La chica del Oeste. Cuatreros y sheriff en la Ópera de Viena.

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No es ni la más conocida ni la más representada de las obras de Giacomo Puccini, pero «La Fanciulla del West», el «western» operístico del que la Ópera de Viena estrena hoy un nuevo montaje, es considerada una de las cumbres del compositor italiano.

Estrenada originalmente en Nueva York, inspirada en una historia «americana» y ambientada en el oeste de buscadores de oro, bandidos e indios, La Fanciulla (La chica del Oeste) no ha sido una ópera que haya alcanzado en Europa el reconocimiento y la popularidad de otras piezas de Puccini, como «Tosca» o «Turandot»,

«Eso tiene que ver, probablemente, con que los europeos desde siempre, y todavía, tenemos muchos humos culturales, y enseguida miramos con desprecio lo que viene de allí, de EEUU», opina sobre ese asunto Franz Welser-Möst, director musical de la Ópera de Viena.

La versión que se estrena hoy, con la soprano Nina Stemme, el tenor Jonas Kaufmann y el barítono Tomasz Konieczny, en los papeles principales, pone en segundo plano la ambientación «del oeste» y destaca los valores musicales y simbólicos.

Marco Arturo Marelli, director escénico del montaje, asegura que la música de «La Fanciulla» no se corresponde con esa idea de «western» y recuerda que no hay «cowboys» en esta pieza, sino buscadores de oro.

«Me interesan esos emigrantes, esos mineros que tienen una existencia dura y pobre, y ponen su esperanza en tener un poco de suerte», explica Marelli a Efe.

El director y escenógrafo ha huido de la estética de «saloon» típico del oeste y sitúa parte de la acción en un ambiente más industrial, donde los mineros viven en contenedores de transporte y la barra de bar es un puesto ambulante de comida.

Para Marelli, el triángulo amoroso entre la camarera Minnie, el sheriff Rance y el bandido Dick Johnson, no sólo se diferencia de otras obras de Puccini, sino que supuso un soplo de aire fresco a la tradición operística italiana.

«Entre los entendidos, muchos dicen que es la mejor ópera de Puccini, junto a Turandot», recuerda Marelli.

Según el director suizo, con «La Fanciulla», Puccini quiso hacer algo distinto a trabajos anteriores como «La Bohème» o «Madame Butterfly».

Inspirado en el «Pelléas et Mélisandé», de Debussy, el compositor italiano impregnó su nueva obra de elementos del impresionismo francés.

Así, las típicas arias de Puccini se desdibujan y la declamación y la orquestación adquieren más relevancia.

«Hay tres arias, pero que no se oyen. Es muy moderno», analiza Marelli.

Así, para la declaración de amor del personaje del sheriff, el «malo» de la historia, Puccini recurre a un arioso, a medio camino entre el aria y el recitativo.

Un recurso que, para Marelli, sirve para definir perfectamente la psicología del personaje, al que se le niega un aria romántica.

Pero además de las novedades en lo musical, en «La Fanciulla del West» los personajes y el desenlace también se salen de lo habitual.

«En Puccini, los personajes de mujer conectan siempre lo trágico de la muerte con lo trágico el amor. Amor y muerte están estrechamente conectadas en las composiciones de Puccini. Pero no en la Fanciulla. Y creo que también, por eso, esta obra es única», opina Marelli.

En ese sentido, también Welser-Möst, que dirigirá hoy a la orquesta, defiende que aunque esta ópera reproduce la habitual historia de amor y el triángulo soprano-tenor-barítono de la tradición italiana, su desarrollo y desenlace no puede encajarse ni en el género de la comedia ni de la tragedia.

«Y también eso eleva el particular encanto de esta obra», defiende Welser-Mötz en una entrevista que publica la Ópera de Viena en su página web.

Según Marelli, la partitura de «La Fanciulla» es muy difícil y el papel de Minnie es uno de los más complicados a los que puede enfrentarse una soprano dramática, algo que explica también, en parte, que la obra no se cuente entre las más representadas.

«La Fanciulla del West» se estrenó en 1907 en la Metropolitan Opera de Nueva York, con la leyenda de la ópera Enrico Caruso en el papel protagonista.