Irregular Elektra en Munich en la que han destacado las hijas de Agamenón

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Irregular Elektra en Munich en la que han destacado las hijas de Agamenón
Irregular Elektra en Munich en la que han destacado las hijas de Agamenón. Foto: Marty

Llegamos al final del viaje con esta Elektra, que ha obtenido un buen resultado. La producción escénica sigue siendo poco convincente, ha habido una buena dirección musical, no excepcional, y ha contado con un reparto, en el que han destacado las dos hijas de Agamenón, Elektra y Chrysothemis.

En mi larga experiencia asistiendo a representaciones de Elektra, he llegado a la conclusión que esta ópera, como muy pocas, necesita un gran director musical. Cada vez que un director excepcional está al frente, el resultado es brillantísimo. Cada vez que dirige un maestro de menor categoría, las cosas no funcionan de la misma manera y hasta funcionan mal. En Munich hemos tenido en esta ocasión a la australiana Simone Young, una de las directoras de mayor reputación en la actualidad, y su actuación ha sido buena, aunque no excepcional. Desde lego ha sido notablemente mejor que la de Asher Fisch en este mismo teatro hace dos años. La dirección de Simone Young ha tenido altibajos, con pasajes muy bien resueltos y otros de menos interés. Quizá lo mejor fue la segunda escena entre Elektra y Chrysthemis, que tuvo una gran intensidad y emoción. En conjunto, podemos hablar de una buena lectura. A sus órdenes estuvo la siempre impecable Bayerische Staatsorchester.

Elektra era nada menos que la soprano sueca Nina Stemme, una de las dos grandes intérpretes del personaje en la actualidad, siendo la otra la alemana Evelyn Herlitzius. La voz de la Stemme tiene más calidad que la de Herlitzius, superándola esta última en intensidad dramática. En cualquier caso, Nina Stemme nos ha ofrecido una destacada interpretación de Elektra, con una voz siempre poderosa y bien timbrada, resultando plenamente convincente.

Ricarda Merbeth fue una estupenda Chrysothemis, como suele serlo en casi todo lo que interpreta. Esta soprano no tiene el carisma de otras, pero es un auténtico seguro de calidad y entrega en todo lo que canta. No eché para nada en falta a Adrienne Pieczonka, que fue quien cantara aquí el personaje hace dos años. Ninguna pega puede ponerse a su actuación.

La veterana (68) Doris Soffel fue una correcta Klytämnestra, aunque más bien modesta en términos vocales. La voz no tiene la amplitud necesaria para destacar ni tampoco es la contralto que requiere el personaje.

Cumplió bien el barítono Johan Reuter en la parte de Orest, con voz atractiva y no muy grande, cantando con gusto, especialmente en la escena del reconocimiento de los hermanos. Adecuado el Aegisth de Ulrich Ress.

Los personajes secundarios están siempre muy bien cuidados en Munich. Lo hicieron bien los dos siervos de Orest, interpretados por Matthew Grill y Peter Lobert. Adecuado, Kristof Klorek como Preceptor de Orest. Las Cinco Sirvientas ofrecían el lujo de la presencia de Okka Von Der Damerau (Primera), Heike Grötzinger (Tercera) y sobre todo de Golda Schultz (Quinta). Las otras dos era Rachel Wilson (Segunda) y Daniela Köhler (Cuarta). Completaban el reparto la Jefa de las Criadas, (Helena Zubanovich), Alyna Abramowa (Vertraute) y Paula Iancic (Schleppträgerin).

Munich ha vuelto a ofrecer la producción de la casa, que se estrenara en 1997 y que ya había tenido yo ocasión de ver en años anteriores. La producción se debe al desaparecido Herbert Wernicke y resulta poco convincente. Se podría decir que más parece una ópera en concierto que una producción escénica propiamente dicha. La escenografía ofrece un gran un plano inclinado giratorio que cierra el escenario, de modo que la acción se desarrolla siempre en corbata, excepto los dos únicos momentos en que se abre el mencionado plano inclinado: la aparición de Klytämnestra y los acordes finales. Cuando se abre la escena aparece una escalera como único elemento decorativo. En corbata no hay sino una escalera metálica a la izquierda, unida a un palco de proscenio, por donde llega Orestes, y una especie de roca a la derecha, de donde nunca se mueve Elektra.. Vestuario bastante convencional: Elektra con túnica oscura, Chrysothemis de blanco y Klytämnestra en tonos rojos, mientras Orestes lleva un traje de tiempos actuales. La iluminación tiene cierto interés, siendo todos los aspectos mencionados (escenografía, vestuario e iluminación) del propio Herbert Wernicke. Al desarrollarse prácticamente toda la acción en un espacio tan reducido, resulta muy estática.

El teatro estaba prácticamente lleno, con huecos únicamente en las localidad de escasa o nula visibilidad. El público se mostró cálido en los saludos finales, dedicando un triunfo personal a Nina Stemme.

La representación comenzó con 6 minutos de retraso y tuvo una duración de 1 hora y 40 minutos. Ocho minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 132 euros, habiendo butacas de platea desde 74 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 30 euros.

José M. Irurzun