Júpiter y Semele, una gran zarzuela barroca

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                            Jupiter y Semele, una gran zarzuela barroca Por Federico Figueroa

Nuevamente es el incombustible Eduardo López Banzo quien, acompañado del conjunto Al Ayre Español, de lustre y esplendor a esta zarzuela del compositor mallorquín Antonio de Literes (1673-1747) y del dramaturgo José de Cañizares (1676-1750). El argumento mitológico de Júpiter y Semele, estrenada en Madrid en 1718, proviene de Las Metamorfosis de Ovidio y cuenta el amorío de Júpiter y la hermosa Semele, princesa de Tebas para más señas, los celos que esta relación provocan en la diosa Juno, esposa de Júpiter, y la venganza de Cupido por la destrucción del templo dedicado a su culto, aderezado por la pareja de graciosos y las tramas secundarias de los personajes hablados.

Los cinco cantantes solistas de "Júpiter y Semele" © Elvira Megías
Los cinco cantantes solistas de «Júpiter y Semele»   © Elvira Megías   Jupiter y Semele, una gran zarzuela barroca 

Las zarzuelas barrocas eran fiestas teatrales, muy complejas, extensas y con peculiaridades que las hacen especiales a ojos actuales. En la trama hay personajes mitológicos que cantan con nobleza, otros que solo hablan y otros más que cantan formas vernáculas. Y todos ellos se relacionan en confusos vínculos que requieren la atención del público so pena de perderse en el laberinto de imposturas y falsedades verdaderamente barrocas. La versión concierto que López Banzo y Al Ayre Español nos han presentado ha sido sin las partes habladas, dejando que un narrador, uno de los cantantes solistas, nos de las trazas argumentales de tal manera que en una hora y media, sin descanso, la obra fue despachada.

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Eduardo López Banzo al final del concierto de "Júpiter y Semele" © Elvira Megías
Eduardo López Banzo en los aplausos al final de «Júpiter y Semele»   © Elvira Megías Jupiter y Semele, una gran zarzuela barroca   

La música de Literes, aunque digan lo contrario algunos eruditos, gusta mucho al público. Y es que la factura es de obra maestra, como bien explicó López Banzo antes del inicio del concierto. Si además se cuenta con un plantel de solistas de la calidad del que compareció, la obra fluirá como si fuese oro. La interpretación sugestiva de la soprano María Espada (Júpiter) moldeando su voz al servicio del personaje fue tan conmovedora como el lamento tras la muerte de su amada Semele. El brioso Cupido que la mezzosoprano Maite Beaumont fue el contrapunto idóneo al lánguido Júpiter. Los bellos adornos y matizaciones de Beaumont parecíeron hechos con facilidad. La diosa Juno fue resuelta con destreza por la soprano Sabina Puértolas, cuya expresividad a flor de piel e intensidad de su potente voz, bien provista en la zona grave y central, dibujaron con claridad su carácter vengativo. El dúo de graciosos, estuvieron muy bien servidos por la soprano Lucía Caihuela (Enarreta) y el barítono Víctor Cruz (Sátiro y Narrador) dándolo todo en las dos escenas humorísticas y en los cuatros, esos coros muy vivos y estupendamente resueltos que salpican las páginas de esta zarzuela.

Cuatro solistas y miembros de Al Ayre Español en "Júpiter y Semele" © Elvira Megías
Cuatro solistas y miembros de Al Ayre Español en «Júpiter y Semele»   © Elvira Megías

Se hizo notar que el personaje de Semele, piedra angular en el argumento, no apareciera en esta representación. La princesa de Tebas es un personaje noble y en las convenciones del género le destinaban una notable presencia en el texto hablado. Júpiter y Semele, por la calidad de la música y del libreto, merece ser llevada a la escena para que el público de hoy, ávido de “novedades”, descubra el tesoro que tienen en casa. El concierto fue delicioso, fluido y adecuado al formato, con unos solistas que sacaron lo mejor de sus partes, un conjunto instrumental de estupendo sonido y la sabiduría de López Banzo dirigiendo la nave desde el clave. El éxito fue grande, con calurosos y prolongados aplausos y vítores a todos los artistas.Jupiter y Semele, una gran zarzuela barroca