Isabel Leonard se conforma con cumplir en Diálogos de Carmelitas en el MET

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Diálogos de Carmelitas en el MET. Foto: Ken Howard/Met Opera

El final de la temporada llega a la Metropolitan Opera de Nueva York con Dialogues des Carmélites, la más célebre ópera de Francis Poulenc. El espectáculo, más allá de la presencia de cantantes de enorme talla como Karita Mattila o Adrianne Pieczonka, estaba pensado a mayor gloria de la mezzo del momento, la neoyorkina Isabel Leonard y del director titular del Met, Yannick Nézet-Séguin.

La ópera de Poulenc regresa al Lincoln Center en la producción histórica de John Dexter; la que vio su estreno en el Met en 1977 con Régine Crespin and Shirley Verret, en el debut del añorado Michel Plasson. De nuevo nos encontramos ante una de esas reposiciones típicas del Met, en las que poco hay de novedoso y el interés escénico tiende a cero. Es cierto que recuperar esta producción requiere de una inversión menor que crear un montaje nuevo, pero el gran nivel de los elencos que dispone la compañía contrasta con la dejadez a la hora de innovar en lo visual. Marca de la casa.

El director de orquesta Yannick Nézet-Séguin se presentaba de nuevo con su orquesta después de Traviata y Pelléas, en un intento de estar a la altura de las representaciones de El Anillo del Nibelungo de Philippe Jordan. Las ganas de convencer al público en esta primera temporada como director titular se ponen de manifiesto con cada aparición del director canadiense, siempre energético y positivo. En Diálogos de Carmelitas, YNS consiguió de nuevo un sonido pulcro, acaso saturado en muchas ocasiones, fija la intención en potenciar los meandros de una partitura supeditada al texto en francés.

Así, la propuesta de YNS en el estreno del pasado viernes sonó más épica de poética. El director demostró la efectividad de su batuta y una expresividad superior a actuaciones anteriores. Poco a poco vemos menos músculo y más perfume en las óperas dirigidas por Nézet-Séguin, que aún tiene que refinar la expresión. No obstante, la orquesta, siempre pujante, fue de menor a mayor finura expresiva a lo largo de la ópera; de manera que, durante las últimas escenas, la orquesta transitó caminos más sensibles, y el conjunto sonó al nivel que se le exige al Met.

La mezzo Isabel Leonard interpretó a Blanche de la Force, que ya interpretara en el Met en 2013. La vuelta de la cantante al papel protagonista se produce en un momento bien distinto de su carrera. Después de sus triunfos en Marnie y Mélissande, la cantante llega envuelta en un aura de éxito inevitable. No es para menos, pues, como ya hemos contado en Opera Word, sus recreaciones no son sólo relevantes a nivel musical, sino que además hacen aflorar toda la complejidad psicológica y dramática de los personajes que interpreta. Por ello, su reaparición de Diálogos de Carmelitas concitó una gran expectación.

Diálogos de Carmelitas en el MET. Foto: Ken Howard/Met Opera
Diálogos de Carmelitas en el MET. Foto: Ken Howard/Met Opera

Tanto visual como vocalmente, el papel de Blanche se ajusta a la perfección al tipo de Isabel Leonard. Su clara dicción del francés y una aseada técnica le permiten salir al paso de cuantos escollos presenta la partitura de Poulenc. Sobre el papel, el personaje es perfecto para Leonard: Una mujer que comienza buscando refugio en los hábitos y termina con la inmolación final con la que se resarce de una vida de miedos y dudas, supone el material perfecto para  para profundizar en el mundo interior de una mujer sometida a los más dramáticos sucesos. Pese al éxito cosechado por Isabel Leonard, pensamos que su creación de Blanche es superficial y especulativa. La artista parece poco interesada, o simplemente desconectada de un personaje al que no le presta voz interior. Puede que se trate sólo de una situación transitoria, o de la falta de concentración del estreno. El caso es que la Leonard no satisfizo las altas expectativas artísticas, y se vio superada por algunas de sus compañeras.

La mezzo escocesa Karen Cargill destacó como Madre Marie, papel que compagina con su actuación como Erda en Sigfrido y El Oro del Rin. En Diálogos de Carmelitas, Cargill cuajó un personaje bien definido, sin costuras, creíble de medio a medio. Junto a ella, la Constance de la soprano Erin Morley también resultó de gran interés, con escalofriantes subidas al registro agudo y una emisión al servicio del drama.

Sin duda, uno de los momentos de mayor altura de este estreno postrero en el Met fue la aparición de Karita Mattila como Mdame. De Croissy, la primera priora. El complejo momento de la muerte del personaje fue servido con la maestría de las grandes y consiguió dejar a los asistentes sin respiración. A De Croissy le sucede en el cargo Madame Lindoine, a cargo de la soprano canadiense Adrianne Pieczonka. Con un instrumento maduro y bajo control, la artista dotó a su personaje de la debida asertividad, quizá con más introspección de lo habitual en ella.

El resto de solistas femeninas, provenientes del coro titular de la compañía, respondieron al nivel habitual. Se nota la mano selectiva del director Donald Palumbo, que ha escogido para la ocasión un grupo de cantantes cuyas voces clavan el tipo requerido por Poulenc.

La intervención del tenor David Portillo en el papel del Chevalier de la Force no pasó de lo anecdótico, con un timbre pobretón y una lectura poco imaginativa del personaje. Por su parte, el barítono Jean Francois Lapointe cumplió con aseo la parte de Marqués de la Force, redundando en una pose aristocrática que la música ya subraya con suficiencia.

Esperamos que las distracciones de Isabel Leonard se despejen en las pocas representaciones restantes de Diálogos de Carmelitas, y que Nézet-Séguin se atreva a profundizar más en la semántica de la partitura de Francis Poulenc. Considerando solo lo visto la tarde del estreno, el resultado es decepcionante.

CARLOS JAVIER LOPEZ