Insuficiente recital de Andreas Scholl en Madrid

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Insuficiente recital de Andreas Scholl en Madrid
Insuficiente recital de Andreas Scholl en Madrid

El concierto del contratenor alemán en el Teatro Real fue, si me permiten la comparación, como ir a uno de esos restaurantes con estrellitas de una famosa marca de neumáticos. Supo muy bien, exquisito, y a pesar de su larga duración temporal (casi dos horas y media) dejó con hambre vocal, que es el ciclo en el que estaba inscrito el concierto, a casi todos los asistentes. Más de la mitad del tiempo mencionado nos la pasamos escuchando alguna sonata interpretada por el cuarteto de instrumentistas (Stefano Montanari, violin; Tiziano Bagnati, laud; Marco Frezzato, violonchelo; Tamar Halperin, clave). Todas delicadamente ejecutadas, desde la poco conocida “Sonata para violonchelo, Op.1 num. 7” de Salvatore Lanzetti hasta la popular “sonata en trio RV 85” de Vivaldi, dando pie al lucimiento de cada uno de los músicos, bien aprovechado por Montanari y su peculiar manera de tocar, agradecer y vestir en los conciertos en que participa. Andreas Scholl no posee una voz de gran caudal ni un timbre deslumbrante, sin embargo su musicalidad, muy buena emisión y la elegancia y control de detalles en su canto lo hacen un artista de primer nivel. Dos cantatas de Händel (Nel dolce tempo y Sento la che ristretto) y dos de Caldara (Da tuoi lume y Vaghe luci) fueron vehículos para mostrarnos su depurada técnica, fraseo y sólidas agilidades, además de su amplio fiato.

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Las tres canciones anónimas incluídas en su corto programa le permitieron transitar por caminos menos ortodoxos. El cantante alemán es un veterano (está llegando al medio siglo de vida) y compararlo con otros de su cuerda que tienen diez, quince y hasta veinte años menos (Jarousski, Cenčić, Fagioli, Sabadus) no es justo. En este caso sería para señalar lo fresco que mantiene su instrumento, quizá a la inteligencia en la elección del repertorio. Volviendo al concierto, en los cálidos aplausos finales la agrupación se hizo desear para regalarnos una propina, que todos esperabamos suculenta. Pero ahí tampoco estuvieron a la altura de las expectativas, despachándose con la repetición de una parte de La biondina, esta vez recreada con un aire más popular al silvar la pegadiza melodía.

Federico Figueroa 

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