Un irregular Stiffelio bien servido en ABAO

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Un irregular Stiffelio bien servido en ABAO
Un irregular Stiffelio bien servido en ABAO. Foto: Moreno Esquivel

Dentro del Proyecto Tutto Verdi ABAO ha programado este año Stiffelio como único título verdiano de la temporada. Supone el estreno de la ópera en la historia de la asociación, que, curiosamente, había ofrecido antes (2009) la ópera revisada Aroldo. El resultado de la representación ha sido bueno musical y vocalmente y más mediocre en términos escénicos. De todos modos dudo de que esta ópera pueda triunfar en cualquier circunstancia.

Stiffelio es para mí una de las óperas menos interesantes de todo el catálogo verdiano y hay algunas razones para ello. Desde un punto de vista musical las prisas estuvieron muy presentes en su composición, ya que prácticamente Verdi la escribió al tiempo que lo hacía con Rigoletto. No hay que olvidar que no hay ni 4 meses entre el estreno de ambas óperas. Por otro lado, la trama resultaba ya entonces bastante poco adecuada para la Italia de mediados del siglo XIX, aparte de contar con serios problemas con la censura. La verdad es que posteriormente tampoco el drama resulta creíble. Así que supongo que las escasas reposiciones del título continuarán en los años a venir.

La dirección musical ha estado encomendada al italiano Francesco Ivan Ciampa, que ya había dirigido en Bilbao el Requiem y Attila. Su dirección ha sido sólida y convincente, quizá lo más logrado de la representación. El maestro ha demostrado un buen conocimiento de la obra, ha apoyado a los cantantes y ha sacado un buen rendimiento de la Orquesta Sinfónica de Bilbao. También hay que destacar la prestación del Coro de Ópera de Bilbao, que ha brillado bajo su batuta. Me parece un maestro muy interesante y espero que vuelva pronto por aquí.

El protagonista Stiffelio era el tenor Roberto Arónica, que ha sido uno de los tenores más frecuentes en Bilbao en los últimos años. Vocalmente, resulta perfectamente adecuado al personaje y en un escenario corto de vida fue él quien ofreció la interpretación más conseguida, aunque no sea ésta la faceta en la que él más brilla. Ha sido para mí su actuación más convincente en elEuskalduna. Sin duda, el hecho de haber cantado ya en esta producción en Parma le ha ayudado a interpretar con desenvoltura.

El mayor interés de estas representaciones era la presencia de la soprano americana Angela Meade en el personaje de Lina. Sus triunfos en los últimos meses en la Norma del Teatro Real y en la Anna Bolena de Sevilla hacían que mis expectativas fueran muy altas. El resultado no ha estado a la altura de lo esperado, teniendo en cuenta que el listón estaba muy alto. Si no me equivoco, debutaba en el personaje y se notó, ya que su tradicional corta expresividad se vio acentuada en estas circunstancias. Por otro lado, ella brilla con luz propia en el repertorio belcantista, mientras que este tipo de soprano verdiana no es lo mismo y se nota. Su actuación fue para mi gusto lo mejor de la representación en términos vocales, pero quedó por debajo de lo que hemos podido disfrutar con ella en otras ocasiones y en otro repertorio.

Stankar fue interpretado por el barítono ruso Roman Burdenko, a quien habría venido bien envejecer más en escena. La voz es amplia y atractiva, pero su canto resulta un tanto monótono, ya que su paleta de colores es un tanto reducida.

Cumplió bien el bajo Simon Lim en la parte de Jorg. Francesco Marsiglia fue un Raffaele de muy escaso interés vocal y escénico. Adecuados la mezzo-soprano Diana Axentíi en Dorotea y Jorge Rodríguez Norton en Federico.

Un irregular Stiffelio bien servido en ABAO. Foto: Moreno Esquivel
Un irregular Stiffelio bien servido en ABAO. Foto: Moreno Esquivel

La producción escénica lleva la firma del suizo Guy Montavon, actual director de la Ópera de Erfurt y fue estrenada hace 5 años en Parma, siendo una coproducción con la Ópera de Montecarlo, donde se pudo ver al año siguiente. La producción cuenta con escenografía y vestuario de Francesco Calcagnini. La primera es un tanto pesada, aunque atractiva, a base de muros y rejas, que tiene el inconveniente de exigir dos intermedios en una ópera que no llega a las dos horas de duración musical. La acción nos presenta una comunidad protestante centroeuropea con un vestuario adecuado, siempre en tonos oscuros, llamando la atención el de Raffaelle, en rojo, y el blanco de Lina es la escena final, que parecía haber sido vestida por su enemigo. La iluminación es del propio Guy Montavon y saca poco partido del ambiente oscuro de la producción. Lo menos convincente de la producción es la dirección de escena, que es casi inexistente. En cuanto a las masas, no hay sino puro estatismo. En cuanto a los solistas, todos parecen abandonados a sí mismos, lo que no puede ser más problemático, cuando dos de tres principales personajes son debutantes en sus respectivas partes.

El Euskalduna ofrecía una ocupación de alrededor del 85 % de su aforo. El público se mostró cálido tanto durante la representación como en los saludos finales, siendo las mayores ovaciones para Angela Meade, aunque los tres protagonistas y el director fueron muy aplaudidos.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 47 minutos, incluyendo dos largos intermedios. Duración musical de 1 hora y 50 minutos. Cinco minutos de aplausos

El precio de la localidad más cara era de 194 euros, costando 84 euros la más barata


José M. Irurzun