La caleidoscópica trompeta de Pacho Flores

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Pacho Flores
Pacho Flores

El trompetista venezolano Pacho Flores, uno de los mejores solistas de su generación en este instrumento, realiza un recorrido enormemente poliédrico en Fractales, su extraordinario álbum de geométrico título para Deutsche Grammophon, donde explora todas las posibilidades expresivas de la trompeta, empuñando varias de ellas, así como corneta y fliscorno, a lo largo de las obras que propone. Apoyado en el veterano trombonista y compositor Christian Lindberg, que aquí lidera la versátil Artic Philarmonic Orchestra, el disco establece diferentes espacios y lenguajes sonoros, clásicos, populares y contemporáneos.

De entrada asistimos a todo un despliegue de marcados acentos y abierta expresividad en los tres movimientos que conforman Akbank Bunka del propio Lindberg, interesante pieza virtuosística que oscila por diferentes sonoridades del instrumento de metal por medio de un discurso de corte improvisatorio, muy estimulante, y con un enfático acompañamiento orquestal que en el jazzístico movimiento final adquiere altas dosis de paroxismo. El plato fuerte del disco es el Concierto para trompeta en la bemol mayor de Alexander Arutunian (1920-2012), una sobresaliente composición en la mejor tradición eslava, un solo movimiento con irresistibles arrebatos rítmicos y embriagadoras melodías de carácter modal, y en cuya parte central Pacho Flores utiliza el fliscorno, con lo que la variedad de sonoridades hace de la escucha de esta pieza un auténtico placer, con ecos de la música de otro gran compositor armenio como Aram Khatchaturian.

El acercamiento de Flores a una de las páginas concertantes más célebres de todo el repertorio para el instrumento que nos ocupa, el Concierto para trompeta en mi bemol mayor de Franz Joseph Haydn, está totalmente impregnado de su personal entendimiento de la pieza a nivel técnico, pues además de utilizar tres trompetas afinadas de forma diferente y adaptadas para las exigencias interpretativas de cada uno de los movimientos, él firma -como en Arutunian- su cadencia para el Allegro inicial, dotando siempre de equilibrio a la línea melódica y exhibiendo un sonido brillante y esmaltado, carente de estridencias, cuidadísimo en cada uno de los registros de las trompetas. Una excelente interpretación haydiniana con un sostén orquestal preciso y respetuoso que Lindberg reviste de deliciosas texturas camerísticas.

Las tres últimas piezas del álbum son arreglos, a cada cual más originales, comenzando por los Aires gitanos de Pablo Sarasate, -que entronca con la obra de Arutunian inmediatamente anterior-, un espectáculo de trinos y glissandi que alcanza su cenit en el trepidante final. A continuación, un divertido ejemplo de música brasileira, con el célebre tema Chega de saudade de Tom Jobim (1927-1994), donde Pacho Flores y Christian Lindberg unen sus respectivos metales para destilar todo el swing que llevan dentro, antes de que el universo del tango argentino haga su entrada en Oblivion de Astor Piazzolla, un arreglo, como el anterior, del venezolano Efraín Oscher, que enfrenta los colores de la trompeta y el fliscorno, a lo que se une el sustancioso ropaje instrumental de la Artic Philarmonic a las órdenes de Lindberg, colaboradores necesarios de este viaje fractal que diseña sobre el espacio sonoro la caleidoscópica trompeta de Pacho Flores.

Germán García Tomás