J. Ramón Tebar. Entrevista.

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El maestro español Ramón Tebar -quien estará en el podio de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico en el Concertone 3- conversa con CulturArte y asevera que el concierto de este sábado será “un festín”.

Asegura que no hay mayor suerte en esta vida que hacer lo que hace. Lo dice de palabra y lo confirma con la manera de vivirlo desde el podio, como si en esos momentos no existiese otra cosa en el mundo, solo esa amalgama de sonidos y silencios cifrados en la partitura, atentos a su batuta para convertirse en música.

Aunque apenas acaba de cumplir los 35, el maestro español Ramón Tebar es un artista maduro, con una brillante trayectoria profesional que tiene por primera vez estación en Puerto Rico, como director invitado al frente de nuestra Sinfónica en el Concertone 3 que se llevará a cabo este sábado, en un concierto extraordinario producido por CulturArte durante el Festival Casals, con el estelar tenor maltés Joseph Calleja y la soprano puertorriqueña Yalí-Marie Williams.

Inmerso desde el lunes en los ensayos para este programa, el maestro Tebar generosamente sacó tiempo para conversar con los amigos de CulturArte.

Usted siempre deseó ser músico y todo comenzó con un piano que le regalaron en su casa. ¿Cuando en su hogar supieron que había decidido se artista, ¿se opusieron, lo desalentaron con el argumento de que la vida en el arte puede ser incierta y muy sacrificada?

Nunca, desde el principio fueron mis padres los que me apoyaron en todo momento, sacrificándose fines de semana, días de semana, durante los primeros años, llevándome a clases privadas con profesores y al Conservatorio (en su natal Valencia). Me dieron todo lo que estaba en sus manos para que pudiera tener unos estudios musicales.

¿Se vislumbraba como pianista profesional? ¿Cómo llegó la inquietud por la dirección orquestal?

Si bien es cierto que de entre los instrumentos con los que empecé el piano fue por el que muy tempranamente me decidí, no pensé nunca en ser un pianista profesional o un director. Todo se fue desarrollando de una forma muy natural. Muy jovencito, con quince años, empecé a tener mis primeros contratos profesionales, en este caso como pianista de repertorio con el Coro de Valencia, y allí fue aprendiendo repertorio operístico, oratorio, sinfónico coral y empecé a participar en montajes de opera. Mientras tanto, daba también mis primeros recitales de piano y tuve master classes con grandes solistas. Algunos de ellos apostaban por que hiciera una carrera de solista. Hacia mucha música de cámara y recitales con cantantes, y muchos de los músicos con los que colaboraba me decían que era director, quizá por las indicaciones que daba, por los gestos al ensayar desde el piano. Así es como me fui dando cuenta que ya estaba dirigiendo.

Aíun me acuerdo de las palabras de Alicia de Larrocha después de una de las master classes que di con ella. Para esa época ya había dirigido mis primeros conciertos sinfónicos y mi primera opera, y le comenté a ella que creía haber encontrado mi vocación. Entonces me dijo con un tono entre descontento y broma, “bueno, si perdemos un pianista solista, espero al menos que ganemos un buen director: Desde entonces, seguí mis instintos y las oportunidades fueron llegando poco a poco.

¿Qué figuras le sirvieron de modelo en el desarrollo de su vocación? ¿Por qué? 

Hubo muchas… para mencionar a algunas de esas figuras, los profesores que me enseñaron música en general, no siempre la estrictamente pianística, entre ellos a Carlos Gimeno y Luca Chiantore. Después, a grandes cantantes que me dieron palabras de aliento cuando más las necesitaba, como Montserrat Caballe o Teresa Berganza. Cuando figuras de esa talla confían en un joven que busca un camino a seguir, sus palabras de aliento fueron de gran ayuda para seguir con confianza en un mundo que no es nada fácil. Al mismo tiempo, por aquella época en que aún estaba flirteando con las dos posibilidades del piano o la dirección, Bruno Aprea, el catedrático de dirección de orquesta de la Accademia Santa Cecilia de Roma me invito a estudiar con él y, después de unos meses, me ofreció un contrato como director asistente en Estados Unidos. ¡Imagínese! Ahí estaba yo en Roma, donde todos sus alumnos seguían cursos de dirección orquestal bajo su guía durante años, y en tan solo unos meses él mismo me ofreció un contrato, y me dijo que estaba más que preparado. Las señales seguían apareciendo y no era yo quien iba a negarlas, ¿verdad?

 

Aunque el repertorio sinfónico es parte de su quehacer, la ópera domina su agenda… ¿cómo explica esta predilección? ¿Ha sido circunstancial o ha sido una inclinación consciente?

No es una predilección. Mi predilección es la música en general. (Lo que ha pasado) Ha sido totalmente circunstancial. Mi primera oportunidad como director fue como director asistente en la Joven Orquesta Nacional de España, en la que solo se hacia repertorio sinfónico. Pero al mismo tiempo también hacía muchos recitales de música de cámara y con cantantes, así es que entré en contacto con Montserrat Caballé, quien me invitó a acompañarla al piano. De ahí me surgió alguna oportunidad de dirigir ópera, y Aprea me invitó como asistente de un teatro de ópera. Las circunstancias han hecho que sea así de momento. Mientras tanto, creo que ha sido un golpe de suerte, pues me acordaré siempre de lo que él me decía: “un director que viene de la escuela de la ópera y dirige bien este repertorio puede hacer todo, y esto no siempre pasa cuando un director empieza haciendo solo repertorio sinfónico… no siempre pueden hacer ópera”.

Y creo que es totalmente cierto. Creo que no hay repertorio más difícil y demandante que el operístico. Pasar años dirigiendo en teatros de ópera creo que es la mejor escuela en la que pude haber estado. Es de la manera que aprendieron los grandes directores del pasado, y creo que es la que más sólidas bases da al director de orquesta. Siempre hay excepciones, obviamente. El gran problema que veo hoy en día es el de el encasillamiento, pero esto no lo suelen hacer siempre los mismos músicos, sino algunos agentes, directores de teatro, empresarios, gerentes… que tienden a encasillar como director operístico o sinfónico, y sinceramente creo que si uno es un buen músico y buen director, se es ya sea para ópera, para el repertorio sinfónico, para el repertorio coral… Son barreras y prejuicios que se necesitan romper.

En mi caso, he pasado muchos años trabajando en teatros de ópera. Ahora soy director de una orquesta sinfónica en Palm Beach, y también del Festival de Santo Domingo, donde hacemos repertorio sinfónico. Estoy teniendo más ofertas para conciertos sinfónicos poco a poco, al mismo tiempo que en grandes teatros de ópera, como mi debut en unas temporadas en la ópera de Viena. Creo que al final será cuestión de balancear las ofertas más interesantes con el repertorio más apropiado en cada momento… ese sería el ideal.

Nos visita entre un Nabucco y una Tosca, con la Florida Grand Opera … ¿dirigir este concierto en el Casals le sirve como transición mental y emocional entre Verdi y Puccini?

No solo el concierto en el Casals, sino también una primera de Brahms que dirijo antes de la Tosca. Todo nuevo concierto y repertorio es una transición emocional. Y cuando hay que cambiar de estilo mucho mas. Miré, en el concierto sinfónico que tengo después del concierto en el Festival Casals, dirijo una obertura de Beerthoven, pero también el concierto numero 2 de Chopin, y este último no es tan diferente de dirigir a un cantante en un concierto de arias.

De todo lo que ha hecho desde el podio, ¿qué momento recuerda con más cariño? ¿Por qué?

La Turandot que hice en 2010 en Miami y que sirvió para que me ofrecieran la posición de director musical en Florida Grand Opera. También recuerdo con mucho cariño mi primera òpera, Don Pasquale, y conciertos con Caballé, Domingo, Joshua Bell, Gautier Capuçon, Heppner, Guleghina… cada uno de ellos ha sido especial y único.

De la misma manera, ¿qué momento de esa carrera desearía olvidar, pero que recuerda, cuando le hacen preguntas como esta?

Musicalmente no quiero olvidar nada. Si quisiera olvidar la parte “profesional” de esta “carrera”, algo que detesto cuando se trata de lidiar con ciertos departamentos administrativos o de gestión de ciertos teatros u orquesta que no tienen mucha idea del aspecto artístico o musical. Afortunadamente, no siempre es así, pero cuando es así, es lo que peor llevo.

Obviamente tiene una larga carrera por delante y poco a poco llegarán nuevas obras a su repertorio, pero en este momento, ¿cuál es la ópera que más le ilusiona dirigir por primera vez?

Tristan e Isolda, que estuve a punto de dirigir, pero problemas de presupuesto hicieron que se cayera del cartel. Dirigir un Wagner es algo que me fascinaría, pero hay tantisimo otro repertorio para hacer antes…

¿Es riguroso con la partitura, en el afán de fidelidad absoluta con el compositor o se da la oportunidad de volar un poco dentro los parámetros de su propia interpretación de lo que está escrito en el pentagrama?

Ambas cosas. Intento ser lo más riguroso que puedo con la partitura, y esto significa a veces volar y leer entre líneas. El famoso “com’e scritto” significa realmente ambas. Piense que los compositores no siempre escribían todo en la partitura, y cuando no lo hacían esperaban que el interprete aportara algo. Al mismo tiempo, como dice Puccini, ya que todo es imposible de escribir en la partitura, que al menos se respete lo que sí se ha podido escribir. Es un delicado balance, en el que no se puede olvidar que la partitura impresa no es mas que una guía: la música está entre lo escrito.

¿Cree que la afición por la música clásica, por la ópera, está a la baja? ¿Siente que se genera un nuevo público al mismo ritmo con el que el más adulto y maduro desaparece por razones obvias?

No creo que esté a la baja, creo que se hacen más conciertos que nunca en la historia. Creo que estamos en un momento bajo, porque venimos de unos años de una abundancia extraordinaria. Pero hay más orquestas sinfónicas que nunca, más conciertos que nunca y más másicos que nunca. Soy optimista. Pero eso sí, se necesita más educación para la juventud, sobre todo en las escuelas, y crear nuevos formatos de concierto, entre otras cosas.

¿Qué espera del concierto de este sábado?¿Qué puede esperar el público que llenará la sala?

Que lo pasen bien y que disfruten. Un concierto de este formato está diseñado precisamente para eso. Es un menú con una selección de lo mejor de cada cosa. Así es que esa es la idea. En un concierto con un programa diferente esperaría reacciones diferentes. Pero un concierto como el del sábado creo que es un festín.

Y por último, maestro, ¿qué lo ilusiona de la vida, qué le pide?

Continuar haciendo lo que hago, pues no hay mayor suerte en esta vida que esta. Sobre todo con los años que hemos vivido de escasez y crisis. Si a esto le añado poder disfrutarlo con mi familia, no pido mucho más.

Mario Alegre Barrios