cortes en las óperas de Verdi. En esta ocasión se repitieron las cabalettas, salvo el caso que ahora nos ocupa y que, por supuesto, no fue cantada a tono.

Va a hacer dos años que María Agresta me sorprendió cantando Leonora en Valencia. Entonces decía que me parece una cantante magnífica, aunque más soprano lírica que spinto. En estos dos años la impresión es la misma. Voz muy bella, de tamaño no excepcional, muy homogénea y con grandes dosis de musicalidad y técnica.

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Estamos ante una de las mejores sopranos italianas de la actualidad, si es que no es la mejor de todas ellas, pero creo que su terreno más natural es el belcantismo. Leonora supone hoy por hoy su límite, casi incluso sobrepasado. Se echa en falta un registro grave más importante en algunas ocasiones. Esta estupenda soprano puede tener un gran recorrido, si no se echa a perder. Está en condiciones de elegir su repertorio y bien haría en ser prudente. Es una perfecta Micaela, Liú, Mimí o incluso Amelia Grimaldi, Desdémona y Luisa Miller.

A la mezzo soprano rusa Ekaterina Semenchuk la he encontrado por debajo de otras veces, como me ocurriera hace unos meses con su Amenris. Si hace dos años me pareció una estupenda Azucena en Valencia, ahora la he encontrado por debajo de entonces. La voz parece haber perdido fuerza y la veo más apretada por arriba que entonces, Sigue siendo una buena Azucena, pero no excepcional, como me pareció hace dos años.

Franco Vassallo fue un solvente Conte di Luna, al que le falta más elegancia en el fraseo y también parece haber perdido algo de la insolencia que tenía en las notas altas hace unos años.

Kwanchul Youn puede ser un lujo en el personaje de Ferrando, aunque su entrada en escena hizo que se encendieran las alarmas, ya que el baile en su voz era más que notable. A medida que su instrumento se iba calentando, el vibrato fue disminuyendo, aunque más de una vez parecía excesivo.

Los personajes secundarios estuvieron muy bien servidos, particularmente Marzia Castellini, como Inés, y Massimiliano Chiarolla, como Ruiz. La sala ofrecía algunos escasos huecos, en una entrada que superaba el 95 % del aforo. El público se mostró bastante tibio. A escena abierta los mayores aplausos fueron para Leonora, pero nunca pasó de los 11 segundos. En los saludos finales las mayores ovaciones fueron para Maria Agresta y Marcelo Álvarez, sin mayor entusiasmo. Me resultó llamativo que el coro no saludara ni tampoco Kwanchul Youn.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 2 horas y 50 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 7 minutos. Cinco minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 210 euros. En los pisos superiores los precios oscilaban entre 165 y 110 euros. La entrada más barata costaba 24 euros.

José M. Irurzun