Jonas Kaufmann, un “Otello” de hoy

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Otello
Otello

Son muy pocos los tenores lírico-”spinto” (algunos ya en su decadencia) que se han resistido a abordar el personaje del moro veneciano. Y el más cotizado de nuestros días, el alemán Jonas Kaufmann, tampoco iba a negarse a hacerlo. Como cantante inteligente que es (y esto lo apreciamos ya desde su manera de abordar el “Esultate” y el “Abbasso le spade”, de un modo nada triunfalista), digamos que lo ha traído hasta el momento actual, creando un anti-héroe dubitativo, contradictorio, muy trabajado, no solamente en las escenas que todos esperamos, para las que quizá le falte un punto de metal heroico. Ese tono baritonal tan atractivo, por otra parte, le sirve para delinear cada pequeña frase, los monólogos, que están dichos a media voz, casi susurrados… El artista germano logra así un retrato enormemente conmovedor, pero también con los arrebatos y los ataques de violencia necesarios, muchas veces descontrolados, como corresponde a un carácter impulsivo y fácilmente manejable. Y también profundamente enamorado, como apreciamos en ese maravilloso dúo de amor del I acto, de resonancias “tristanescas”.

El cantante muniqués declaró que quería hacer su primer “Otello” aquí, en Londres, y con este mismo equipo, lo cual ha sido un acierto, porque le ha permitido trabajar hasta el más pequeño detalle. Sir Antonio Pappano, como siempre, sabe “mimar” como casi nadie a sus cantantes, al mismo tiempo que es capaz de crear las mayores explosiones orquestales cuando es necesario, demostrando en todo momento un soberbio sentido del drama. Lo mismo cabe decir del trabajo actoral, donde Keith Warner demuestra toda esa solidez propia del teatro inglés, con una minuciosa recreación en la psicología de los personajes.

Un excelente trabajo musical y actoral que se transmite a todos los demás integrantes del magnífico elenco. Así, Marco Vratogna (que reemplazaba, muy acertadamente creemos, al francés Ludovic Tézier, al que no vemos demasiado en este papel) es un Yago tremendamente sinuoso y manipulador, como debe ser, tremendo en el “Credo” y en el dúo con Otello que cierra el acto II, sin ningún problema con la declamación verdiana. Como tampoco lo tiene Maria Agresta en Desdemona, un papel totalmente adecuado a su vocalidad, en el que puede lucirse plenamente, sobre todo en su última escena, con una canción del sauce y un Ave Maria muy bien delineados.

Excelentes también todos los secundarios: Frédéric Antoun (Cassio), Thomas Atkins (Roderigo), Simon Shibambu (Montano), Thomas Barnard (Heraldo)… con mención especial para el bajo chino In Sung Sim como Lodovico, el embajador de Venecia, y sobre todo a la contralto holandesa Kai Rüutel, un verdadero lujo como Emlia.

Y, por supuesto, a los estupendos cuerpos estables del coliseo londinense, que realizan una estupenda labor tanto en el plano instrumental como en el coral (particularmente destacable este último, tanto en lo escénico como en lo canoro). 

Rafael Banús Irusta