Insuperable musicalidad del Gabrieli Consort en el King Arthur del Baluarte

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King Arthur del Baluarte
King Arthur del Baluarte. Foto: I. Zaldúa

Se inicia lo que podríamos llamar temporada de ópera del Baluarte de Pamplona con esta semi-ópera de Henry Purcell, a la que seguirá en Febrero la Norma de Bellini en representación escénica. Más adelante tendremos la Rodelinda de Haendel en concierto y se terminará la serie con la poco conocida por estos lares Iván, El Terrible, que correrá a cargo de Valery Gergiev y las fuerzas del Teatro Mariinsky, que un año más recalarán en Pamplona para deleite de los aficionados. 

Hasta hace muy poco Henry Purcell (1659-1695) estaba considerado como el más importante compositor británico, título que últimamente comparte con Benjamín Britten, especialmente desde que las óperas de este último han ganado mucha popularidad en los últimos 25/30 años. Compartiendo primacía o no, lo cierto es que Henry Purcell es un gran músico, cuyas composiciones siempre me han parecido adelantadas a su tiempo y de una enorme calidad. De sus composiciones escénicas la más conocida es indudablemente Dido y Eneas, mientras que las otras tienen el inconveniente de responder a los gustos británicos de la época, en que la ópera se concebía como un espectáculo teatral en prosa y música, en la que los artistas principales eran exclusivamente actores, mientras que la parte cantada la cubrían fundamentalmente personajes alegóricos o fantásticos. De ahí que pocas veces se puede asistir a una representación escénica de estas composiciones de Purcell y únicamente Dido y Eneas sea bien conocida por el aficionado de hoy. 

La versión de concierto de King Arthur a la que hemos asistido en el Baluarte se puede considerar como un éxito, ya que hemos disfrutado de una música estupenda magníficamente servida tanto por su director Paul McCreesh, como por los Gabrieli Consort & Players y los 9 solistas. Si tuviera que utilizar un único calificativo para este concierto sería el de insuperable musicalidad. 

Hay que reconocer que en este tipo de música los conjuntos británicos tienen una adecuación muy especial y pocas formaciones me parecen tan solventes para interpretar a Purcell como el conjunto de los Gabrieli Consort & Players, especialmente si quien los dirige es su fundador Paul McCreesh, que nos ha ofrecido toda la parte musical de la obra y ha sido el artífice de este estupendo concierto. No solo ha dirigido, sino que ha mostrado una gran capacidad para conectar con el público, como lo demostró en la interpretación del coral dedicado al patrón de Inglaterra, San Jorge, donde él mismo se puso a cantar con el resto de solistas masculinos, al tiempo que los miembros de la orquesta lucían banderolas de Gran Bretaña y la Unión Europea en un claro rechazo al Brexit por parte del excelente grupo musical. 

Los solistas eran 9, como digo más arriba, de los que 7 tiene una importancia más relevante. Todos ellos mostraron una musicalidad exquisita, aparte de moverse con soltura en escena, a lo que puede añadirse el no tan nimio detalle de haber cantado todos ellos sin partitura. 

Tres eran las sopranos del grupo y lo hicieron estupendamente. Las más importantes eran Anna Dennis y Mhairi Lawson, que entre otras páginas ofrecieron un delicioso dueto, en el que las dos brillaron con luz propia. La tercera soprano era Rowan Pierce, que tuvo menos protagonismo que sus compañeras, pero lo hizo muy bien, especialmente en el dúo de la primera parte con el barítono del grupo. 

Muy bien también la prestación de los dos tenores, que eran Jeremy Budd y James Way, más ligero el primero que el segundo, pero los dos con voces agradables al oído y destacados intérpretes escénicos y vocales.  

Las voces graves estuvieron bien servidas por Marcus Farnsworth y Ashley Riches. Completaban el grupo el contratenor Christopher Fitzgerald Lombard y el tenor Tom Castle, cuya importancia es bastante menor en la obra. 

El Baluarte ofrecía una decepcionante entrada, que apenas pasaba de la mitad de su aforo. El público se mostró muy satisfecho con el resultado del concierto, dedicando una muy cálida recepción a los artistas en los saludos finales, a lo que respondió la cuerda de la orquesta ofreciendo una propina (supongo que de Hentry Purcell, ya que nada se dijo), en la que actuaron sin director. 

El concierto comenzó con 4 minutos de retraso y tuvo una duración de 1 hora y 53 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 1 hora y 31 minutos, a los que se pueden añadir los 3 minutos que duró la propina ofrecida. Seis minutos de ovaciones, que son más de lo que parece, ya que no hubo saludos individuales y los músicos se retiraron del escenario, cuando el público seguía aplaudiendo. 

El precio de la localidad más cara era de 45 euros, costando 21 euros la más barata.

José M. Irurzun