Kirill Petrenko sube al Olimpo de la dirección con El Oro del Rín

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Erda (Okka von der Damerau) et Wotan (Wolfgang Koch)
El Oro del Rín, con dirección de Kirill Petrenko. Foto: W. Hösl

Vuelve Munich a ofrecer el Anillo del Nibelungo y lo hace en una primera parte a lo largo de los meses de Enero y Febrero, para volver a presentarlo a lo largo de una semana durante el Festival de Julio. Ni que decir tiene que el gran interés de esta representación estribaba en la presencia en el foso de Kirill Petrenko, el actual director musical de la Bayerische Staatsoper, a quien mucho vamos a echar de menos, cuando deje su actual posición para ocupar nada menos que la dirección de la Filarmónica Berlín. Como siempre que está Kirill Petrenko en el foso mis expectativas son altísimas y pocas veces, si es que alguna, me defrauda. Una vez más su dirección ha quedado para el recuerdo.

Se reponía la conocida producción de Andreas Kriegenburg que se estrenara aquí en Febrero de 2012. Entonces era su director Kent Nagano, a quien mañana podré ver en Hamburgo en Die Walküre. La producción me recuerda mucho a los trabajos de La Fura dels Baus. No me refiero al que hicieron para el Anillo de Valencia, sino a muchos otros, en los que hacen uso de un numeroso grupo de “fureros”, que tanto sirven de figurantes, como de bailarines e incluso de elementos de atrezzo.

Al entrar en el teatro vemos el escenario ocupado por un centenar aproximado de jóvenes de ambos sexos, vestidos con ropas blancas, entre los que se ven también a tres personajes de verde, que no pueden ser sino las Hijas del Rhin. Poco antes de que el maestro ataque el famoso preludio con el acorde en MI bemol mayor, se escuchan por megafonía sonidos de agua, levantándose los figurantes, que se despojan de sus vestidos para quedar en ropa interior – color carne – y se pintan sus cuerpos de azul, para convertirse en el río. Estos figurantes siguen formando parte de la escena en diversos momentos, particularmente en la aparición de Erda y en la entrada en el Walhala. La escenografía (Harald B.Thor) es muy simple, apenas unas paredes de madera y un techo, lo que facilita la proyección de las voces. El vestuario (Andrea Schraad) es un tanto intemporal, con los dioses siempre con pelucas rubias-platino. Muy buena la labor de iluminación de Stefan Bolliger, fundamental en una producción minimalista como la que nos ocupa.

La dirección escénica de Andreas Kriegenburg destaca en los movimientos de figurantes, resolviendo de manera imaginativa las transformaciones de Alberich, así como la aparición de Erda. Menos convincente es la personificación de los gigantes, mientras que de los momentos más conseguidos de la producción hay que señalar el apilamiento del oro. Menos convincente resulta la entrada de los dioses en el Walhala, muy poco espectacular.

El centro de interés de esta ópera, como serán las que vienen a continuación de la Tetralogía, no era otro que la presencia de Kirill Petrenko al frente de la dirección. Uno no es muy rico en el uso de calificativos y no sabría qué usar para referirme a su dirección. ¿Magnífica? ¿Espectacular? Posiblemente tendría que utilizar el de inmejorable. Hoy en día Kirill Petrenko es uno de los mejores directores del mundo, si es que no es el mejor de todos ellos. Mucho le vamos a echar en falta en Munich y no le arriendo la ganancia a quienquiera que sea su sucesor. Nombres han sonado y lo siguen haciendo, pero todos se me quedan cortos. Su dirección fue de las de quedar para el recuerdo. Es bien sabido que Kirill Petrenko siempre se inclina por tiempos vivos, pero en esta ocasión ha batido su propia marca. La última vez que le vi dirigir Das Rheingold la ópera duró 2 horas y 16 minutos y era la más rápida que yo había escuchado en mi vida. En esta ocasión la duración ha sido de 2 horas y 13 minutos. Nada tengo en contra de los tiempos lentos, aunque reconozco que tienen el inconveniente de que necesitan una profundidad que está al alcance de muy pocos maestros. Hay que ser un Lorin Maazel. Huelga decir que a las órdenes de Petrenko la Bayerisches Staatorchester estuvo impresionante, de lejos mucho mejor que el día anterior en el Rapto en el Serrallo.

Les Filles du Rhin entourant l'or: J.Johnson, Ch. Landshamer, R.Wilson
Les Filles du Rhin entourant l’or: J.Johnson, Ch. Landshamer, R.Wilson

El protagonista de esta ópera no es otro que Wotan, que ha sido interpretado por Wolfgang Koch, a quien había visto como Alberich anteriormente en esta misma producción. No cabe duda de que es uno de los barítonos más importantes de la actualidad, pero debo decir que esperaba más de su Wotan. Me dejó mejor recuerdo como Alberich..

Magnífico, en cambio, el Alberich del barítono sueco John Lundgren. Le he encontrado con la voz mejor proyectada y más amplia que hace unos años, siendo además un notable intérprete en escena.

La parte de Loge fue cubierta por el tenor Norbert Ernst, que tuvo una buena actuación. Siempre desenvuelto y muy creíble en su actuación, aunque la voz se me hace un tanto ligera para este semidiós.

La mezzo-soprano rusa Ekaterina Gubanova fue una correcta Fricka, un tanto fría en escena, lo que le hace pasar casi desapercibida.

Buenas las actuaciones de los dos gigantes, interpretados por el ucraniano Alexander Tsymbaliuk (Fasolt) y el estonio Ain Anger (Fafner). Voces ambas muy adecuadas y sonoras, siendo además buenos intérpretes.

Intachable la actuación de Okka Von der Damerau en la parte de Erda. Es un personaje que no tiene secretos para ella y lo borda vocalmente, como lo ha demostrado en otras ocasiones.

Adecuado también el tenor Wolfgang Ablinger-Sperrahache como Mime. Bien también la soprano Golda Schultz en la parte de Freia. Correcto Marcus Eiche como Donner. Voz atractiva, aunque de formato un tanto reducido, la de Dean Power como Froh. Finalmente, la Hijas del Rhin lo hicieron estupendamente, tanto Christina Landshamer (Woglinde), Rachel Wilson (Wellgunde), como Jennifer Johnston (Flosshilde)

El teatro estaba totalmente lleno, habiendo agotado sus localidades hacía bastante tiempo. La presencia de Suche Karte en las proximidades del teatro era notable. El público dedicó una entusiasta recepción a los artistas, particularmente a Kirill Petrenko y a John Lundgren.

La representación comenzó con 5 minutos de retraso, como es habitual en Munich, y tuvo una duración de 2 horas y 13 minutos, como digo más arriba. Los aplausos finales se prolongaron durante nada menos que 15 minutos.

El precio de la localidad más cara era de 132 euros, habiendo butacas de platea desde 74 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 30 euros.

José M. Irurzun