La calidad y generosidad de Ainhoa Arteta triunfan en Pamplona

69
Imagen del concierto de Ainhoa Arteta. Foto: I. Zaldúa
Imagen del concierto de Ainhoa Arteta. Foto: I. Zaldúa

Han pasado 5 años desde que Ainhoa Arteta diera su último concierto en El Baluarte. Entonces su actuación se saldó con un éxito indiscutible, que ahora ha vuelto a repetirse. Si entonces el concierto estuvo dedicado al verismo, en esta ocasión el repertorio ha sido más variado y, a diferencia de la última ocasión, ha mostrado la soprano guipuzcoana una gran generosidad en las propinas ofrecidas. 

Ainhoa Arteta ha estado acompañada en el concierto por la Orquesta Sinfónica de Navarra y el Coro de AGAO, que han ofrecido sus propias actuaciones. Todos ellos han estado dirigidos por el mallorquín José María Moreno, que ha sido el otro triunfador del concierto. 

Comenzando por la protagonista del concierto, diré que en su actuación ha habido cuatro partes perfectamente diferenciadas. En la primera parte del concierto la guipuzcoana ofreció una serie de canciones que sirvieron para calentar su voz, aunque no la temperatura del auditorio, que no se mostró entusiasmado con ellas. Fueron dos breves canciones de Jaime Ovalle, a las que siguió Ai, que linda moça, de Ernesto Halffter, terminando esta primera parte del concierto con La rosa y el sauce, de Carlos Gustavino, a la que siguió la bien conocida Canción de cuna, de Xabier Montsalvatge, finalizando con la canción Alfonsina y el mar, de Ariel Ramírez, en la que Ainhoa Arteta ofreció su mejor actuación de esta primera parte.  

La segunda parte del concierto constó de una primera dedicada al verismo, en la que ofreció el aria Ebben?…Ne andrò lontana, de La Wally, como ya lo hiciera ha 5 años. Siguió con el aria Sola, perduta, abbandonata, de la Manon Lescaut de Puccini para terminar su oferta verista con la más que famosa Un bel di vedremo, de la Butterfly pucciniana. Hoy en día Ainhoa Arteta se encuentra como pez en el agua en el repertorio verista y así lo ha demostrado una vez más, habiendo ofrecido una actuación brillante en estas arias, aunque se nota un vibrato en su instrumento, si bien no llega a molestar. 

El final del programa oficial se dedicó a la zarzuela, donde Ainhoa Arteta volvió a brillar como cantante y como intérprete. Comenzó esta última parte con la romanza de Las Carceleras, de Ruperto Chapí, a la que siguió la Canción de la Paloma, de Barbieri, terminando con la bien conocida De España vengo, de Pablo Luna. En toda esta segunda parte del concierto Ainhoa Arteta consiguió hacer subir claramente la temperatura emocional del público y con todo merecimiento. 

La generosidad de la guipuzcoana se pudo comprobar en las propinas, que fueron nada menos que 4, comenzando con el Vissi d’arte, de la Tosca de Puccini, que, como ella misma explicó, viene de cantar en Módena, la ciudad natal de Luciano Pavarotti y de Mirella Freni. A esta página le siguió la también bien conocida O, mio babbino caro, de Gianni Schicchi, cantada con mucha gracias por su parte. Las ovaciones seguían, por lo que hubo una tercera propia, que fue la Habanera de la Carmen de Bizet, cantada con desparpajo y moviéndose entre las butacas, con parada divertida junto a su padre, que estaba presente en El Baluarte. Terminó el concierto con la canción de La Tarántula, de la Tempranica, cantada con simpatía y picardía. 

Imagen del concierto de Ainhoa Arteta
Imagen del concierto de Ainhoa Arteta

El Coro de AGAO ofreció en la primera parte La Ronda de Enamorados, de La del Soto del Parral y el Coro de Románticos, de Doña Francisquita. En la segunda parte ofreció el coro que abre el tercer acto de Carmen y el Coro de Gitanos de Il Trovatore. Lo hicieron bien. 

Finalmente, la Orquesta Sinfónica de Navarra ofreció en la primera parte el Preludio de La Revoltosa, siguiendo en la segunda parte con el Interludio del Acto III de Manon Lescaut, el Intermezzo de Madama Butterfly y el Intermedio de la Boda de Luis Alonso. Brillaron en sus intervenciones. 

Capítulo aparte merece la actuación del director José María Moreno, a quien había visto dirigir en algunas ocasiones en el Teatro de la Zarzuela y ha confirmado con creces la positiva impresión que había tenido de sus actuaciones anteriores. Dirigió siempre con cuidado y energía, brillando de manera especial en las páginas orquestales. Una destacada dirección la suya. 

El Baluarte ofrecía una entrada superior al 90 % de su aforo. El público se calentó en la segunda parte y ofreció una muy cálida recepción a Ainhoa Arteta, que se convirtió en apoteosis con las cuatro propinas ofrecidas. 

El concierto comenzó con 7 minutos de retraso y tuvo una duración de 2 horas y 6 minutos en su programa oficial, incluyendo un intermedio. A esto hay que añadir los aplausos y propinas que se prolongaron durante nada menos que 26 minutos más. 

Las comparaciones son odiosas, pero si las actuaciones en solitario de Anna Netrebko en el Teatro Real hace unos días cubrieron 15 minutos, las de Ainhoa Arteta han cubierto 1 hora y 4 minutos. La diferencia de generosidad es enorme. 

El precio de la localidad más cara era de 45 euros, costando la más barata 21 euros.

José M. Irurzun