Isabeau de Mascagni en Holland Park: una auténtica rareza

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Isabeau de Mascagni en Holland Park: una auténtica rareza
Isabeau de Mascagni en Holland Park: una auténtica rareza. Fotos: R. Workman

En Inglaterra los veranos ofrecen una inusual actividad operística, organizada por empresas privadas y que varias de ellas se desarrollan más o menos al aire libre, con los consiguientes riesgos. De estos tipos de festivales veraniegos el más conocido es el de Glyndebourne, que a su vez es el más chic y uno de los pocos que se desarrolla en un teatro normal. Hay bastantes más, generalmente ofreciendo cantantes de escaso relumbrón, pero que tienen su larga tradición y siguen contando con el favor del público. Entre ellos habría que destacar los de Garsington, Grange Park, Ilford, Longborough y el que ahora nos ocupa de Holland Park, que se desarrolla en el parque homónimo de la capita británica en una gran carpa, que ofrece un aforo de alrededor de 1.000 butacas. El espacio escénico es muy largo y no ofrece muchas posibilidades, ya que el backstage es extraordinariamente limitado. Tampoco tiene foso y, debido al hecho de ser una carpa de gran anchura, la acústica deja que desear. Los ruidos exteriores apenas molestan, salvo que pase algún helicóptero por los alrededores, aunque me imagino el sufrimiento que tiene que traer consigo asistir a una ópera en esta carpa en una noche de lluvia. Los espectadores no se mojan, pero el ruido del agua golpeando la carpa tiene que ser muy molesto.

Este año se ofrecen 4 óperas, entre las que destaca por su rareza la que ahora nos ocupa, cuyas representaciones son las primeras que tienen lugar en el Reino Unido en toda la historia. Me refiero a Isabeau, que es la décima cronológicamente de las 16 óperas que compuso Pietro Mascagni y que tuvo su estreno en Buenos Aires con gran éxito en el año 1911. La ópera cayó casi totalmente en el olvido durante la segunda mitad del siglo XX, por lo que tenía interés poder ver estas representaciones. Hay que decir que Holland Park ha ofrecido numerosas óperas de la época llamada verista y ha prestado mucha atención a la obra de Mascagni La ópera, como otras dos de su autor, tiene libreto de Luigi Illica y está basada en la leyenda medieval de Lady Godiva. La ópera tiene escaso interés argumental y queda corta de inspiración, aunque cuenta con una notable orquestación, siendo muy exigente para los dos protagonistas de la ópera, especialmente para el tenor.

La producción ofrecida por la Holland Park Opera lleva la firma de Martin Lloyd- Evans y está concebida para las especiales características de este escenario, siendo una coproducción con la New York City Opera. La acción se desarrolla en la Edad Media y la escenografía (Takis) ofrece un largo escenario, situando en la parte de la izquierda elementos móviles representando casas de los habitantes de la ciudad, mientras que el centro y la parte de la derecha la ocupa el palacio del Rey. El vestuario (también obra de Takis) es puramente medieval y sin mucho atractivo, contando con una correcta iluminación de Robbie Buttler. La dirección de escena no tiene excesivo interés, sirviendo para narrar la trama, quedando muy corto de interés e imaginación el paseo de Isabeau como Lady Godiva en el segundo acto.

Al frente de la dirección musical estaba el maestro italiano Francesco Cilluffo, que ha vuelto a confirmar la muy favorable impresión que había tenido de sus actuaciones anteriores en el Festival de Wexford. Su dirección fue segura, enérgica y controlada, lo que no es fácil en un teatro que no tiene foso, consiguiendo que las voces de los protagonistas llegaran con suficiencia a la sala. Vuelve a estar anunciado este año en el Festival de Wexford, lo que me parece muy acertado. Obtuvo una buena prestación de la Orquesta de la City of London Sinfonía, cumpliendo bien también el Coro de la Opera Holland Park.

Fotos: R. Workman

La protagonista que da título a la ópera fue interpretada por la soprano francesa Anne Sophie Duprels. Se trata de un auténtico pilar de primera relevancia en la programación de de este festival, ya que su presencia se da un año tras otro y siempre con éxito. Su actuación fue digna de destacarse, aunque no le ayudara mucho la dirección de escena. La voz resulta adecuada, es una buena cantante y sabe transmitir emociones a la audiencia. Hay un cierto vibrato excesivo que no había notado hasta ahora.

Su enamorado Folco, el falconero, fue interpretado por el tenor David Butt Philip, que superó las muchas dificultades vocales de la partitura, ya que su tesitura es muy complicada y al alcance de muy pocos. Este tenor me produjo una buena impresión, como ya lo hiciera en la parte de Roberto Devereux en la Gloriana de Britten que pudimos ver hace unos meses en el Teatro Real de Madrid.

Muy por debajo la prestación del Rey Raimondo, interpretado por Mikhail Svetlov, cuya voz es amplia, de escasa calidad y resulta un cantante bastante basto.

Giglietta, la madre de Folco, fue interpretada por la veterano mezzo-soprano Fiona Kimm, que lo hizo de modo adecuado y con voz envejecida.

Cornelius, el ministro o asesor del Rey, fue interpretado de manera no más que adecuada por George von Bergen. Buena impresión la dejada por Nadine Benjamín (Ermyntrude) y Joanna Marie Skillett (Ermyngarde) en sus duetos, muy bien cantados por las dos. El Heraldo fue un modesto Thomas Humphreys y lo mismo se puede decir de Oliver Brignall como el Caballero Faidit.

El teatro o carpa estaba repleto y el público dedicó una cálida acogida a los cantantes, siendo los mayores aplausos para los dos protagonistas y para el maestro Cilluffo.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 25 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 1 hora y 50 minutos. Cinco minutos de aplausos.

José M. Irurzun