La Camerata Eslovaca dio una lección de identidad en Castellón

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La Camerata Eslovaca dio una lección de identidad en Castellón
La Camerata Eslovaca dio una lección de identidad en Castellón

La orquesta ofreció en el auditorio de Castellón un programa de música centroeuropea

La orquesta de Cámara Eslovaca es una de las agrupaciones que más ha visitado Castellón, ya desde los tiempos de la Filarmónica del Principal y que no fuera (ahí la memoria me patina) bastantes más años atrás, en el pompeyano paraninfo del instituto Ribalta. La agrupación de arcos, en sus origines dirigida por el mítico Bohdan Warchal, siempre dejó un grato sabor en el público melómano local, que volvió a revalidar en su actuación del pasado lunes. De hecho, es una lástima que hubiera una asistencia de público tan parca, porque el concierto mereció la pena. Uno que ve con pesar esta deserción de aficionados de la música culta a las audiciones del Auditorio, se declara incompetente para desentrañar la causa. Tal vez se añore la presencia de gloriosas agrupaciones, intérpretes o directores, que tuvimos en los ya no cercanos tiempos de la bonanza económica. Pero razonando se puede colegir que si de lo que se trata es de escuchar buena música y bien interpretada, no por ello hay que recurrir a los grandes divos. El concierto que comentamos fue un ejemplo de calidad y nivel, sin necesidad de ubicar en el escenario a las figuras estratosféricas.

La agrupación eslovaca, ahora bajo la rectoría de su concertino Ewald Danel, que actúa a la clásica con los instrumentistas derechos, para intensificar más la expresión, tiene un talante sinfónico en la prestancia de su amplio sonido, siempre diáfano y ambiental, con precisa diferenciación de cuerdas. Sus versiones tienen carácter y propiedad identitaria, sobre todo en un programa compuesto por autores ora paisanos o de territorios adyacentes a su lugar de procedencia.

Identificaron muy bien las sonoridades vanguardistas en los tonos audaces, sobre un aliento conterráneo de corte popular en la Serenata de Suchoň. A continuación se escuchó la trascripción para orquesta de arcos del quinteto de clarinete de Weber, obra compleja que requiere un solista muy virtuoso y con sensibilidad. Ambas virtudes derrochó granadino Pablo Barragán, con un sonido bello, capacidad de guía con el conjunto, e intención musical en cada compás. Especialmente cautivador fue el romántico relato del adagio. Al dar buena cuenta del complejo rondó conclusivo, los aplausos de la asistencia le obligaron a conceder dos propinas, sendos arreglos uno de la «Danza del Fuego» de «El amor brujo» de Falla y otro del popular tema judío «Shalon Alekhem» de Bela Kovaks.

En la segunda parte brilló el concertino en las onomatopeyas de su violín en la suite de «Música Eslovaca» de Ilja Zelenka, arropado por una orquesta versátil y dinámica en timbres y diversidades. La «Suite para arcos» de Janáček definió claramente la personalidad y temperamento de un joven autor intelectual y enamorado de su tierra. Por último derrocharon fidelidad geográfica en las «Danzas rumanas» de Barók, tomadas de motivos populares de la región de Drácula, por su ambientalidad sonora, carácter territorial y la riqueza tímbrica de la orquesta.

Los aplausos, otorgados con justicia, llevaron a ofrecer como bis el sugestivo pizzicato de Twardowsky que corroboró el nivel interpretativo la soltura, la calidad sonora, la facilidad de contraste, el pulso rítmico y la intención en pos del popular acento eslavo, del grupo instrumental.

Antonio Gascó