Javier Camarena bisa en el estreno de La fille du regiment en el MET

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La fille du regiment en el MET
La fille du regiment en el MET. Foto: Marty Sohl / Met Opera

La ópera de Donozetti La fille du regiment vuelve a la Metropolitan ópera de Nueva York en la ya conocida puesta en escena de Laurent Pelly, con el director de orquesta Enrique Mazzola al frente de un elenco que incluye a Javier Camarena (Tonio), Pretty Yende (Marie), Stephanie Blythe (Marquise) y Alessandro Corbelli (Sulpice).

A diferencia de otros estrenos de esta temporada, esta Fille du regiment del pasado jueves contaba con un interés especial. Parece evidente que el público del Met sigue siendo un público de voces, que acude para ver a sus ídolos más que atraído por nuevas producciones. El teatro del Lincoln Center estaba lleno hasta la bandera, sobre todo para escuchar al tenor mexicano Javier Camarena, cuyos éxitos en el papel de Tonio por todo el mundo le han hecho famoso; y también por la aparición por vez primera en la Metropolitan Opera de la célebre actriz americana Kathleen Turner en el papel cómico de la Duquesa de Krakenthorp.

En la tarde el jueves no se vieron decepcionados. Javier Camarena bisó su aria de los nueve does, Ah mes amis, algo que el mexicano está convirtiendo ya en costumbre en Nueva York tras sus encores en Don Pascuale y La Cenerentola. En nuestros días, La fille ha pasado de ser sólo un título para soprano de coloratura y se ha convertido en un título clave para tenores de fama mundial como Flórez o el propio Camarena.

Pero el canto del mexicano va mucho más allá de los agudos. Es cierto que la colocación y la proyección de sus notas altas le permiten emitir un sonido claro, punzante, que va directo al tuétano del espectador. Y que incluso en los momentos en los que la emisión no es perfecta, el cantante sabe rectificar de inmediato para conseguir el sonido más certero. Sin embargo, el verdadero arte de Camarena reside en el acento, en la intencionalidad expresiva de la línea, que carga en una media voz limpia y honesta todo el peso emocional de sus personajes. De esa manera, Camarena consigue hacer teatro a través del canto, expresar con cada inflexión de la voz. Incluso dejando a un lado sus evidentes dotes actorales (los cantantes latinos no tienen problemas en este aspecto), Camarena se distingue por hacer creíbles a los personajes que encarna, por darles vida trascendiendo lo musical. De esta manera, su Tonio es obstinado pero frágil y tierno, siempre en línea con el libreto.

La voz de Camarena ha crecido, se ha hecho más pesada, sobretodo en la zona media, y los agudos suenan más redondos y complejos. Todo el registro se ha oscurecido y ahora el timbre presenta un calor que no tenía años atrás. Por todo ello, y con las reservas propias de un cantante que está llevando una carrera pausada y sin atropellos, parece que el mexicano está listo para nuevos retos.

La soprano sudafricana Pretty Yende cuenta con el favor del público de Nueva York. Su esfuerzo interpretativo y su energía en escena fueron agradecidas por los espectadores del Met, que premiaron una actuación más entregada que precisa. Con un instrumento pequeño pero de buenas prestaciones, la Yende es capaz de producir notas sorprendentes, al filo de su tesitura. Pero para convencer en el papel de Marie hace falta algo más. Algo incómoda con el idioma, en ocasiones costaba entender su texto. Yende se emplea a fondo en cada una de sus intervenciones, pero más allá de su impecable afinación, de su precisión en la coloratura y lo atractivo de su timbre, la soprano parece encontrar dificultades para expresar emociones a través del canto. La línea vocal aparece monocroma y plana, con una media voz suave pero insípida en muchos pasajes. Esta aproximación vocal poco imaginativa al personaje de Marie se antoja como un bache momentáneo (tal vez sólo de una noche) en el exitoso historial de la soprano. Pero aquí debemos escribir lo que se vivió en la tarde del estreno.

Aparte de los dos cantantes principales, cosecharon sendos éxitos el barítono italiano Alessandro Corbelli, sobrado en su papel de Sulpice, y la mezzo neoyorkina Stephanie Blythe que, si bien no dio el tipo de noble europea, si deleitó con una voz muy ancha y bien colocada.

Enrique Mazzola cumplió en el foso con una versión limpia y jovial de la ópera, aunque cundió la sensación de que de estos músicos se puede sacar más brillo. El coro del Met no defraudó. A nadie ya sorprende su versatilidad ni su capacidad de resultar idiomático y fidedigno en todos los estilos.

Kathleen Turner actuó con gracia y gran intuición, abriéndose paso con donosura en un terreno que no es el suyo. Esta ópera es una nueva muesca en el revólver de una actriz todoterreno a la que pocas cosas se le resisten.

Al salir del teatro todos los asistentes parecían compartir la sensación que querer más. Queda el consuelo de que la Metropolitan Opera retransmitirá en todo el mundo la ópera el día sábado 2 de marzo. Que la disfruten.

CARLOS JAVIER LOPEZ