Jessica Pratt salvó una mediocre La Sonnambula

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Jessica Pratt salvó una mediocre La Sonnambula
Jessica Pratt

Han pasado diez años de desde la última vez que se representó esta ópera de Bellini en Bilbao. En aquella ocasión el resultado fue triunfal, debido a la presencia de Juan Diego Flórez en una de las mejores actuaciones que le recuerdo. La que ahora nos ocupa ha quedado bastante por debajo de la de hace 10 años. En ello han tenido que ver una producción escénica muy poco adecuada para el Euskalduna, independientemente de otras consideraciones estéticas, una dirección musical plana y aburrida, especialmente en el primer acto, y un reparto vocal con luces y sombras, en el que destacó de manera notable la protagonista que da nombre a la ópera.

El Palacio Euskalduna tiene muy serios inconvenientes para las representaciones de ópera, como hemos podido constatar a lo largo de estos casi 17 años de vida. Las voces tienen serias dificultades para salir del escenario, especialmente cuando las producciones escénicas son muy abiertas, como ocurría con la de Pier Luigi Pizzi, procedente del Teatro Bolshoi de Moscú. Son ya suficientes los años transcurridos desde la inauguración del Euskalduna para que esto no sea una novedad, sino que por el contrario debería ser perfectamente sabido y tenido en cuenta al elegir las producciones escénicas.

Esta producción de La Sonnambula era muy abierta y perjudicó seriamente la proyección de las voces. La única manera de que se les oyera bien a los cantantes era yéndose adelante. En cuanto no lo hacían así, las voces llegaban mal al auditorio. Seguramente, esto no ocurre ni en el Bolshoi ni en otros muchos teatros de ópera, pero sí ocurre en el Euskalduna.

Dicho esto, la producción de Pier Luigi Pizzi tuvo las virtudes y defectos de costumbre en los trabajos de este veterano regista. La escenografía y el vestuario eran del propio Pizzi, consistiendo la primera en una serie de árboles, en los que transcurren las escenas primeras de los dos actos de la ópera, mientras que la habitación del conde resulta atractiva, y la escena final es muy tradicional y con poco atractivo. El vestuario resulta adecuado y atractivo, con toques indudablemente rusos en los figurantes. La producción destaca por su claridad, contando con una buena labor de iluminación por parte de Mark Stavtsev. La pura dirección escénica resulta insuficiente, como es habitual en las producciones de Pier Luizigi Pizzi o en las de su ayudante Massimo Gasparon, que es quien ha llevado adelante la dirección escénica en Bilbao. No hay prácticamente movimiento en escena, con un coro totalmente estático, limitándose la dirección a narrar la historia.

Volvía al foso del Euskalduna José Miguel Pérez Sierra y nuevamente su actuación me ha resultado poco convincente. Han pasado casi 10 años de la primera vez que vi dirigir a Pérez Sierra en Pésaro en Il Viaggio a Reims para jóvenes, que todos los años se ofrece en el Festival Rossini. Entonces me pareció un joven maestro muy prometedor, pero no he conseguido confirmar las expectativas abiertas en aquella ocasión. Su lectura de La Sonnambula fue particularmente plana, lenta y aburrida durante el primer acto de la ópera, A Dios gracias, el segundo acto tuvo otro aire y las cosas rodaron bastante mejor. Los tiempos lentos requieren una gran profundidad para no caer en el tedio y eso es lo que ocurrió en el primer acto de la ópera, cuya duración fue de nada menos que 1 hora y 20 minutos. A sus órdenes estuvo una Orquesta Sinfónica de Bilbao, que sigue demostrando que su sonido es mucho mejor en el escenario que en el foso, no pasando de la corrección una vez más. Correcta la actuación del Coro de Ópera de Bilbao, llamándome la atención la presencia de casi 60 coralistas en escena, lo que me parece excesivo para esta ópera.

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Amina fue interpretada por la soprano australiana Jessica Pratt, que fue de lejos lo mejor del reparto. La voz es atractiva, bien manejada, respondiendo a las características de una soprano lírica, lo que me resulta mucho más interesante que cuando se ofrece el personaje cantado por una soprano ligera. Su aria de entrada topó con el inconveniente de la producción, pero a partir de ahí siempre cantó sus arias en corbata, desde donde la voz corría sin problemas. Cantó con mucho gusto Ah, non credea mirarti y resulto brillante en la cabaleta final, aunque su extremo agudo resulte un tanto metálico. En cualquier caso, fue una excelente Amina. Habrá que llamar la atención al hecho de que al caer el telón saliera a saludar acompañada de Elvino, lo que demuestra su gran compañerismo, ya que pudo haber recibido las ovaciones ella sola, ya que ella era la protagonista que da el nombre a la ópera y ella había cerrado la ópera con una brillante interpretación de Ah, non giunge uman pensiero.

Un tenor precisa una voz atractiva para cantar cualquier ópera de Bellini. Se podría decir esto de cualquier otro compositor, pero yo lo considero fundamental en este caso. De no contar con un instrumento de gran belleza, hace falta ser un auténtico cantante fuera de serie para poder triunfar en el personaje de Elvino en La Sonnambula. Ese era el caso hace 20 años de Rockwell Blake, con quien uno se olvidaba de la belleza del timbre para disfrutar con unas facultades excepcionales. El caso de Antonino Siragusa es el de un tenor que ofrece una voz de muy escaso atractivo y que nada positivo ofrece en cuando a interpretación vocal o escénica. Esto está lejos de ser una sorpresa, ya que es de sobra conocido, y ha cantado en otras ocasiones en Bilbao. La voz resulta simplemente fea y – no sé si considerarlo como una virtud en este caso – está muy bien proyectada. Los agudos son invariablemente en forte y abiertos y su Elvino resulta insuficiente por todos los lados. No diré que su actuación fue decepcionante, porque poco se podía esperar de antemano.

Mirco Palazzi fue un Conde Rodolfo correcto y un tanto modesto. La voz tiene una cierta calidad en el centro, aunque le falta amplitud, penalizado también por la producción. En la zona alta hay claras apreturas.

La guipuzcoana Elena Sancho Pereg fue una Lisa que tuvo que lidiar con el inconveniente de estar seriamente acatarrada, habiendo aviso de indisposición en el intermedio. La voz quedaba muy penalizada por la producción en el primer acto, resultando casi inaudible en la zona baja, funcionando mucho mejor del centro para arriba. Su aria de segundo acto fue su mejor momento, demostrando que es una soprano ligera muy interesante, cantando con gusto, contando con la ventaja en este caso de cantar delante de un teloncito, que hacía que la voz se proyectara mucho mejor.

Itxaro Mentxaka fue una muy solvente Teresa, como lo es en todas sus actuaciones. Más bien modesto, Josema Díaz en Alessio y sin pena ni gloria Alberto Núñez en el Notario.

El Euskalduna ofrecía una ocupación de alrededor del 85 %, del aforo, estando los huecos más visibles en las localidades “baratas”. El público se mostró frió durante la representación, dedicando los mayores aplausos finales a Jessica Pratt.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 2 horas y 49 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 12 minutos. Algo menos de seis minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 214 euros, costando la más “barata” 89 euros. Fotos: Moreno Esquibel

José M. Irurzun